“Religión y Sexualidad”

Por: Raissa Nellen

“Religión” y “Sexualidad”: estas son dos palabras que no escuchas recurrentemente en una comida familiar o de negocios. Hay personas que ni siquiera pueden concebir que ambas palabras estén juntas en una oración. Otras personas, más bien agregan que: “¡Es un mundo cambiante y progresista!, claro que la religión se adapta y acepta la sexualidad posmoderna”. La cuestión es que ambas palabras le abren las puertas al debate, y en los últimos años, este debate se ha ido propagando más y más.

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Ya lo proponía Juan Pablo Mazo y su equipo al explicar que la religión se puede abordar como un constructo social, el cual influye en cómo tomamos decisiones, qué valores adoptamos y cuáles son las creencias que seguimos (¿qué está bien y mal?). En relación a la sexualidad, esto que nos comparte Mazo, también es aplicable; ya que así como la religión puede percibirse como una red de apoyo ante los misterios y dudas de la sexualidad, también puede representar un “sistema que regular la conducta sexual a través de la internalización de las normas morales, la vigilancia y la estigmatización” (Mazo, et al, 2016). Siguiendo el planteamiento anterior, la religión puede tener dos posiciones: una, la del padre buena onda, relajado, flexible abierto al futuro y listo para contestar cualquier duda; y la segunda, el padre rígido, apegado a lo tradicional y que siempre te regaña gritando “¡ya déjate ahí!”. 

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Por supuesto que la religión tiene muchos más tintes que los dos anteriores, y es posible llegar a un acuerdo entre ambas posiciones. Sin embargo, no podemos negar que si existe una influencia de lo religioso en la sexualidad, y esto es lo que veremos a continuación, empezando con la religión que tiene mayor número de seguidores: el Cristianismo.

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El Cristianismo y la sexualidad han tenido varios encuentros dentro del ring; y como agrega Benjamin Forcano en su artículo “Ética sexual y Cristianismo”, estos dos oponentes siguen lanzándose sus golpes. El mismo autor agrega que el Cristianismo, en relación con la sexualidad sigue en brazos de la patrística y de la Edad Media. Uno podría argumentar sobre la evolución del pensamiento y el avance científico, la evolución de una concepción más rígida a otra más dinámica. Sin embargo, la sexualidad todavía se vive con vergüenza y la culpa bajo la mirada del Cristianismo. En un estudio realizado por De la Rubia en jóvenes latinos pertenecientes a la fe cristiana, mostraban una actitud ante la sexualidad menos liberal y esto incrementaba la falta de actividad sexual; reportando que “a mayor religiosidad y práctica religiosa, se reporta mayor culpa y vergüenza ante conductas y expresiones sexuales” (De la Rubia, 2010). Se recalca que esto difiere de los adultos, sin embargo, también se distingue que los adultos involucrados en el estudio tuvieron un inicio en su sexualidad más tardío y con muchos enigmas.

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Forcano distingue que hay un rechazo por parte de la iglesia a la modernidad ya que sigue aferrada a su modelo tradicional, el cual según el autor “no puede cambiar por razones de fidelidad”. Fidelidad misma que empieza desde edades muy pequeñas; negando la posibilidad de un cuerpo que experimenta la sexualidad en todas las etapas de su vida.

Igualmente, retumban en los oídos las palabras inmortales de “primero el deber y luego el placer”, pero el placer era (y en cierta manera continua siendo) demonizado, impuro y castigable. Entonces al final, la frase acaba siendo “primero el deber y olvida el placer”; a esto último se le anuda el repudio por la masturbación, el miedo, la culpa, la primacía del hombre y la postergación de la mujer, una negación del cuerpo y sus placeres; juntamos todo lo anterior y tenemos un coctel de aberración por la sexualidad. Es cierto, no podemos quedarnos simplemente con la parte punitiva del cristianismo, se han efectuado algunos cambios. Sin embargo, la primacía de la culpa y la vergüenza continúan vigentes.  

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En el caso del islam, así como en el cristianismo y en el judaísmo, muchas de las percepciones que tienen sobre la sexualidad son permeadas por sus textos canónicos correspondientes: como lo son el Corán y la sunna. Al igual que en el Cristianismo, el sexo fuera del matrimonio y las prácticas homosexuales o lésbicas son consideradas ilícitas e inadmisibles. Torres describe que, no es que el islam rechace la sexualidad como tal (lo perciben como algo necesario y natural) sino que la sexualidad no es equiparable entre hombres y mujeres. Para el islam, el goce sexual para los hombres debe perdurar en la vida terrenal como en el cielo o paraíso: “la descripción del paraíso en el Corán corresponde a un lugar de goce (sexual) exclusivo para hombres; las mujeres que entran en él no pierden su condición de esposas, por lo tanto deben mantenerse célibes” (Torres, 2013). Como podemos visualizar, a la mujer se le niega la posibilidad de goce e incluso se le amenaza y previene de satisfacer sus necesidades sexuales, al avisarles que: “la joven que no es más que una simpe guardiana de su honor, no tiene el derecho de servirse de él ni de invitar a la gente a violarlo […] no se trata únicamente de su honor, sino el de sus padres, su familia, la sociedad y de toda la humanidad” (Yaqan, 1975, citado en Torres, 2013). El desobedecer la inhibición de sus deseos sexuales no es sólo castigo y deshonra para las propias mujeres, sino también para sus familias y para la sociedad en general.

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Como se mencionó anteriormente, hay penalizaciones importantes para la gente que se digne a cometer adulterio, al igual que la homosexualidad y el lesbianismo, cuyas prácticas “atentan contra las buenas costumbres o la moral” (Torres, 2013). En el caso del lesbianismo, algunos de los castigos registrados son: la exclusión de la familia, castigos físicos, matrimonio forzado y el enclaustramiento (Torres, 2013).

Nuevamente se distingue a la sexualidad como un tema tabú y con muchos enigmas en cuanto a  su ‘moral’ y sus prácticas. Es interesante como Torres comparte que para el Islam (y específicamente para las mujeres), la libertad sexual desataría una serie de manifestaciones que sólo se podrían describir como ‘primitivas’, ‘salvajes’, ‘insaciables’, etc. Es por esto último, que es mejor la inhibición de estas necesidades para mantener cierto orden.

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Para la comunidad judía, la homosexualidad y el lesbianismo, así como el adulterio son descritos como ‘abominables’. Encontramos otra vez que la sexualidad para la comunidad es altamente fundamental y positiva si se le relaciona con su función reproductiva. Eugene Borowitz, quien describe el tema a profundidad, hace hincapié en una pieza importante sobre la sexualidad: la educación. Así como en el judaísmo, como en distintas religiones, el tema de la educación sexual es crucial, por lo cual ella denuncia que: “parecen más bien inhibidos frente a una educación sexual directa; temen tanto al lenguaje obsceno y a la falta de recato que prefieren pecar por decir poco, que hacerlo, por decir demasiado” (Borowitz, 1982).

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Aquí estamos frente a una frase distinguida, ya que la educación sexual (no sólo en la religión judía) tiende a permearse de nerviosismo, negativas, dudas y más dudas. Borowitz se considera a ella misma como ‘una judía liberal’, quien sin tener nada en contra de la comunidad ortodoxa, afirma que la sexualidad humana se debería abordar de forma abierta  y sin ambigüedades. Con esto, la autora no desmiente que todavía existe una imagen de la mujer devaluada, la aberración hacia el sexo antes del matrimonio (así como hacia la masturbación u otras prácticas que no tiene como fin último la reproducción); pero ha tocado un punto importante y ese es el da la falla en la educación sexual por parte de las religiones hacia sus seguidores.

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Por otro lado, agrega que la discusión sobre la sexualidad y su alta propagación se deben a la cantidad de represión que ha existido en relación al tema. De alguna manera, esta represión ha sido motivada por el miedo de los ‘sabios’ ante las posibilidades de la sexualidad humana. Entonces, los pensamientos, fantasías e ideas en torno a la sexualidad deben inhibirse, para salvaguardar la santidad y huir de la suciedad y la profanación. Borowitz agrega que: “las leyes específicas por las cuales los rabinos salvaguardan la santidad de la sexualidad humana, ya no parecen apropiadas” (Borowitz, 1982).

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Por último, se retoma la visión Budista sobre la sexualidad, la cual distingue la necesidad de un balance, de manera que no pretende un extremo puritano ni tampoco una permisividad sin limitantes. Para el Budismo, el término castigo o pecado no es concebible dentro de sus enseñanzas; menos en torno al tema de la sexualidad. Aunque, como otras religiones, no aprueba el adulterio. Walshe demuestra las enseñanzas budistas cuando menciona que: “sexual pleasure is not evil, but attachment to sexual pleasure is” (Walshe, 1986). Aquí, se expone la palabra de “apego”. El apego para los budistas implica que de alguna manera puede convertirse en una fuerza que nos sobrepasa; que llega a controlar nuestros pensamientos y acciones. Los budistas reconocen que el impulso sexual “is the strongest urge there is in a man and in the other animals” (Walshe, 1986).

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A diferencia del Cristianismo, no se le ordena a este deseo que se inhiba o se prohíba, sino que esta energía le ayude a obtener la “iluminación”; en cuyo proceso es negado el lastimar a alguien, ya sea de forma física o emocional.  Por otro lado, aclara que la energía sexual puede ser canalizada o sublimada; ya sea para fines artísticos, musicales o religiosos (Walshe, 1986).

De forma conclusiva, no se pretende mencionar cuál de las religiones es mejor que la otra; más bien, se busca analizar y desmembrar las diferentes actitudes, pensamientos y limitantes que cada religión tiene en torno a la sexualidad. Aunque actualmente se proponga que la sexualidad es un tema más abierto y con visión a futuro, todavía estamos en los brazos del pasado; y se siguen vislumbrando los viejos achaques, como: la desvaloración y negación de la sexualidad femenina, la vergüenza y la culpa ante los temas de sexualidad, la alta represión, y (más importante) la falta que existe en la educación sexual en todas las religiones. Es cierto, la sociedad actual se mueve rápidamente y con ella la sexualidad también; esto genera más dudas y cuestionamientos que se deben abordar de forma directa pero educativa; sin ambigüedades, sin nerviosismos y con la mayor fluidez o apertura que se pueda. 

Referencias:

Adler, A. (s.f.)”Una Aproximación del tema de la vida sexual en la Torá” Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile; pp: 1-15: http://repositorio.uchile.cl/bitstream/handle/2250/123255/Una-aproximacion-del-tema-de-la-vida-sexual-en-la-tora.pdf?sequence=1

Borowitz, E. (1982). “Lo que la tradición judía dice acerca de la sexualidad en el matrimonio”. Journal of Reform Judaism; pp 62-74: http://majshavot.org/includes/uploads/articulos/d66d2-lo-que-la-tradicion-judia-dice-acerca.pdf

Damas, F. (1986). “Sexo, religión, creencias”. Nueva Sociedad; pp: 129-138: http://nuso.org/media/articles/downloads/1379_1.pdf

De la Rubia, J. (2010). “Religión, significados y actitudes hacia la sexualidad: un enfoque psicosocial”. Revista Colombiana de Psicología, N°1; pp: 45-59: http://bdigital.unal.edu.co/15154/1/9746-49668-1-PB.pdf

Forcano, B. (2008). “Ética sexual y Cristianismo”. Toledo; pp: 1-11:  https://www.google.com.mx/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwjl2_WtiLDhAhVFZawKHQJwCGQQFjAAegQIBRAC&url=http%3A%2F%2Fwww.felgtb.org%2Frs%2F825%2Fd112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868%2F7e6%2Ffd%2F1%2Ffilename%2Fponencia-etica-sexual-y-cristianismo.pdf&usg=AOvVaw2D6o1MCwhTywZaMsFkWgCT

Mazo, J., Sierra, J., Blandón, K. & Casallas, M. (2016). “Influencia de la Religión en la toma de decisiones sobre sexualidad en estudiantes católicos practicantes”. Universidad Javerina, Colombia; pp: 231-242:  http://www.scielo.org.co/pdf/dpp/v12n2/v12n2a06.pdf

Torres, K. (2013). “La reglamentación de la vida sexual en el islam: interferencia y fusión entre derecho y sexualidad”. Revista de Investigaciones sobre género y estudios culturales; N°1, pp: 75-98.  

Walshe, M. (1986). “Buddhism and Sex”. Buddhist Publication Society, pp: 3-21: https://www.accesstoinsight.org/lib/authors/walshe/wheel225.pdf

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