Todo lo que necesitas saber sobre la asistencia sexual

Por: Valeria Salgado

Las personas con discapacidad diariamente se enfrentan a un mundo que no está diseñado desde una perspectiva inclusiva, donde se piensa en las necesidades de todos los individuos. La sexualidad en la sociedad continúa siendo un tabú, y este se intensifica cuando pensamos en las personas con discapacidad y la manera en cómo se desenvuelven en esta área. Las personas con diversidad funcional, al igual que cualquier otro ser humano, tienen derechos sexuales y reproductivos. Por lo tanto, la asistencia sexual para ellos y ellas es una alternativa para que puedan acceder sexualmente a su propio cuerpo o al de una pareja.

 

Entonces ¿Qué es la asistencia sexual?…

La asistencia sexual es un servicio humano que busca favorecer el empoderamiento de las personas con discapacidad, en su ámbito sexual. La persona asistente sexual actúa como un apoyo para que la persona con diversidad funcional logre explorar su propio cuerpo (masturbarse, conseguir posiciones y/o movimientos en prácticas sexuales con otra persona) (Ripollés, 2017).

Ahora bien ¿Es lo mismo la asistencia sexual que el trabajo sexual? La respuesta es no. La persona asistente sexual no cumple con la función de excitar al individuo que asiste o excitarse a sí mismo, es decir, no mantiene relaciones sexuales con él o ella. En cambio, el trabajador sexual, comparte sexo y se involucra directamente en prácticas sexuales con otros cuerpos (Ripollés, 2017).

El mundo globalizado nos ha dado nuevas herramientas para interactuar con otras personas a pesar de la distancia. Por lo que una persona con diversidad funcional también puede solicitar el servicio de un individuo asistente sexual para realizar cibersexo o sexting (envió de contenidos eróticos por medio de celulares u otro aparato tecnológico). Esta es otra diferencia entre el rol del trabajador sexual y el asistente sexual. La figura de asistente sexual brinda apoyo al sujeto que busca acceder a su propio cuerpo, pero que se le dificulta hacerlo por sí mismo, requiriendo así, de este apoyo que proporciona el asistente sexual (Ripollés, 2017).

Por todas las consideraciones anteriores, las personas que ofrecen asistencia sexual son una figura laboral (con edad legal para trabajar), que dedican su profesión a personas con necesidad de apoyo para el autoerotismo, la masturbación y las relaciones sexuales con otras personas. A diferencia del trabajo sexual, al que puede acceder todo el mundo para intercambiar dinero por placer sexual (Roig, 2017).

Los asistentes sexuales de alguna manera se vuelven las manos de las personas que asisten. Por lo tanto, las decisiones de los asistidos deben de ser totalmente respetadas y validadas, siempre que estén dentro de las tareas que ejerce el sujeto asistente sexual. Las personas con discapacidad también tienen derecho a la vida independiente en materia de sexualidad (Arnau, 2014). De esta manera, pensar en discapacidad o personas con diversidad funcional, no se limita solo a la problemática que existe con respecto a la falta de accesibilidad o de inclusión educativa, sino también debemos de reflexionar acerca de la vivencia que tienen con lo que respecta a su sexualidad (Fernández, 2019).

Gracias a la asistencia sexual, podemos garantizar la igualdad de oportunidades, hablando específicamente en el ámbito de sexualidad. Todo ello desde una práctica empática y sensible, pues trabajar con diversidad funcional implica eliminar la barrera de estigmatización social. No es una labor que cualquier persona pueda llevar a cabo, se necesitan herramientas personales como trabajador en asistencia sexual. Dicho ejercicio conlleva relacionarnos con personas que han decidido romper con el tabú para poder ejercer su sexualidad en un espacio donde pueden hacerlo libremente, con alguien que los va a acompañar y apoyar en la experiencia (Fernández, 2019).

Por todo lo anterior, no debemos olvidar que las personas con discapacidad tienen deseos por explorar su sexualidad y conseguir placer a través de ello. Nuestra sociedad estigmatiza la discapacidad, así como la sexualidad, lo cual es una barrera para que se construyan espacios dedicados a la atención de las necesidades sexuales de las personas con diversidad funcional. No obstante, al reconocer su importancia y valor, vamos a lograr una sociedad donde se va a poder hablar de inclusión en materia de sexualidad. La asistencia sexual seguramente es un nuevo tema para los lectores, pero vale la pena informarnos acerca de su importancia para defender los derechos sexuales y reproductivos de todos y todas las personas. 

Referencias

Arnau, S. (2014). La asistencia sexual a debate. Revista Delimata, 15, 7-14.

Fernández, S. (2019). Luces, Cámara y Erección: la asistencia sexual a escena. Encrucijadas: Revista Crítica de Ciencias Sociales, (17), 2.

Ripollés, A. (2017). El modelo de asistencia sexual como derecho humano al auto-erotismo y el acceso al propio cuerpo: un nuevo desafío para la plena implementación de la filosofía de vida independiente. Intersticios. Revista sociológica de pensamiento crítico, 11(1).

Roig, A. (2017). ¿Es la asistencia sexual un derecho? Revista Española de Discapacidad, 5(2), 7-18.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s