La Virginidad: ¿Mito o Realidad?

Por: Jimena Lomelin Gascon

Moralmente, la virginidad significa la integridad corporal, la cual es inspirada por un motivo virtuoso. Formalmente, la virginidad es el propósito de mantenerse perpetuamente en castidad y abstenerse de los placeres sexuales. Por lo tanto, se denomina a una persona virgen, como aquella que conserva la cualidad de no haber tenido relaciones, conservando su castidad y pureza. (RAE, 2019)  

La primera relación sexual ha sido considerada como un suceso de gran importancia en las diversas culturas y sociedades, esto se debe a que marca el momento en que una joven o joven está en condiciones para la reproducción. El significado que las mujeres y hombres le dan a esta experiencia está delimitado a la interpretación de las diferentes culturas, por ende, la virginidad es un constructo social, es decir, una idea colectiva, y en consecuencia no es un concepto médico, no es cuantificable ni medible. (Amuchástegui, 1998)

Freud en su escrito el Tabú de la virginidad (1918 [1917]) la definió como un estado de “servidumbre sexual”, donde la exigencia sobre la mujer de no traer al matrimonio el recuerdo de un encuentro sexual con otro hombre, no es más que la aplicación del derecho a la propiedad exclusiva sobre la mujer, garantizando su posesión. Esta “servidumbre sexual” es indispensable para mantener el matrimonio cultural y desvalorar a cualquier tendencia moderna que lo amenace.

En nuestra cultura, influenciada por la religión católica, se considera a la virginidad como sinónimo de “mujer virtuosa”, la cual debe llegar virgen al matrimonio, demostrando su estado de pureza, representado en el vestido blanco de la novia, o en el sangrando del primer coito como consecuencia de la perforación del himen. Por lo que también se define a la virginidad como “la doncellez de la mujer”. (Freud, 1918, p.189)

A partir de la separación Estado – Iglesia, se han producido cambios en relación con la regulación del comportamiento y el deseo sexual de las personas, ya que anteriormente eran regulados por los representantes eclesiásticos, y ahora se promueve la autonomía y la elección individual. Sin embargo, a pesar de este cambio, los códigos morales definidos por la iglesia católica todavía impactan de forma directa en la experiencia sexual de las personas, así como en las decisiones gubernamentales acerca de la salud sexual y su legislación. (Amuchástegui, 1998)

Estos constructos sociales, alrededor de la idea de lo que es la virginidad, históricamente han tenido un impacto en todas las culturas y sociedades, ya que hoy en día, seas una persona religiosa o no, este concepto permea las decisiones que uno toma con respecto a su sexualidad y tristemente, a pesar de que la ciencia ha desmentido la validación científica de este concepto, este sigue teniendo un impacto a nivel psicológico y conductual.

Lo que a mi me hace preguntarme, ¿Cómo se construye este concepto, más allá de la religión?

En un estudio realizado por el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM, se encontró que, en México, en su mayoría, los significados de la sexualidad están estrechamente vinculados con el valor de la virginidad y el género, ya que la primera relación coital está relacionada con el género, en especial con los mandatos católicos de la feminidad y masculinidad, percibiendo a la sexualidad como una práctica mala y no como una oportunidad de crecimiento y expresión de amor. Por lo tanto, las relaciones sexuales antes del matrimonio en los hombres confirman su identidad masculina adulta, al igual que les brinda un estatus social, mientras que en las mujeres, es considerado como una gran falta.

Dicho lo anterior, la virginidad a lo largo de la historia se ha definido como sagrada y como símbolo de pureza y valor de las mujeres, siguiendo el modelo de la feminidad católica representada en la Virgen María, la cual no es excluyente de la definición que nos da Freud de “servidumbre sexual”, si no que la justifica, lo que desde mi punto de vista es mucho más grave, ya que se encubre el acto violento y machista de la materialización del cuerpo femenino, en un significado de “divinidad”, “pureza” o “sagrado”.

Por ende, las relaciones sexuales premaritales de las mujeres son definidas como una mancha que contamina el cuerpo femenino, o estas son concebidas como “mujeres experimentadas” lo cual les da mala reputación y pone en riesgo su posibilidad en contraer matrimonio, lo que pone en riesgo su identidad como mujeres.

Por otro lado, la sexualidad de los hombres se percibe de forma distinta, esta es considerada como una transición de la niñez a la adultez, por lo que en algunas culturas existe la práctica de tener un encuentro con una trabajadora sexual durante una reunión entre hombres. En consecuencia, para los hombres tener relaciones sexuales se justifica por el simple hecho de tener deseo sexual, y para las mujeres el deseo sexual solo se justifica a través del amor a su pareja, y aquellas mujeres que tienen relaciones sexuales por el simple deseo sexual son juzgadas, generando sentimientos de culpa por parte de las mujeres solteras no vírgenes, y también por parte de los hombres que tuvieron relaciones sexuales con mujeres vírgenes, creyendo que han cometido una falta y que deben de ser castigados, así como sentimientos de perdón por parte de los hombres hacia sus compañeras que tuvieron experiencias sexuales antes de estar con ellos. (Amuchástegui, 1998). 

Todas estas creencias hoy en día generan mucha confusión en como las mujeres y los hombres expresan y viven su sexualidad, ya que a pesar de ser conscientes de los discursos científicos que han desmentido el concepto de la virginidad, a partir de los mitos de la perforación del himen, o del ensanchamiento de las caderas, del dolor del coito etc., y de sus derechos sexuales individuales, la relación del deseo y la practica sexual con la moral y el concepto de feminidad a partir de las creencias católicas siguen presentes y muy arraigados, provocando como se mencionó anteriormente sentimientos de culpa o de superioridad,
creando estereotipos del tipo “zorra” o “padrote”, teniendo un impacto en el desarrollo de la identidad de la persona o en su autoestima.

En consecuencia, existe una discrepancia entre el discurso y la práctica de los hombres y las mujeres, ya que a pesar de que se hable de la importancia de la virginidad, en su mayoría esta no se conserva y aunque se afirma con firmeza el derecho del novio de rechazar a una mujer que no sea virgen, la mayoría acepta a sus compañeras sin dudarlo. (Amuchástegui, 1998)

En lo personal creo que  la sociedad disfraza este concepto como algo “bonito”, algo “especial”, generando ciertas expectativas alrededor de “la primera vez”, donde todo es mágico y perfecto, y en algunos casos, puede ser todo lo contrario, porque  la sexualidad no es en relación a un Otro, es en relación con uno mismo y no nos enseñan a vivirlo de esta forma, por lo que si fuera así desde que somos chiquitos, en el momento que  nos enfrentemos a nuestra primera relación coital la experiencia seria diferente, de lo contrario no la vamos a disfrutar, ya sea antes o después del matrimonio.

En conclusión, el concepto de virginidad genera limitaciones en toda la vida sexual, principalmente en la mujer, ya que trae en sus raíces ideas machistas, acompañadas de prohibiciones y códigos morales y religiosos, donde una vez más se materializa el cuerpo de la mujer dándole un significado “divino”, dejando de lado su libertad sexual, siendo castigada socialmente y de forma personal, lo que puede traer consecuencias anímicas y psicológicas graves.

Por esto y muchas otras razones, es muy importante seguir promoviendo una educación sexual sea laica, para que cada individuo viva su sexualidad me forma libre e informada, sin la creación de mitos e ideas falsas, que a pesar de que la bibliografía tiene mas de 20 años, estas ideologías siguen presentes en la sociedad actual, no permitiendo que como individuos desarrollos una vida sexual plena fuera de culpas y juicios.

Bibliografía: 

Amuchástegui Herrera, Ana. (1998). Virginidad e iniciación sexual en México: la sobrevivencia de saberes sexuales subyugados frente a la modernidad. Debate Feminista, 18, 131-151. Publicado por: Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Recuperado en: https://www.jstor.org/stable/42625374?seq=20#metadata_info_tab_contents

Freud, Sigmund. (1918 [1917]). El tabú de la virginidad. En Obras Completas de Sigmund Freud, Tomo XI (185- 203). Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Hernández Baca, Antonio. (2012). Virginidad. 30/08/2020, de Enciclopedia Católica Online Sitio web: https://ec.aciprensa.com/wiki/Virginidad

Real Academia Española. (2019). Virgen. 30/08/2020, de RAE Sitio web: https://dle.rae.es/virgen

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