Perder un embarazo y tener que esconderlo…

Por: María De Fátima Ruiz Castellot.

Como si fuera algo de otro mundo, una maldición o motivo de humillación social, decenas de mujeres que pierden un embarazo, se sienten obligadas a ocultarlo, a guardarlo en secreto y vivir un duelo silencioso, y por lo mismo solitario.

Me parece sorprendente, casi inconcebible, que el perder un embarazo tenga una connotación tan negativa hacia la mujer que lo vive. Cuándo nos enseñaron que perder un embarazo era malo, quién se encargo de que como sociedad nos convenciéramos de que lo mejor era mantenerlo confidencial hasta después del primer trimestre, en qué momento perder un embarazo resulto algo tan ajeno a todos, porque no se habla de ello, hasta que lo vivimos de cerca, en carne propia o junto con un familiar cercano.

La pérdida gestacional y perinatal se define a partir del aborto (voluntario o espontáneo) o un embarazo que no puede desarrollarse o concretarse por cuestiones biológicas o fisiológicas ya sean de la madre, del feto o del recién nacido. Aspectos que se clasifican a partir del número de semanas de gestación; siendo un aborto de la concepción a la semana número 20 del embarazo y una pérdida perinatal de la semana 20 en adelante y hasta el primer año de vida. (Sánchez-Pichardo, 2007) (Gómez-Pimienta, 2020)

En México cientos de mujeres sufren la pérdida de su hijo o hija semanas antes del nacimiento o inmediatamente después. Para ser exactos, ocurren 62 muertes fetales cada día, mientras que más de dos millones de recién nacidos fallecen durante el primer mes de vida, lo que se conoce como defunción neonatal. (Mota, 2019)

https://www.mundiario.com/album/fotos/asi-camino-duelo-imagenes-ilustrada-neofries/20170305193454081260.html

Una pérdida gestacional o perinatal desemboca en un duelo, que implica un proceso de adaptación que surge como consecuencia de la pérdida simbólica y física, pues perder un hijo o hija va acompañado de muchas expectativas tanto personales como sociales y varía de acuerdo a cada persona y pareja o familia. (Gómez-Pimienta, 2020)

Alrededor de ello existen una serie de mitos que afectan y pueden agravar o dificultar el proceso, uno de los que más nos interesa, es el que señala a la mujer como incapaz o inútil para ser madre, como menos valiosa que aquellas que si pueden o han podido gestar sin complicaciones, lo que les lleva al silencio, a ocultar el embarazo hasta no estar “seguras” de que todo va bien y en caso de perderlo, prefieren que nadie se entere.

He visto linchamientos en redes sociales a figuras públicas por haber anunciado su embarazo “antes de tiempo” y después hacerle saber a sus seguidores que vivieron un aborto, solo algunos ejemplos de los comentarios que se leen en redes sociales como Instagram son: “Ah pero en chinga haciendo ejercicio y cante y cante…”, “Por eso recomiendan esperar a los 3 meses de embarazo para anunciarlo y no 3 semanas”, entre muchos otros comentarios llenos de prejuicios y condicionamientos sociales.

El tiempo lo cura todo, a el o ella (el bebé) no le gustaría que sufrieras, hay que ser fuerte y ya llegará otro hijo, son otros de los comentarios que a veces escuchamos, pero que hay detrás de todo esto; probablemente lo que falta es empatía y compañía en lugar de juicios e indicaciones de cómo debe ser el embarazo, el duelo o la pérdida de cada quien.

De acuerdo con una investigación del Instituto Nacional de Perinatología Isidro Espinosa de los Reyes (INPerIER), realizada en 2007, con la pérdida gestacional o perinatal se desatan una serie de consecuencias emocionales, propias del duelo naturalmente esperado que vive la madre, como baja de autoestima y posible depresión, aunado a trastornos de ansiedad. (Sánchez-Pichardo, 2007)

Y aún así perpetuamos el hecho de que la pérdida se mantenga en secreto, es completamente respetable si una madre, o una pareja deciden vivir este proceso de manera íntima y confidencial, pero qué pasa con todas aquellas madres que necesitan hablarlo, con aquellas parejas que encontrarían un apoyo en sus amigos y compañeros de trabajo, que se sienten obligados a esconderlo por el tabú social que existe alrededor de este tema.

“Estudios demuestran que entre el 48 y el 51% de las mujeres que han sufrido alguna pérdida del embarazo, presentan depresión clínicamente significativa, entre el primer y el tercer mes después de haber ocurrido la pérdida.” (Sánchez-Pichardo, 2007, p.148)

https://images.app.goo.gl/iJr4SQp2efEQfjzGA

Como ven, la pérdida temprana de un hijo hija constituye uno de los estresores emocionales más intensos que puede experimentar una mujer. (Mota, 2010) Y los duelos están “desautorizados” por la sociedad, que no permite vivirlos y hablar de ellos, como cuando perdemos a un familiar adulto.

Ni las madres tienen la culpa, ni los padres tienen que ser fuertes, es válido sentir dolor, enojo, frustración, tristeza. Es válido necesitar apoyo de profesionales, familiares y amigos.

Por ello, hoy nos invito a todos a que seamos personas más conscientes, más empáticas, más cercanas a la realidad y menos agresivas. Permitamos que se hable de las pérdidas gestacionales y perinatales, hablemos de ello, acompañemos a quienes las viven desde donde ellos así lo decidan, pero dejemos de juzgar a la madre y de perpetuar el consenso social de hacer “como si a nadie le pasara”, que sostiene que vivir una pérdida gestacional o perinatal es algo malo, cuando por supuesto no es un asunto que se pueda clasificar como bueno o malo.

Reconozcamos que es algo que pasa con más frecuencia de la que pensamos y que si creamos una sociedad más consciente, tendremos una comunidad que sostiene y apoya en lugar de dañar y señalar.

Referencias:

Gómez-Pimienta, X. (2020). Manejo Psicológico de la Pérdida Perinatal y Gestacional. Asociación Mexicana de Psicología Hospitalaria. Masterclass.

Mota, C., Calleja, N., Aldana, E., Gómez, M.E. y Sánchez-Pichardo, M.A. (2010). Escala de duelo perinatal: validación en mujeres mexicanas con pérdida gestacional. Revista Latinoamericana de Psicología, 43(3), 419-428.

Sánchez-Pichardo, M. A. (2007). Guía de intervención psicológica para mujeres embarazadas con pérdidas perinatales. Perinatología y Reproducción Humana, 21(3), 147-150.

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