Anticonceptivos: ¿Una liberación o un control de sus cuerpos?

Escrito por: Valeria G. Buitrón

La píldora anticonceptiva es uno de los diversos métodos que existen en la actualidad para el control de la natalidad. Hasta el día de hoy, las mujeres pueden utilizar métodos hormonales, como la píldora, el implante subdérmico y el parche; métodos intrauterinos, como el DIU y métodos clásicos como los de barrera y los permanentes. Por otro lado, los hombres solo pueden acudir a métodos permanentes como la vasectomía y métodos de barrera como el condón masculino y los espermicidas. Evidentemente, la brecha de la diferencia de opciones es muy grande, por lo que resulta interesante analizar los posibles motivos por los cuales hay más alternativas para mujeres y en esta línea, cuál es el papel social de la anticoncepción dedicada e inclinada a los cuerpos de las mujeres. Por este motivo, se debe hacer un análisis social y filosófico sobre cómo los métodos anticonceptivos pueden por un lado, representar una “liberación” de las mujeres (o de los cuerpos reproductores como tal) o por otro lado, el control de sus cuerpos. 

La comercialización de la píldora y la evolución de tantos anticonceptivos para mujeres posicionaron una controversia ideológica muy interesante. Por un lado, las alternativas anticonceptivas pueden ser concebidas como una posible “emancipación” y  “liberación” de las mujeres en el ejercicio de su sexualidad. Sin embargo, tomando en cuenta que el ejercicio de la sexualidad incluye todos los sexos y géneros, el hecho de que no haya las mismas posibilidades para otros cuerpos (los cuerpos de los hombres, o en estricto sentido, los que no se embarazan) supone una cuestión fundamental; si la planificación familiar y los controles de natalidad están dirigidos directamente a los cuerpos de las mujeres, ¿puede esto representar una injusticia y/o un control de sus cuerpos? 

Entonces, ¿cómo deberíamos concebir estos métodos? ¿una liberación de las mujeres o un control de sus cuerpos? En virtud de estas cuestiones, podemos hacer un análisis muy interesante desde la perspectiva de Michael Foucault. La teorización sobre la biopolítica y el biopoder que realiza Focualt puede verse ampliamente reflejada en el análisis referente al control de los cuerpos de las mujeres. De acuerdo con Foucault, la biopolítica tiene que ver con la consideración de la población como un problema científico y político, asunto de biológico y del poder. Esto, responde a una nueva forma de organización de lo social y por ende, de las organizaciones del poder. 

Esta nueva forma de organización, establece los medios para ordenar, controlar y apropiarse de la vida a través de la disciplina y el biopoder. La disciplina, representa una forma de dominar al individuo y a su cuerpo, a través del adiestramiento del mismo despersonificándolo y transformándolo en una máquina de la vida capitalista contemporánea. En adición a la disciplina, la biopolítica incorpora un componente más: un control que no solo va sobre el individuo y su cuerpo, sino sobre la población y su especie. A través de ello, surgen las teorías de control poblacional en donde la anticoncepción y el control de la natalidad son nuestros ejemplos clave. 

Ahora bien, es importante recalcar que cuando estamos hablando sobre la anticoncepción, la teorización sobre el control de los cuerpos esta encaminada al control de los cuerpos con capacidad reproductiva, comúnmente, los de las mujeres. Reiterando, este control responde a un sistema sociopolítico heteropatriarcal el cual busca la sumisión de las mujeres ante un orden social machista, capitalista y hegemónico.

Por otro lado, el control de los cuerpos puede verse fundamentado en a “medicalización indefinida” que nos propone Focault en su texto La crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina. Él nos plantea a la medicina como una imposición ante el individuo a través de un acto de autoridad. Es así cómo podemos ver a la medicina anticonceptiva como una intervención del poder con funciones normalizadoras, que imponen a las mujeres como las únicas sujetas de la responsabilidad de la planificación familiar y el control de la natalidad.

Otra perspectiva interesante para hablar sobre la liberación o el control de los cuerpos, es la de la antropóloga Gayle Rubin. A través de su teoría sobre el sistema de sexo-parentesco podemos analizar elementos esenciales en relación a los cuerpos de las mujeres. Este sistema se refiere al conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana. Los sistemas de parentesco están formados por y reproducen formas concretas de sexualidad socialmente organizada. Es decir qué, son formas empíricas y observables de sistemas de sexo/género y por ende, de reproducción.

En este sentido, podemos ver los sistemas de parentesco como una imposición de organización cultural sobre los hechos de la procreación biológica que asume a un sujeto, en este caso a las mujeres, como un sujeto que debe procrear cuando y como el sistema heteropatriarcal lo establezca. En consecuencia, el parentesco es una organización que otorga poder, lo cual me lleva a cuestionarme lo siguiente; ¿quienes organizan el parentesco y a quienes organizan? Sí respondemos que el objeto de organización y control son las mujeres, mientras que son los hombres quienes lo organizan, entonces, el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos como parte del sistema de sexo-parentesco responden a una subordinación de las mujeres como producto de las relaciones de organización del sexo y el género. 

Un ejemplo bastante contundente y esclarecedor del control de los cuerpos hacia las mujeres es el de las esterilizaciones forzadas en Perú. De acuerdo con la BBC Mundo, la Comisión del Congreso peruano investigó en 2002 casos de anticoncepción quirúrgica en donde 314.605 mujeres fueron esterilizadas a través del Programa Nacional de Planificación Familiar del gobierno de Fujimori. En este contexto, el Comité Latinoamericano y del Cribe de los Derechos de la Mujer (Caldem) concluyó que solo el 10% de las 314.605 mujeres dieron su consentimiento. En la noticia de la BBC, resalta el relato de Esperanza Huayama, una mujer que describe como enfermeras y un doctor la esterilizaron sin su consentimiento después de varios chantajes y hostigamiento. 

“No me van a sacar mi hijito, les dije. Prefiero morir sí me sacan a mi hijito. Me desperté con mucho dolor. No podía enderezarme. Mi hijito nació flaquito y hasta se enfermó” mencionó Esperanza, víctima de esterilización forzada en Perú en el año de 1996.

Es verdaderamente triste como los cuerpos de las mujeres están orillados y regulados bajo una idea de “bienestar” hegemónica de los sectores sociales  patriarcales con el poder de organizar a la población y su especie. En ese sentido, me parece importante reflexionar lo siguiente: es fundamental repensar cómo concebimos los productos de la medicina, como lo es la anticoncepción y el control de la natalidad. Estos elementos influyen de manera directa en los constructos de la sociedad, los cuales son prejudiciales para el desarrollo, libertad e igualdad de ciertos sectores de ella. Profundizando en el tema sobre los cuerpos de las mujeres, creo que, la forma en la que se comercializan y distribuyen los métodos anticonceptivos han creado un concepto de “Mujer” que universaliza una cierta “liberación” y “emancipación” de las mujeres en el ejercicio de su sexualidad.

Ahora bien, más allá de la critica que pueda realizar. Creo que la creación y evolución de los métodos anticonceptivos son benéficos para la sociedad, sin embargo, el hecho de que las alterativas de métodos anticonceptivos sean tan desproporcionadas entre las mujeres y los hombres, refleja el organismo de poder patriarcal que ejemplifica el ensayo. Creo que hay que incitar a la esfera pública y sobre todo a las administraciones gubernamentales a impulsar nuevas investigaciones para conseguir una mayor igualdad y responsabilidad en los medicamentos encargados del control de la natalidad. Así, podremos encaminarnos a un espacio en donde la vida “política” y la vida “biológica” concilien una verdadera igualdad entre los seres sociales.

Referencias: 

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