Hablemos de educación menstrual y su impacto en la desinformación de la sexualidad

Alejandra Berdegue Zapata

Al hablar de la menstruación, las primeras reacciones que tiene la mayoría de las personas se caracterizan por ser negativas, haciendo uso de expresiones de disgusto, asco y rechazo (Pickering, 2019). A pesar de que este suceso es una función biológica, la cual es experimentada por aproximadamente la mitad de la población mundial (UNFPA, 2019), la sociedad sigue atribuyéndole estigmas y tabúes alrededor de esta, los cuales afectan diariamente y provocan sentimientos de vergüenza e incomodidad. Seamos honestos, la mayoría de las personas que menstrúan, cuando estaban en la escuela tenían que esconder sus productos de recolección de sangrado, como Kotex o tampones, en su uniforme, esperando que nadie se diera cuenta que tenían que ir al baño a cambiarse, o con el Jesús en la boca tratando de evitar mancharse de sangre todo el día.

Lo cual me lleva a plantear la siguiente pregunta, ¿por qué, a pesar de que las personas que menstrúan llevan experimentando esto desde generaciones anteriores, sigue pasando? Y mi respuesta, es muy sencilla: es porque temas como educación menstrual y educación sexual siguen siendo omitidos por las escuelas, familias y sociedad en general, siguen siendo vistos como temas perversos y sucios. Se cree que si no se habla del tema, los jóvenes no tendrán ningún acercamiento a estos y no podrán ser pervertidos por la sociedad, cuando en su realidad, tanto temas de menstruación como temas de sexualidad, son funciones biológicas por las que todo ser humano pasa. Es importante mencionar que, tanto la sexualidad como la menstruación digna son derechos que tenemos los cuales deben ser resguardados y respetados por la sociedad.

Es un hecho que la educación y el combate contra la desinformación ayuda a que se generen decisiones más informadas y se busque la disminución de la brecha de desigualdad. Es importante mencionar que, en México, solamente el 5% de niños y adolescentes que no menstrúan tienen suficientes conocimientos acerca de la menstruación y solamente el 16% de niñas y adolescentes que sí menstrúan tienen suficientes conocimientos acerca de la menstruación (UNICEF, 2019).

Para poder combatir esta falta de educación y desinformación se necesita trabajar como sociedad e incluir una educación sexual integral por medio de planes de estudio que busquen enseñanzas y aprendizaje basado en los aspectos cognitivos, psicológicos, físicos y sociales de la sexualidad. Se busca brindar conocimientos con base empírica, habilidades, actitudes y valores, los cuales logren empoderar para disfrutar de la salud, bienestar y dignidad. (UNESCO, 2018). En México, podemos ver mucha relación en los tabúes a una falta de educación sobre el tema y al sistema patriarcal y machista.

Ahora me gustaría contarles una anécdota… Cuando iba en sexto de primaria, al comenzar el año escolar la maestra nos pidió a todo el salón que sacáramos el libro de biología y con cinta, pegáramos ciertas hojas, haciendo esto para que no pudiéramos ver esta información y no tuviéramos acceso a ciertas páginas. Claramente, ese capítulo del libro era en el que se nos enseñaban los aparatos reproductores masculinos y femeninos y otros temas relacionados a la educación sexual y la menstruación. Me parece que es importante mencionar que mi escuela era de índole religioso, y la religión tiene un papel muy importante en la falta de educación sexual integral. Las religiones distinguen a la menstruación como una condición de impureza (Guterman, 2006). Sin importar la religión, sea cristiana, judía, católica, musulmana y demás, la menstruación es vista como peligrosa, sucia y de cierta manera aislante.

Para concluir me gustaría plantearles la pregunta de qué tenemos que hacer para que en el futuro no haya niño o niña que al tener dudas normales del funcionamiento del cuerpo se tope con un libro engrapado, cortado, o incluso vetado. El combate contra la desinformación debe de comenzar con la normalización del tema. Hay que trabajar, con nosotros mismos, para deconstruir ciertos estigmas y tabúes, educarnos con información de base empírica, empezar conversaciones libres de juicio y culpa con nuestros amigos, amigas, familiares, compañeros y sociedad, y buscar brindar a nosotros mismos y las futuras generaciones una educación sexual integral, abriendo la puerta a un futuro con mayor visibilización y aceptación.

Bibliografía:

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