¿Sabes por qué ocurre el vaginismo?

Por Daniela Viveros Tinoco

¿Has escuchado hablar sobre el vaginismo? ¿Lo has presenciado o lo has vivido alguna vez? Si conoces esta alteración sexual, probablemente hayas escuchado algún prejuicio o crítica hacia la persona que lo padece, si no, continúa leyendo porque así comenzarás a identificar los factores que propician el desarrollo de esta alteración sexual. Hey, identificar, tratar y prevenir es necesario… ¿No lo crees?   

Entonces, antes de entrar a fondo en el tema de los factores socioculturales que lo propician, comencemos por la definición y algunos datos importantes…

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo se define como una dificultad recurrente y persistente para permitir la penetración del pene, dedos u otros objetos –como juguetes sexuales– en la vagina, ocasionada por una contracción involuntaria de los músculos que rodean el tercio externo de la misma. Puede presentarse sin alteración de la excitación, del deseo o del orgasmo (Spengler et al., 2020). Siguiendo algunos datos, se estima que el rango de prevalencia del vaginismo es de 1% a 6% y suele clasificarse como una disfunción sexual femenina (Van Lakveld et al., 2017 citado en Rabinowitz et al., 2017). 

En el DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, por sus siglas en inglés) se le denomina como “Trastorno de dolor génito-pélvico/penetración” e indica que se deben cumplir dos de las siguientes cuatro condiciones para que se pueda diagnosticar: 1) dificultad persistente o recurrente en la penetración vaginal; 2) dolor genital o pélvico antes, durante o como resultado de los intentos de penetración vaginal; 3) temor o ansiedad de la penetración o del posible dolor de la penetración vaginal; y 4) tensión o contracción de los músculos del suelo pélvico durante los intentos de penetración vaginal (American Psychiatric Association, 2014). Sin embargo, podemos ver cómo aquí toman la dispareunia –otra disfunción sexual femenina– como parte del mismo diagnóstico, esto puede ocasionar la invisibilización del vaginismo ya que establecen como un concepto central el dolor y en muchas ocasiones llega a presentarse sin dolor (Rabinowitz et al., 2017).

Pero antes de llegar a este punto de conocimiento, hicieron pasar a las mujeres por procedimientos dolorosos, como laceraciones y ejercitaciones con moldes de vidrio para lograr mantener la apertura o dilatación de la vagina (porque lo importante era que la mujer pudiera reproducirse), lo cual funcionaba para ensanchar el orificio y permitía la penetración pero agravaba más el trauma de la mujer, afectando su respuesta sexual a largo plazo (Kaplan, 2005 citado en Cisternas, 2015). Además cuando una mujer presentaba esta condición se le solía criticar con insultos como “frígida” y suele haber mitos alrededor, como que se debe a falta de experiencia o al tamaño del pene, o que el sexo es doloroso para la mujer entonces “es normal”.

Ahora sí, adentrémonos en los factores socioculturales… 

A lo largo de la historia se han patologizado –o planteado como enfermedad– ciertas condiciones relacionadas a la sexualidad femenina tomando en cuenta únicamente a la mujer que las presenta y sin considerar la importancia de los factores relacionales y culturales.

John Bancroft descarta la clasificación de una denominada “disfunción sexual femenina” que afecta a 43% de una población –como dato estadístico en los Estados Unidos– argumentando que estas reducciones en el interés sexual y otras condiciones, como anorgasmia y vaginismo, suelen ser respuestas adaptativas y reacciones comprensibles ante condiciones adversas como relaciones violentas de pareja o o cansancio y estrés en la vida en general de estas personas (Bancroft, Loftus & Long, 2003 citado en Moynihan, 2005). Si nos ponemos a pensarlo, lo que plantean Bancroft et al. tiene mucho sentido… si esto le ocurre a 43% de la población –y seguramente a más personas, tomando en cuenta los casos que no se reportan–, entonces no podemos atribuir esta condición únicamente al individuo que la presenta, tiene que ver con algo más cultural o social. Siendo así… ¿Cuáles serán esos factores sociales o culturales que se promueven para que esta alteración sexual se desarrolle?

Por una parte, Cisternas (2015) informa que el vaginismo se manifiesta como una reacción psicosomática ante la penetración, estimulada a partir de aprendizajes negativos respecto a la sexualidad y reporta que vari@s terapeutxs y psicólogxs han reconocido ciertos factores culturales que inciden en la prevalencia de la reacción. Entre estos factores se encuentran: la inadecuada información y educación sexual – sobre todo en contextos que mantienen una doble moral respecto al tema–, la mantención de mitos y creencias erróneas sobre el sexo o situaciones traumáticas relacionadas con la vivencia sexual, considerando la influencia de mensajes intrusivos, inadecuados y negativos sobre el coito como el factor más relevante y el abuso sexual como el menos relevante; asimismo, estos traumas de vivencia sexual pueden asociarse a contextos culturales que colocan a las mujeres en posiciones de inferioridad social y vulnerabilizándolas ante violencias psicológicas, físicas y sexuales. A partir de esto se ha llegado a concluir que las mujeres afectadas con vaginismo suelen provenir de contextos familiares y culturales con fuertes perspectivas negativas sobre la sexualidad y donde se restringe la libertad sexual femenina (Crowley et al., 2009 citado en Cisternas, 2015).

Por otro lado, un estudio correlacional de Sánchez Bravo et al. (2010) se reporta que en un grupo de mujeres con vaginismo se presentaron mayores índices de: disminución en la autoestima, incremento en las características de sumisión, relación con temores a la sexualidad, escasa información sexual y problemas conyugales, este último factor es bidireccional ya que puede contribuir al desarrollo del vaginismo, pero también el vaginismo puede ocasionar o contribuir en su aparición.

Finalmente, la autora Hoing-nga Ng (2010), siguiendo el mismo hilo que siguen Bancroft et al., enfatiza la importancia de abordar el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una expresión sexual vinculada a la cultura en lugar de clasificarlo como un problema médico, sexual o psicológico. Propone enfocarse en los escenarios culturales y narrativas sociales prescritas sobre la sexualidad, donde incentivan a las mujeres a retrasar o negar el sexo por temor al embarazo, o las juzgan como mujeres “baratas” o donde el sexo es inaceptable antes del matrimonio en su religión (Ng, 2010 citado en Cisternas, 2015).

Después de saber todo esto, podemos concluir que se deben tomar en cuenta múltiples factores que contribuyen al desarrollo del vaginismo y los principales son los socioculturales, donde se ve reflejado el machismo y la misoginia arraigada que engloba muchas áreas de la interacción humana.

Comenzar a plantear el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una respuesta social normal o adaptativa en culturas más tradicionales y conservadoras es adecuado y pertinente para el abordaje de esta condición que afecta a miles de mujeres en todo el mundo.

Referencias:

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5. APA 5a edición. Editorial Médica Panamericana.

Cisternas, M. (2015). Sexualidad y Cuerpo en Relatos de Mujeres con Vaginismo [Tesis de maestría, Universidad de Chile]. Repositorio institucional – Universidad de Chile.

Moynihan R. (2005). The marketing of a disease: female sexual dysfunction. BMJ (Clinical research ed.), 330(7484), 192–194. https://doi.org/10.1136/bmj.330.7484.192

Rabinowitz D, Lowenstein L, Gruenwald I. (2017). Fear of Vaginal Penetration in the Absence of Pain as a Separate Category of Female Sexual Dysfunction: A Conceptual Overview. Rambam Maimonides Med J. 8(2). Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5415362/

Sánchez Bravo, C., Carreño Meléndez, J., Corres Ayala, N., & Henales Almaraz, C. (2010). Perfiles e indicadores psicológicos relacionados con la dispareunia y el vaginismo. Estudio cuantitativo. Primera parte. Salud mental, 33(4), 347-353. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252010000400007& lng=es&tlng=es

Spengler González, L. M., de Dios Blanco, E., Roque Ortega, L., & Maurisset Moraguez, D. (2020). Dispareunia y vaginismo, trastornos sexuales por dolor. Revista Cubana de Medicina Militar, 49(3), 1–22.

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