¿Sexualidad Inclusiva? Educación Sexual para personas con discapacidad.

Por Julieta Abarzua

¿Alguna vez te has preguntado cómo se aborda la sexualidad en personas con algún tipo de discapacidad? ¿Le damos la importancia que corresponde o la pasamos de largo asumiendo que no es algo relevante? ¿Transmitimos comodidad o más bien la situamos como tema tabú? Y sobre todo, ¿de qué forma podemos abordarla

La Organización Mundial de la Salud define la sexualidad como: 

“Un aspecto central del ser humano que está presente a lo largo de su vida. Abarca el sexo, las identidades y los roles de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción”. 

Entonces, es una dimensión que todes poseemos como seres humanes, pero por diversas razones, esta continúa siendo un tema “incómodo”, un tabú. Esta situación se complica aún más cuando se asocia a la discapacidad, ya que, gracias a los múltiples mitos y prejuicios que giran entorno a ella, las personas son vistas como ‘asexuales’ y como resultado se minimiza el hecho de que poseen deseos, necesidades, preferencias y derechos sexuales al igual que cualquier otra persona. 

Las personas con discapacidad muchas veces pueden percibirse como no dignos del deseo sexual, pero esto no es por que sean asexuales, sino porque la sociedad les ha hecho sentir así.

Sobre esto último, nos podemos encontrar con historias como la de Oriol Roqueta del Río4, participante en el documental “Yes, We Fuck”, abogado y defensor de los derechos de las personas con diversidad funcional, misma con la que él vive. En una entrevista comparte que: 

“Lo complicado no es romper la barrera física en que te encuentras, lo complicado es romper las barreras mentales que tiene cada persona por el simple desconocimiento”. 

Oriol Roqueta del Río

Es a partir de esto que podemos ver cómo estas barreras mentales que tenemos como sociedad han llevado a que limitemos, ya sea de forma consciente o deliberada, la libertad de expresión a través de la sexualidad y el acceso a información o educación sexual digna a personas con cualquier tipo de discapacidad. Lamentablemente, la forma de abordar estos temas hasta la fecha continúa estando permeada por el miedo e incertidumbre, ya que en muchos casos parece más importante enfocarse en las ‘deficiencias’ y/o ‘limitaciones’ que en aquellos aspectos que tenemos derecho a gozar de forma plena y libre, como es la sexualidad

Es aquí donde está el problema; ya que dichas limitaciones llevan a que se produzca una falta de conocimiento sobre temas vinculados a la sexualidad, lo cual contribuye a que estas personas se posicionen como uno de los grupos más propensos a experimentar alguna forma de abuso emocional, mental, físico o sexual

Si la sexualidad es un tabú, las personas con discapacidad lo viven doble, a vivir en una sociedad que les concibe como asexuales.

En una revisión realizada por la Organización Mundial de la Salud (WHO por sus siglas en inglés), se encontró que les niñes con discapacidad llegan a tener cuatro veces más probabilidades de sufrir violencia en comparación a aquelles sin. Es más, se estima que esta población presenta hasta 2,9 veces más probabilidades de convertirse en víctimas de violencia sexual, afectando de forma importante a quienes cuentan con una discapacidad intelectual – 4,6 veces más. Al mismo tiempo, experimentan más riesgo de contraer alguna infección de transmisión sexual debido a la falta de conocimientos y herramientas que garanticen encuentros y relaciones sexuales seguras. 

Entonces, he aquí una gran cuestión ¿cómo podemos abordar la educación de forma que se promueva un desarrollo integral de la persona con énfasis en la salud sexual y como resultado se disminuya este riesgo? 

Primero es importante entender que la educación sexual le permite a este grupo de personas conocerse, respetarse y aprender acerca de si mismes, sus necesidades, deseos, límites, preferencias, derechos, entre otras cosas; pero sobre todo, les transmite que pueden ser deseadas y amadas tal y como son. Es a partir de esto que pueden integrarse a la sociedad de forma activa y sin miedo a ser catalogades como algo que no son: personas incompletas. Las personas con diversidad funcional exploran su cuerpo, se interesan por él y buscan establecer lazos afectivos con otras personas al igual que todos. Es por eso que puede parecer un tanto obvio, pero el primer paso es hablar sobre el tema. ¡Si, hablar! Necesitamos romper con el silencio y los prejuicios que nos han llevado a ver a las personas con diversidad funcional como seres que no tienen necesidades afectivas y de vida sexual. Esta condición con la que muchas personas viven no es sinónimo de ‘inocencia’, por lo que debemos dejar de verles como niñes

Los miembros de Green Mountain Self Advocates en Vermont impartieron hace unos años un grupo de discusión sobre la sexualidad para ver porque consideraban ellos importante tener este tipo de educación. Es aquí donde encontramos relatos como el de Roy, Rebecca, Andrew y Julie, quienes expresan: 

“Para que podamos aprender a tener relaciones saludables.” 
“Para que podamos tomar decisiones informadas.” 
“Porque todes tenemos deseos/necesidades y eso está bien.” 
“Para saber cómo protegernos.” 

Al mismo tiempo, la educación sexual, factor fundamental para el desarrollo, debe darse desde temprana edad para poder ir orientando el aprendizaje. Sobre esto, es importante reconocer que este aprendizaje no solo se debería dar dentro de la escuela, sino que al mismo tiempo necesita involucrar al hogar y a las figuras parentales que permitan transmitir tranquilidad y aceptación en torno a un aspecto natural de le ser humane. Sabemos que a veces es complejo hablar de la sexualidad por las complejidades que se asocian a ella, y es por esto que tanto como docentes, padres de familia y sobre todo, sociedad, debemos responder abiertamente a todo tipo de cuestionamientos e inquietudes que se presenten. 

Es esencial saber que la educación no debe centrarse únicamente en brindar información y conocimientos de carácter biológico, ya que la sexualidad es integral e involucra una serie de componentes emocionales, psicológicos, sociales y espirituales. Por ende, es necesario ir más allá de hablar sobre la reproducción, ya que la sexualidad va más allá del coito. Debemos abordar temas como la autonomía corporal, como reconocer y decir no a contactos no deseados, orientación sexual, sentimientos sexuales, autoerotismo, diferencias entre el amor y el sexo, responsabilidades en las relaciones sexuales, entre otros. 

Conocerte y conocer tu cuerpo brinda herramientas esenciales, pero tristemente, esto se nos niega constantemente, y para las personas con discapacidad puede ser impensable.

Personalmente, parte de lo que garantiza una íntegra educación sexual es por un lado, poder transmitir que es seguro discutir sobre cualquier aspecto de la vida y que es normal tener preguntas, preocupaciones y curiosidad por explorar el propio cuerpo. Por otro lado, es esencial poder adaptarse a las necesidades de cada persona, independientemente de si hay algún tipo de discapacidad o no, aún para emplear herramientas que faciliten la comprensión. Debemos dejar de lado la idea de que las personas con discapacidad no aprenden o que no pueden, ya que al igual que todes nosotres, cuentan con habilidades y competencias que les permiten hacerlo de diferentes maneras. No hay una sola forma de educar y aprender, por ende, es cuestión de encontrar lo que mejor nos acomode. 

Finalmente, me gustaría dejarte con el testimonio de Kirsten Schultz, activista, educadora sexual y autora de 29 años, que además cuenta con una discapacidad: 

“Como sociedad, no hablamos lo suficiente sobre el sexo desde una perspectiva basada en el placer. Mucho se centra en la fertilidad y la reproducción, y eso no siempre es algo que las personas capaces piensan que las personas con discapacidad deberían o pueden hacer. Estamos infantilizados, despojados de nuestra sexualidad y se supone que somos seres asexuales. Muchos de nosotros somos asexuales, pero muchos de nosotros también somos muy sexuales, como yo.”

Kirsten Schultz

Referencias

  1. Henley, A. (2017). Why sex education for disabled people is so important. Teen Vogue. Recuperado de: https://www.teenvogue.com/story/disabled-sex-ed 
  2. Organización Mundial de la Salud. (2018). La salud sexual y su relación con la salud reproductiva: un enfoque operativo. Recuperado de: https://www.who.int/reproductivehealth/publications/sexual_health/sh-linkages-rh/es/
  3. Organización Panamericana de Salud. (s.f.). Children with disabilities more likely to experience violence. Recuperado de:  https://www3.paho.org/hq/index.php?option=com_content&view=article&id=6998:2012-children-disabilities more-likely-experience-violence&Itemid=135&lang=en 
  4. OVI Barcelona. (18 de Octubre, 2016). Oriol en el reportaje “Discapacidad y sexualidad” [Video]. YouTube. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=jSM6AMuvR1U 
  5. Sánchez, P. (2008). Sexualidad de los niños, niñas y jóvenes con discapacidad. Revista Educación, 32(1), 157-170. 
  6. Topper, K., y McLaughlin, K. (2010). Self-advocates speak up about sex. Institute on Community Integration (UCEDD) & Research and Training Center on Community Living, 23(2). Recuperado de: https://www.hsri.org/files/NCRI/Impact_newsletter.pdf

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