“COPA MENSTRUAL COMO ALTERNATIVA EN TU CICLO MENSTRUAL”

POR CARLA OROZCO RIVERA

Se habla comúnmente de la menstruación digna me gustaría comenzar recalcando que la menstruación es aquella correspondiente al final de ciclo ovulatorio donde se desprende el endometrio en la mujer en edad fértil en promedio a partir de los 13 años es la menarca o primera menstruación en la mujer (Arenas-Gallo, C., Ramírez-Rocha, G., González-Hakspiel, L., et al., 2020).

Se ha percibido como en los últimos años la copa menstrual ya ha tenido mayor oportunidad en el mercado y es vista como una buena alternativa durante el ciclo menstrual para muchas mujeres, sin embargo, también se sigue presentando un gran rechazo hacia ella debido a ciertos mitos o tabúes que existen respecto a esta como principal barrera para probar esta alternativa.

¿Qué es la copa menstrual?

La copa menstrual es un dispositivo de silicón de grado médico para tus periodos menstruales. Es flexible en forma de  cono o copa como su nombre lo dice que se inserta en la vagina para recolectar la sangre y se mantiene en su lugar al hacer un vacío o succión (Caballero Guzmán, A., 2016).

Desde tiempo atrás se han desarrollado diversos productos para ayudar a la mujer en estos días cubriendo la necesidad de seguir sus actividades. En el mercado se encuentra más comúnmente las toallas sanitarias y los tampones los cuales cumplen la función de absorber el sangrado.

Estos métodos han sido cómodos para todas las mujeres, tomando en cuenta distintas razones, las cuales han hecho que recurran a la alternativa de la copa menstrual. Las razones pueden ser varias la económica, el tener que cambiarlo de manera constante, incomodidad, temas de sustentabilidad por querer reducir su huella ambiental o bien, la más común el tener una mayor higiene en su zona íntima disminuyendo la posibilidad de infecciones debido a la acumulación de bacterias y hongos durante tanto tiempo (Prado-Galarza, M., Doncel C., William, A., Mosquera B, et al., 2020).

Ahora bien, posterior a haber mencionado algunos de los métodos más comercializados, sería pertinente adentrarnos en la copa menstrual la cual un método con una tecnología adecuada para la higiene menstrual.

Actualmente ya es un producto más conocido por las mujeres, aunque es necesario mantener alejados los prejuicios acerca de esta. Desde mi experiencia vendiendo copitas, a pesar de que pueda haber preferencia individual por el uso de productos habituales uno de los motivos principales que crean una barrera a usar la copa menstrual es el miedo al contacto con la sangre y vergüenza de introducir un objeto a la cavidad vaginal.

¿Cuáles son sus beneficios?

Mayor comodidad y libertad

Se puede realizar todo tipo de actividades diarias como ir al trabajo, la escuela, dormir, bañarte, hacer cualquier ejercicio (incluso nadar con ella), viajar, etc; por lo que te hace sentir como si no tuvieras nada puesto.

Ausencia de malos olores la sangre en la copita no tiene contacto con el aire por lo que no se oxida y no produce mal olor

Previene infecciones vaginales

Al ser un producto libre de químicos, respeta tu cuerpo ya que no altera ni absorbe los fluidos necesarios de la vagina. No causará alergias, irritaciones o infecciones. Las toallas sanitarias y tampones que absorben el sangrado y son contaminados guardando humedad propiciando el crecimiento bacteriano.

La copa menstrual esta certificada por la FDA y esta hecha con silicón de grado médico que no altera el PH de tu vagina.

Protege el medio ambiente: Dura años, no horas

Una mujer usa en promedio más de 1000 tampones o toallas en 5 años. La copita en promedio dura 5 años por lo que nuestro impacto ambiental disminuye. Al utilizar la copa tomamos acción por un planeta limpio. Contribuimos a la disminución de la acumulación de residuos tóxicos (toallas y tampones) los cuales tardan más de 400 años en degradarse.

Económica a largo plazo: Olvídate de gastar en toallas y tampones

En promedio una mujer gasta más de $2,500 en toallas o tampones en 5 años. Al invertir en la copita gastarás en alrededor de $600 MXN (hay más baratas) teniendo este producto que dura en promedio 5 años.

Recolecta la sangre por mucho tiempo

Puedes tener la copa menstrual hasta 12 horas sin necesidad de vaciarla, esto va a depender del flujo de cada mujer. No hay riesgo de derrames.

Otro de los grandes mitos es que se piensa que el flujo es muy abundante y que la pérdida de sangre es mucha, esto pasa debido a que como ya se mencionó los métodos habituales al absorber el sangrado, se esparce pareciendo como si la cantidad fuera mucho mayor. No obstante, la cantidad de sangre es aproximadamente es de 20 a 60 ml en todo el ciclo menstrual, por lo que el diseño y capacidad de la copa permite mantener la cantidad.

Conocerás mejor tu cuerpo

Tendrás la oportunidad de conocer tu anatomía vaginal y perderle el miedo, recuerda es tu cuerpo, no tiene nada de asqueroso, ni vergonzoso. Al ser manipulada con los dedos tendrás este contacto directo con tu cuerpo, así como detectar la consistencia olor y fluido de tu sangre dando paso a identificar posibles alteraciones. Castro, S. (2019).

¿Cómo se utiliza?

Se debe de utilizar con mucha higiene por lo que siempre al entre periodo y periodo recuerda esterilizarla, esto se hace introduciéndola en agua previamente hervida durante 3-4 minutos cuidando que la copa no se quede en un borde de la hoya que asignes para la esterilización, , o bien puedes comprarte el vasito esterilizador.

¿Cómo me la pongo?

  1. Lava tus manos: Ahora si, ya que estas listas para comenzar a usarla, lava tus manos cada vez que vayas a introducirla
  2. Ponte en una posición cómoda: puede ser de pie, sentada o en cuclillas
  3. Dobla y sostén la copita con el tallo hacia abajo

Posibles dobleces. Hay distintos pero los más comunes son:

  1. “Pliegue C”: dobla sus extremos formando la silueta de la letra C
  2. “Pliegue V o tulipán”: Coloca un dedo sobre el borde superior y presiona la base formando un triángulo.
  3. Sostén la copita ya doblada con una mano, con el pulgar por un lado y y los otros 4 dedos por el lado opuesto.
  4. Con la mano que está libre: separa suavemente los labios vaginales menores y encuentra la apertura de la vagina.
  5. Introduce la copita en la vagina en dirección hacia el coxis hasta que el tallo o la punta este al mismo nivel que la apertura vaginal, es importante que no salga.

¿Cómo me la quito?

  1. Lava tus manos
  2. Otra vez en la posición que más te acomode, relájate y empuja los músculos abdominales o pélvicos hacía afuera.
  3. Introduce el dedo pulgar y/o índice en la vagina hasta sostener el tallo, una vez que lo tengas jala con firmeza la base de la copita y apriétala suavemente para liberar el vacío.
  4. Cuando la parte ancha de la copita este por salir no la saques de golpe muévela despacio de lado a lado.
  5. Listo una vez que la retiraste de la vagina tira el sangrado en el inodoro y enjuágala con pura agua o con un poco de jabón neutro.

Copitas by Docura: Instructivo de uso.

Después de haber revisado esta información, ¿Qué dices, te animas a probar esta gran alternativa? …

Recuerda la copa menstrual para una menstruación digna, cómoda, saludable y que te permitirá visualizar la menstruación como parte de tu esencia femenina.

Por último, te comento que yo vendo una marca de copas menstruales, si te interesa más información o te decidiste a comprarla, no dudes en contactarme.

Te dejo mi celular y mail.

5530208427

orozco.carla13@gmail.com

¡Menstruación consciente y libre!

Por: Fernanda Becerril Tapia

            Desafortunadamente, las mujeres crecimos con la idea de que la menstruación es algo que debemos mantener oculto, algo vergonzoso y/o asqueroso. Los productos de limpieza íntima, toallas sanitarias, medicamentos y la sociedad, nos han llenado de miedos, tabúes y prejuicios, que nos obligan a comprar productos innecesarios y dañinos para nuestra vulva y para nuestro planeta. Asimismo, nos hacen a la idea de que los fluidos corporales, y particularmente la sangre menstrual, es un fluido contaminante y que no debe de ser visto.

Cuando en realidad, la menstruación es un proceso involuntario, cíclico y benéfico para nuestros cuerpos, además de que renueva nuestras energías y nos mantiene en equilibrio. Siendo un ciclo natural que no tiene porque ser agobiante y menos vergonzoso.

            Por ello, es sumamente importante y necesario el educar y promover la autonomía corporal de las mujeres, reconstruyendo la narrativa de nuestros ciclos y cambios, para transformar el tabú, normalizar la menstruación y así consumir nuevas alternativas para el tratamiento de la sangre (ya sea con una copa menstrual, toallas de tela, o cualquier producto del mercado ecológico). Teniendo en cuenta que no todos los productos ecológicos pueden ser eficaces y cómodos para todas, pero sí es responsabilidad de todas las mujeres el llevar un ciclo menstrual consciente y sobre todo libre.

(La Crecida, 2015)

Tanto la economía feminista como el ecofeminismo, nos permiten ver la gran responsabilidad que implica compartir el mundo. Si queremos proveer bienestar a todas las personas, debemos hacernos responsables de nuestra existencia, cuidarnos, cuidar a les otres y a las futuras generaciones. Es decir, pensar en una economía del bien común y con recursos naturales, e inmateriales, igualmente comunes (Díaz, et al., 2017).

            Mientras que, el ciberactivismo menstrual, se ha encargado de ir en contra de los prejuicios e ideas erróneas sobre nuestro ciclo menstrual, de generar tecnologías alternativas, ecológicas y reusables, al igual que de difundir información en redes sociales para esparcir la conciencia desde un discurso ecofeminista y espiritual, sobre la apropiación corporal, el autoconocimiento y el autocuidado (González, 2016). También se caracteriza por considerar la menstruación como un proceso sagrado, empoderador y emocionalmente relevante para la vida de las mujeres. Además de que incluyen factores culturales y una visión integral del cuerpo y de sus procesos, incorporando las emociones, el contexto social e incluso la percepción espiritual en torno al cuerpo y sus conexiones con la tierra, con el universo y con lo sagrado (Ramírez, 2019).

            Así que, desaprendamos creencias erróneas, liberémonos de tabúes y disfrutemos de una menstruación consciente y libre. Siempre recordando que, como la luna y como la tierra nosotras también somos cíclicas y, entre más conectadas estemos con nuestro ciclo menstrual, mejor nos entenderemos, más aceptaremos nuestra naturaleza y más nos amaremos.

Referencias

            Burgos E. (2017). El Ciberactivismo: perspectivas conceptuales y debates sobre la movilización social y política, Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, abril-junio. Recuperado de: http://www.eumed.net/rev/cccss/2017/02/ciberactivismo.html

            Díaz, V. A., & Quintero, A. M. (2017). Tejiendo lo común desde los feminismos: economía feminista, ecofeminismo y ciberfeminismo. Edähi Boletín Científico de Ciencias Sociales y Humanidades del ICSHuRecuperado de: https://repository.uaeh.edu.mx/revistas/index.php/icshu/article/download/2437/2446?inline=1

            La Crecida. Ecofeminismo y menstruación consciente (12 de mayo de 2019). Recuperado dehttps://www.facebook.com/LaCrecida/photos/a.930326520378080/ 2474207235989993/?type=3&theater

            Ramírez M., (2019). Ciberactivismo menstrual: feminismo en las redes sociales. Paakat: Revista de Tecnología y Sociedad. Recuperado de: http://dx.doi.org/10.32870/Pk.a9n17.438

Lo erótico como rebelión a una vida plena

por: SaraKim

Qué bella es la sensación de sentir unos besos en el cuello, una caricia por la espalda, incluso, un suspiro caliente  entre las piernas. Esos momentos en los que vivenciamos cómo nuestra piel quiere más, exige tanto seguir sintiendo que se eriza y se calienta. Sin embargo, quedarnos en esa exigencia de más estimulación sin poder relacionarlo con una emoción que nos lleve a la plenitud, se queda del lado de la pornografía. Lo erótico, algo que se ha confundido con la anticipación del acto sexual, es tanto más profundo de lo que imaginamos. Éste nos habla de nuestra capacidad de sentir y de  “poder compartir esa conexión íntima [que] sirve de indicador del gozo” (Lorde, 2003).

La pornografía se ha enfocado en lo primitivo del coito. Se ha limitado a mostrar la relación entre dos cuerpos que simplemente intercambian la necesidad fisiológica de un orgasmo, como lo explica González (2007).  La narrativa porno ha encontrado la manera de saciar el deseo de querer verlo todo; de participar en actos que virtualmente nos excluyen al retratar cuerpos exagerados que no se cansan de simular un placer insaciable. Lorde (2003), considera que al no ser consiente de la manera en la que saciamos nuestras necesidades eróticas, nos hemos reducido a “objetos de satisfacción” el uno para el otro. Esto no nos diferencia de otras especies animales que se juntan con el mero propósito de reproducirse. La pornografía no le interesa la humanidad en el acto sexual. 

Hay algo revolucionario de reconocerse como seres eróticos, de sabernos con la capacidad del erotismo. Gracias a la industria pornográfica, se ha creído que el erotismo no existe sin el acto sexual ya que sirve como una anticipación a su culminación. Pero, el erotismo es algo que se vive diariamente, si se sabe dónde encontrarlo y cómo vivirlo. Es lo que le puede traer plenitud a nuestras vidas.

El erotismo viene de Eros, el hijo de Afrodita que representa el placer. En la mitología, Psique tiene que enfrentarse a varios retos para poder volver a encontrarlo, porque una vez que lo conoció, no pudo vivir sin él. En otras narraciones, Eros se asocia con el amor, con la triple razón del epistemológico, lo ético y estético, como lo recopilan Araya y Barrantes, (2002). Sin embargo, en lo que coinciden estas narrativas es la presencia de Eros en lo cotidiano de la vida. Existe más allá del amor, de lo físico; es la esencia de vivir una vida plena. 

Entonces, cuando se habla de la rebelión que implica llevar una vida erótica, es reconocer el placer de crear, de sentir. El capitalismo de la industria pornográfica nos quiere hacer creer que el placer se debe vivir en compañía, que somos incapaces de encontrarlo por nosotras mismas. Busca hacernos dependientes de un proveedor del goce sexual. Pero, existe la interrogativa de por qué: ¿por qué conviene que no reconozcamos nuestra capacidad de sentir placer por una misma?

Lu Gaitán nos cuenta en su libro Alumbra la luna (2020), que a las mujeres se les cargó la responsabilidad traer más humanos al mundo para poder alcanzar la demanda de un sistema capitalista y patriarcal. La caza de brujas buscaba terminar con las mujeres que reconocían su sabiduría, su poder creador y su sensibilidad sensorial y emocional. Estas mujeres que querían conectar a través de una conexión que reconocía las emociones que despertaban los sentidos y viceversa, no eran buenas candidatas para un mundo que quería crecer en riquezas materiales. Se les implanto un miedo de vida o muerte si no eran “dóciles, leales y obedientes […] a las imposiciones externas” que oprimen su poder erótico (Lorde, 2003).

Ahora, lo erótico se entiende como esta capacidad de poder crear nuestro propio placer y ser consiente de las emociones que evoca conectar con nuestro cuerpo sensorial. Si las mujeres nos reconocemos como directrices de nuestro propio goce, no vamos a conformarnos con la pornografía. Lo erótico nos lleva a querer encontrar una vida en la que podamos vivirlo constantemente en nuestro trabajo, relaciones, cuidados, actividades recreativas.

Vivir una vida enfocada en el erotismo, es un acto revolucionario. Busca que conectemos con nuestras emociones de una manera creativa, que sea espontáneo la manera en la que experimentamos a nuestra cuerpo exigiendo más estimulación. Se puede vivir de nuestro propio tacto con nuestra piel, con telas exquisitas o con la riqueza de la naturaleza; del deseo de despertar nuestra audición al escuchar nuestro interior, o el olfato al bañarnos en olores embriagantes. Lo erótico se encuentra en todas partes, pero  lo que nos lleva a vivirlo plenamente, es estar consientes que no existe sin el reconocimiento de una sensibilidad emocional que nos lleva a crear intimidad.

Barrantes Rodríguez, Iveth, & Araya Vega, Eval Antonio (2002). Apuntes sobre sexualidad, erotismo y amor . InterSedes: Revista de las Sedes Regionales, III(4),73-82. ISSN: 2215-2458.

Gaitán, L. (2020). Alumbra la luna, Editorial Planeta

González Montero, Sebastián Alejandro (2007). PORNOGRAFÍA Y EROTISMO. Estudios de Filosofía, (36),223-245. ISSN: 0121-3628.

Lorde, A. (2003). La hermana, la extrajera, artículos y conferencias. Capítulo 4. Madrid, España.

La sexualidad en la tercera edad

Por: Álvaro Quijano

La pirámide poblacional está empezando a invertirse, por lo que cada vez habrá más gente añosa en proporción a personas jóvenes (Gonzáles, 2018). No obstante, seguimos apartando la mirada de un grupo de personas que cada vez será más presente e importante. 

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El ser humano no debe de ser dividido en periodos de existencia sexual porque es un ser sexual a lo largo de toda su vida. Como explica Pérez Martínez (2018), la sexualidad humana es un fenómeno en el que influye tanto la sociedad como la cultura en las relaciones interpersonales que determinan las experiencias sexuales de cada quien. Un estudio de Naranjo et al.(2001) que buscó conocer sobre la capacidad de las personas de tercera edad para satisfacer y llevar a cabo sus actividades diarias. Uno de los elementos importantes a mencionar es que la población añosa es muy variada, y el envejecimiento de cada persona puede ser muy diferente al de otra. Uno de los resultados interesantes de este estudio es que la población femenina, más que la masculina tiene un aumento importante en la sensación de incapacidad para ayudar en las tareas del hogar y esto influye su percepción sobre su autonomía. 

Uno de los ámbitos que más se ha dejado en negligencia para la población añosa es su sexualidad, en parte por la tabú cultural que se ha hecho de esta (Betancourt, 2013). No obstante hay una serie de cambios notorios a nivel físico, que pueden generar cambios emocionales en las personas mayores. Entre los cambios fisiológicos en la mujer están (Betancourt, 2013): 

Fragilidad y pérdida del vello púbico; la mucosa vaginal se seca y atrofia, disminuyendo por tanto su secreción. La vulva, los labios menores y el clítoris, disminuyen de tamaño, se produce un acortamiento y estrechamiento de la vagina. Los ovarios disminuyen de tamaño, y el moco cervical es espeso, escaso y celular. Disminución de estrógenos y progesterona, disminuyen los ovarios, las trompas de Falopio se hacen filiformes (Que parecen hilos), el útero regresa al tamaño que tenía antes de la pubertad, el endometrio y mucosa del cuello uterino se atrofian, la vagina se hace más corta y menos elástica.

No elephants in this room: Female masturbation reigns queen in new Marika  Hackman Track - Big Buoy
Estos cambios no tienen por qué hacer que una persona no se disfrute sexualmente

Los cambios fisiológicos en el hombre más comunes son los siguientes: 

Pérdida del vello púbico, la bolsa escrotal está distendida y su superficie es lisa. Hay una reducción de tamaño y consistencia de los testículos. Se produce un aumento de tamaño de la próstata con disminución de su secreción. La función reproductora disminuye gradualmente en el hombre, mientras que en la mujer cesa después de la menopausia. Disminución de testosterona, La erección requiere más tiempo y suele ser menos firme. También, la cantidad de semen y la intensidad de la eyaculación están reducidos. 

The Bulgemaster

Todos estos cambios si bien son físicos e importantes, no son determinantes de la experiencia sexual de una persona mayor, esta depende más de la personalidad y carácter de cada persona. Según el estudio de Betancourt (2013), los adultos mayores se perciben a sí mismos de forma negativa en cuanto a su sexualidad. Esto se debe a una conjunción de factores como pueden ser disfunciones, falta de pareja, limitaciones físicas o la influencia de las actitudes de la sociedad, que tienden a violentar y poner un juicio moral sobre la actividad sexual en personas mayores. Una de estas consecuencias es la “miseria erótica” en donde por creencias y actitudes sociales sobre la sexualidad se asume que la población añosa no puede vivir su cuerpo con eroticismo y sensualidad cuando esto es completamente falso, y todavía pueden experimentarse sexualmente de manera satisfactoria (Betancourt, 2013). La importancia sería entonces de replantearnos la manera en la que concebimos la sexualidad en la tercera edad, como afirma Pérez (2008): 

Con la sistemática capacitación de los profesionales de la salud y de la comunidad en pleno, junto con la ejecución de programas de educación sexual dirigidos a nuestros ancianos y población en general, se alcanzará una mayor sensibilización hacia los aspectos tradicionalmente olvidados en la tercera edad, lo que contribuirá al aumento y prolongación de la calidad de vida de este segmento poblacional en franco ascenso.

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El cuerpo envejece más rápido que nuestra mente

Si hay un denominador común para todo el ser humano es el pasaje del tiempo, no tiene escape y tal vez no tiene sentido buscar uno. Según la revisión estadística de Contreras-Cruz y Hernández (2009) La esperanza de vida promedio en México es de 76 años, dependiendo de factores económicos y de salud. Estos son 16 años vividos como persona de tercera edad, por lo que es altamente probable que muchas personas que están leyendo este artículo lleguen a esta edad, por lo que habría que preguntarse: ¿Quiero tener una vida sexual activa cuando sea mayor? Y si la respuesta es sí: ¿Cómo me gustaría vivirla?

La población de la tercera edad merece vivir su sexualidad de manera plena, con acceso a información precisa y confiable, como todo ser humano tiene derecho. Es hora de dejar de alienar a la población añosa y buscar la manera de ofrecerles una vida lo más digna y plena posible. 

Desmintiendo la virginidad

Escrito por: Ana Paola Venegas Wignall 

Desde hace ya varios años, la virginidad ha formado parte de muchas de las creencias y mitos erróneos e injustos que se encuentran inmersos en nuestra cultura, y que como resultado de la  poca  información a la que se tiene acceso, ha impactado de forma negativa la vida de muchas personas con vulva. Es por esto importante, comenzar a romper con estas ideas y así, tener la posibilidad de decidir sobre nuestra sexualidad desde un lugar más libre y real (Amuchástegui, 1998 y Gallo, 1999) . 

Para desmentir estas creencias, se muestra a continuación algunos de los mitos más comunes que escuchamos sobre la virginidad de personas con vulva. 

¿Qué es realmente la virginidad? 

La virginidad, no es un término médico ni científico, sino un concepto social, cultural y religioso que refleja la discriminación de género contra las mujeres y las niñas (OMS, 2018).

Desde que se es pequeña, las personas que nos rodean nos enseñan que es indispensable no tener relaciones sexuales vaginales hasta el matrimonio, ya que el hacerlo antes de esto, nos quita nuestra pureza y valor como mujer frente la sociedad e incluso, frente a distitas comunidades religiosas (Amuchástegui, 1998 y Gallo, 1999) .

Himen y virginidad 

El himen, es un al ser una membrana elástica que cubre parte de la entrada de la vagina. Cabe mencionar, que éste es diferente en forma y tamaño para cada persona con vulva. 

Erróneamente se ha creído que cuando una mujer tiene el himen intacto, entonces conserva su virginidad.  Sin embargo, la realidad es que algunas personas con vulva nacen sin himen o este se llega a rasgar de forma accidental  al momento de practicar algún deporte, durante la masturbación, colocación de tampones etc. De la misma forma, este puede no rasgarse frente a estas acciones e incluso aún cuando la persona con vulva mantenga relaciones sexuales, ya que el hime puede estirase sin romperse. Por lo tanto, no se es virgen por tener el himen intacto (Velásquez, Briñez y Delgado, 2012) . 

Comenzar a tener relaciones sexuales es doloroso 

Suele creerse que la primera vez que una persona con vulva tiene relaciones sexuales vaginales, se experimenta dolor como singo de conservación de la viginidad, sin emabrgo, esto no ocurre necesariamente. El dolor es muy subjetivo, por lo que varía y depende de cada persona, así como su percepción y  situación en la que se encuentra. Por lo que es posible no experimentar ningún dolor, pero también vivirlo intensamente. Esta última, puede suceder  cuando la penetración se realiza sin una adecuada excitación y poca lubricación (Pomaquero, 2015 y Velásquez et.al, 2012) 

Sin sangrado, no se es virgen 

Nuestra cultura, también nos ha hecho pensar que el sangrado durante la primera relación sexual vaginal es una señal de la preservación de la virginidad. Sin embargo, solo la mitad de la personas con vulva que tengan relaciones sexuales vaginales van a sangrar la primera vez. Mientras exista una buena estimulación y lubricación vaginal antes de la penetración, no tiene porque haber un sangrado, ni dolor de ningún tipo. Puede llegar a ocurrir cuando la preparación no es la más adecuada y por ende, hay cierta fricción o tensión que puede resultar en un sangrado (Pomaquero, 2015 y Velásquez et.al, 2012) .  

Pruebas de virginidad como agresión

Las pruebas de virginidad, generalmente consisten en  la inspección del himen para identificar rasgaduras o el tamaño de la abertura y/o en la inserción de dedos en la vulva . Ambas técnicas se practican desde la creencia de que el aspecto de los genitales femeninos puede revelar si se es virgen o no, sin embargo, ninguno de estos métodos puede probarlo (OMS, 2018). 

Estos no solo son una violación de los derechos humanos, sino que en muchas mujeres esta práctica tiene consecuencias negativas físicas, psicológicas y sociales a corto y largo plazo, como ansiedad y depresión (OMS, 2018).

Ahora que conoces lo que realmente es la virginidad, puedes compartir esta información con las personas que te rodean y así, contribuir al cambio de estas ideas erróneas e injustas que lamentablemente aún impactan a muchas personas con vulva de forma negativa. 

Referencias

  • Amuchástegui, A. (1998). La dimensión moral de la sexualidad y de la virginidad en las culturas híbridas mexicanas. Relaciones 74.19, 103- 133.
  • Gallo, H. (1999). El tabú de la virginidad. Affectio Societatis.(5), 1- 13.