Debemos Erradicar la Pobreza Menstrual

La menstruación es un proceso biológico que ocurre en las personas con vulva a partir de que estas llegan a la pubertad. En promedio, las personas menstruantes adquieren productos de higiene durante 40 años de su vida. Se estima que más de 800 millones de mujeres menstrúan diariamente (Sánchez, 2019) y que cada una necesita alrededor de 360 toallas o tampones al año, lo cual equivale a un gasto anual de $720 en pesos mexicanos. (Velasco, 2020)

Por pobreza menstrual podemos entender que es la falta de acceso a productos sanitarios y de higiene generado por limitaciones socioeconómicas, incluyendo el acceso a una educación sobre el mismo proceso biológico, el autocuidado, así como la falta de instalaciones o recursos como el agua limpia. Esta es una problemática que afecta a las personas menstruantes a nivel mundial, alrededor del 13% de la población femenina vive en situación de pobreza, esto las obliga a prescindir de los productos sanitarios necesarios para una higiene menstrual y recurrir a alterativas como el uso de trapos, papel higiénico, calcetines o periódicos; lo cual aumenta el riesgo de contraer infecciones. (Moreno, 2021) Cabe recalcar la importancia de incluir en este problema no solo a las mujeres, sino a todas las personas menstruantes, personas transgénero, transexuales y a las personas que pertenecen a categorías no binarias del sexo.

El no tener acceso a una salud menstrual repercute de manera significativa en la vida de todas estas personas, interfiere con su libertad, limita su salud, afecta su dignidad y su autoestima, entre otros factores. (Velasco, 2020) La UNICEF afirma que una mala higiene menstrual puede causar riesgos para la salud física incluyendo infecciones del tracto urinario y problemas asociados con la salud reproductiva. (Sánchez, 2019)

Jennifer Weiss-Wolf nos explica que “la capacidad de acceder a productos menstruales, así como a espacios para gestionar la menstruación de una forma segura, afecta la libertad de una persona para estudiar, trabajar, mantenerse saludable y desarrollarse plenamente.Por ejemplo, la experiencia escolar de las niñas se ve afectada negativamente debido a distracciones e incomodidad derivados de la ansiedad que genera mancharse. Si bien, la educación menstrual es importante, y podría contribuir a mejorar el desempeño académico de niñas en países de ingresos bajos y medianos, ésta aún no se ha incluido dentro de los currículos educativos.” (Weiss, 2017)

La UNICEF declaró que a nivel mundial 2,3 millones de personas viven sin servicios básicos de saneamiento y en los países en desarrollo, solo el 27% de las personas tienen instalaciones adecuadas para lavarse las manos en sus hogares. (Sánchez, 2019)

La menstruación está estigmatizada en todo el mundo y esto a la vez refleja la poca educación sexual que está al alcance de la mayoría. El no tener acceso a una educación sexual integral es un factor de riesgo. Las mujeres que son mal informadas o simplemente viven en la ignorancia tienen altas probabilidades de contraer un embarazo precoz, problemas de malnutrición, caer en situaciones de violencia doméstica y sufrir complicaciones en el embarazo. (Sánchez, 2019)

Los estigmas asociados a este proceso natural generan vergüenza y tienen efectos mentales negativos. Desempodera a las mujeres, haciendo que se sientan avergonzadas por un proceso biológico.

¿Qué nos toca hacer?

El primer paso es generar espacios para dialogar la importancia de normalizar la menstruación y desmentir los tabúes que le rodean. En México hablar de menstruación genera incomodidad e incluso está mal visto, no hay espacio en la salud pública ni en la política para hablar del tema.

Debemos luchar por alcanzar la equidad menstrual, esto significa garantizar que todas las personas menstruantes tengan acceso a productos sanitarios, acceso a instalaciones de saneamiento como inodoros o lavabos con agua limpia, educación sobre higiene y saneamiento, y hacer un manejo adecuado de los desechos de los productos sanitarios.

Se deben generar políticas que permitan que los productos menstruales, el saneamiento y la higiene sean fácilmente accesibles, así como impugnar las leyes y políticas públicas que son discriminatorias y carecen de perspectiva de género, así como a su vez están basadas en una concepción errónea de los cuerpos menstruantes. Es necesario posicionar la gestión menstrual como un asunto público que permita a las personas menstruantes vivir con dignidad.

“Todas las personas que menstrúan merecen opciones de acuerdo a sus necesidades físicas, y sus circunstancias culturales y socioeconómicas.” (Velasco, 2020)

Bibliografía:

Moreno, P. (2021, 5 enero). La higiene menstrual sigue sin estar al alcance de todas. Recuperado 15 de febrero de 2021, de https://elordenmundial.com/higiene-menstrual-no-esta-alcance-de-todas/

Sanchez, E., & Rodriguez, L. (2019, 5 febrero). Todo lo que necesitas saber sobre la pobreza menstrual. Recuperado 15 de febrero de 2021, de https://www.globalcitizen.org/es/content/period-poverty-everything-you-need-to-know/

Velasco, S. S. (2020, 25 octubre). De biología y desigualdades: la pobreza menstrual en México. Recuperado 15 de febrero de 2021, de https://discapacidades.nexos.com.mx/?p=1742ç

Weiss-Wolf, J., 2017. Periods Gone Public: Taking a Stand for Menstrual Equity. Arcade Publishing.