¿Somos seres andróginos naturalmente?

Por Daniela Viveros

Seguramente has escuchado hablar sobre la androginia, o tal vez la palabra “andrógino” usada para describir algo o a alguien, pero… ¿Qué significa realmente? Y ¿De dónde viene esta interesante palabra? ¿Qué tiene que ver este concepto con la identidad y la expresión de género?

La androginia viene del griego andrós “varón” y gyné “mujer” y es definida como la capacidad de un individuo de exhibir rasgos y comportamientos típicamente masculinos y típicamente femeninos. Se ha observado que quienes tienen esta capacidad de comportamiento tienden a ser psicológicamente más saludables y desarrollan un mejor autoconcepto; además tienen mayor probabilidad de seleccionar el comportamiento más apropiado para cada situación por contar con un repertorio más amplio de comportamientos y mayor flexibilidad, por lo que se considera a la androginia como buen indicador de ajuste social en la edad adulta (Bem & Lenney, 1976; Braza, et al., 2016). El concepto de androginia dentro de la sociología y la psicología se incorporó en los años 1970s (Bem, 1975; Braza, et al., 2016). Sin embargo, desde mucho antes, autores como Platón y Virginia Woolf escribieron sobre este concepto.

Platón incorporó el concepto de “andrógino” en una de las explicaciones sobre el amor desde la mitología, en su texto “El banquete”, conde Aristófanes plantea que anteriormente habían tres especies de humanos: unos todo hombres, otros todo mujeres, y los terceros hombre mujer –los Andróginos–. Las tres especies eran “dobles”, es decir, dos cuerpos unidos, unos de dos hombres, otros de dos mujeres y otros de un hombre y una mujer. Toda esta especie era tan poderosa y fuerte que llegaron al atrevimiento de desafiar a los dioses, entonces para castigarles y disminuir su fuerza, Júpiter dividió a estas dobles personas encargando a Apolo la curación de las heridas. El amor que siente cada uno de estos individuos ya separados es el recuerdo de su antiguo estado: los hombres nacidos de hombres dobles se aman entre sí, de igual forma las mujeres nacidas de mujeres dobles y ocurre lo mismo con los hombres y mujeres nacidos de Andróginos –aman al sexo opuesto– (Azcárate, 1871). 

Este mito intenta explicar y clasificar las especies del amor humano y vemos cómo lo explica mediante la falta, ya que los individuos allí aman lo que les hace falta pero que tuvieron alguna vez. Pero el punto es que Platón ya había considerado la existencia de este ser Andrógino como un ser común que habitaba en una sociedad –aunque fuera un mito– y explica la vulnerabilidad del ser humano a partir de esa incompletud que es el “castigo de los dioses”. 

Por otro lado, Virginia Woolf habla sobre las mentes andróginas en su ensayo A Room Of One’s Own (Una habitación propia), mencionando que este tipo de mente es “resonante y permeable, que transmite las emociones sin impedimentos, naturalmente creativa, incandescente e indivisible”, lo cual es ideal –según ella– para lograr plasmar nuestro genio completo en un texto. Argumenta que las mujeres han sido privadas de educación y otras oportunidades que les habrían permitido llegar a expresar su “genio completo”, teniendo una perspectiva más completa y mejores herramientas tanto sociales como intelectuales para lograrlo –refiriéndose a la historia de la humanidad hasta el punto en el que ella está escribiendo esto tras haber explorado los escasos textos de ciencia ficción escritos por mujeres–.

Asimismo, Lao Tzu, en el pasaje veintiocho de su texto Tao Te Ching habla sobre conocer el blanco y impersonal, pero “mantener” o “quedarse con” el negro y lo personal para entonces ser más fuerte y capaz como individuo (Tzu, s.f.). El mensaje que envía aquí implica que desarrollar cierto grado de androginia mental y comprensiva nos lleva a ser seres más capaces por tener más herramientas.

En estos textos, el sexo, la expresión de género y la identidad de género, se pueden apreciar como conceptos sabiendo lo que significan: la identidad de género determina la forma en que las personas experimentan su género –independientemente de cómo lo expresen– y contribuye al sentido de identidad, singularidad y pertenencia (Amssac, 2021); por otro lado, la expresión de género es la forma en que manifestamos nuestro género mediante nuestro comportamiento y nuestra apariencia. La expresión de género puede ser masculina, femenina, andrógina o cualquier combinación de las tres (ONU, 2021). Y lo que hacen es jugar en la fantasía y en lo imaginario con lo que sucedería si las posibles variaciones reales del género y del sexo se unieran o se fusionaran tanto en el plano intelectual como en el físico.

Todas las sociedades tienden a definir o asignar roles sexuales, es decir, la manera en que cada individuo debería comportarse, definir sus valores y características, al igual que sus actitudes y prácticas culturales a partir de su sexo o genitales –lo que es, en conjunto, el género–. Estos roles y comportamientos típicos suelen adquirirse durante la infancia ya que pueden ser percibidas desde el juego y un dato importante sobre ellas es que perpetúan las relaciones particulares de poder entre el hombre y la mujer; y a pesar de que se han observado comportamientos diferentes universalmente entre niños y niñas, las características en que éstas difieren son escasas y tienden a exagerarse (Braza et al., 2016). Gran parte del razonamiento que tiende a separar hiperbólicamente ambos sexos tienen como base el pensamiento biologicista, donde se argumenta que las hormonas, las complexiones corporales y los cerebros de los hombres y de las mujeres son distintas y que esto hace que el comportamiento de ambos también lo sean, sin embargo como menciona Coppola (2011), estas diferencias resultan ser en gran medida resultado del proceso de socialización; incluyendo en éste el rechazo y la falta de aceptación a individuos que manifiestan características que “no corresponden” a su sexo y género –que están íntimamente ligados–.

Ahora bien, si hacemos un recuento de lo que Platón nos relata sobre la completud del ser, lo que Bem y Braza et al. nos informan sobre las cualidades de las personas con características andróginas, lo que Virginia Woolf nos relata sobre la mente andrógina y lo que Lao Tzu nos enseña sobre comprender la naturaleza del Ying y el Yang, podemos llegar a la conclusión de que permanecer únicamente en un polo del espectro del género –que es un constructo social– nos limita, nos resta muchas posibilidades como seres individuales y nos hace de alguna forma ser dependientes en algunos aspectos, aunque claro, es sumamente complicado y utópico llegar a tenerlo y serlo todo, y además siendo seres sociales necesitamos de otros, pero podemos fomentar una educación más andrógina para lograr desarrollar en las personas más y mejores herramientas para empatizar, comprender, actuar y valorar su en sus entornos, ya que abarcaría una perspectiva más amplia. El paso siguiente podría ser aceptar e incluir más las nuevas extensiones que salen a un rango fuera del espectro conocido que tiene una base binaria.

Referencias

Braza, P., Carreras, R., Braza, F. & Muñoz, J.M. (2016). Androginia, amplitud de comportamiento y ajuste social en niños y niñas de educación infantil. Revista Infancia, Adolescencia y Familia 1(001) pp. 177-188

Rubio-Coppola, A. (2011). Androginia psicológica y Autoconcepto físico: Análisis desde una perspectiva de género. Repositorio de la Universidad Arturo Prat del Estado de Chile. Recuperado de https://www.ehu.eus/documents/3012743/4523628/Rubio-Coppola-Ana.pdf

Azcárate, P. (1871). Platón: obras completas, tomo 5. El banquete. Madrid, España. Recuperado de https://filosofia.org/cla/pla/img/azf05285.pdf 

Amssac. (2021). Definiciones básicas. Amssac. Recuperado de https://www.amssac.org/biblioteca/definiciones-basicas/

ONU. (2021). Glosario. Libres e Iguales: Naciones Unidas. Recuperado de https://www.unfe.org/es/definitions/ 

Woolf, V. (1929). A Room Of One’s Own. Editorial MarinerTzu, L. (s.f.). Tao Te Ching. Pasaje veintiocho. Recuperado de http://thetaoteching.co

Tzu, L. (s.f.). Tao Te Ching. Pasaje veintiocho. Recuperado de http://thetaoteching.com/taoteching28.html

¿Sabes por qué ocurre el vaginismo?

Por Daniela Viveros Tinoco

¿Has escuchado hablar sobre el vaginismo? ¿Lo has presenciado o lo has vivido alguna vez? Si conoces esta alteración sexual, probablemente hayas escuchado algún prejuicio o crítica hacia la persona que lo padece, si no, continúa leyendo porque así comenzarás a identificar los factores que propician el desarrollo de esta alteración sexual. Hey, identificar, tratar y prevenir es necesario… ¿No lo crees?   

Entonces, antes de entrar a fondo en el tema de los factores socioculturales que lo propician, comencemos por la definición y algunos datos importantes…

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo se define como una dificultad recurrente y persistente para permitir la penetración del pene, dedos u otros objetos –como juguetes sexuales– en la vagina, ocasionada por una contracción involuntaria de los músculos que rodean el tercio externo de la misma. Puede presentarse sin alteración de la excitación, del deseo o del orgasmo (Spengler et al., 2020). Siguiendo algunos datos, se estima que el rango de prevalencia del vaginismo es de 1% a 6% y suele clasificarse como una disfunción sexual femenina (Van Lakveld et al., 2017 citado en Rabinowitz et al., 2017). 

En el DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, por sus siglas en inglés) se le denomina como “Trastorno de dolor génito-pélvico/penetración” e indica que se deben cumplir dos de las siguientes cuatro condiciones para que se pueda diagnosticar: 1) dificultad persistente o recurrente en la penetración vaginal; 2) dolor genital o pélvico antes, durante o como resultado de los intentos de penetración vaginal; 3) temor o ansiedad de la penetración o del posible dolor de la penetración vaginal; y 4) tensión o contracción de los músculos del suelo pélvico durante los intentos de penetración vaginal (American Psychiatric Association, 2014). Sin embargo, podemos ver cómo aquí toman la dispareunia –otra disfunción sexual femenina– como parte del mismo diagnóstico, esto puede ocasionar la invisibilización del vaginismo ya que establecen como un concepto central el dolor y en muchas ocasiones llega a presentarse sin dolor (Rabinowitz et al., 2017).

Pero antes de llegar a este punto de conocimiento, hicieron pasar a las mujeres por procedimientos dolorosos, como laceraciones y ejercitaciones con moldes de vidrio para lograr mantener la apertura o dilatación de la vagina (porque lo importante era que la mujer pudiera reproducirse), lo cual funcionaba para ensanchar el orificio y permitía la penetración pero agravaba más el trauma de la mujer, afectando su respuesta sexual a largo plazo (Kaplan, 2005 citado en Cisternas, 2015). Además cuando una mujer presentaba esta condición se le solía criticar con insultos como “frígida” y suele haber mitos alrededor, como que se debe a falta de experiencia o al tamaño del pene, o que el sexo es doloroso para la mujer entonces “es normal”.

Ahora sí, adentrémonos en los factores socioculturales… 

A lo largo de la historia se han patologizado –o planteado como enfermedad– ciertas condiciones relacionadas a la sexualidad femenina tomando en cuenta únicamente a la mujer que las presenta y sin considerar la importancia de los factores relacionales y culturales.

John Bancroft descarta la clasificación de una denominada “disfunción sexual femenina” que afecta a 43% de una población –como dato estadístico en los Estados Unidos– argumentando que estas reducciones en el interés sexual y otras condiciones, como anorgasmia y vaginismo, suelen ser respuestas adaptativas y reacciones comprensibles ante condiciones adversas como relaciones violentas de pareja o o cansancio y estrés en la vida en general de estas personas (Bancroft, Loftus & Long, 2003 citado en Moynihan, 2005). Si nos ponemos a pensarlo, lo que plantean Bancroft et al. tiene mucho sentido… si esto le ocurre a 43% de la población –y seguramente a más personas, tomando en cuenta los casos que no se reportan–, entonces no podemos atribuir esta condición únicamente al individuo que la presenta, tiene que ver con algo más cultural o social. Siendo así… ¿Cuáles serán esos factores sociales o culturales que se promueven para que esta alteración sexual se desarrolle?

Por una parte, Cisternas (2015) informa que el vaginismo se manifiesta como una reacción psicosomática ante la penetración, estimulada a partir de aprendizajes negativos respecto a la sexualidad y reporta que vari@s terapeutxs y psicólogxs han reconocido ciertos factores culturales que inciden en la prevalencia de la reacción. Entre estos factores se encuentran: la inadecuada información y educación sexual – sobre todo en contextos que mantienen una doble moral respecto al tema–, la mantención de mitos y creencias erróneas sobre el sexo o situaciones traumáticas relacionadas con la vivencia sexual, considerando la influencia de mensajes intrusivos, inadecuados y negativos sobre el coito como el factor más relevante y el abuso sexual como el menos relevante; asimismo, estos traumas de vivencia sexual pueden asociarse a contextos culturales que colocan a las mujeres en posiciones de inferioridad social y vulnerabilizándolas ante violencias psicológicas, físicas y sexuales. A partir de esto se ha llegado a concluir que las mujeres afectadas con vaginismo suelen provenir de contextos familiares y culturales con fuertes perspectivas negativas sobre la sexualidad y donde se restringe la libertad sexual femenina (Crowley et al., 2009 citado en Cisternas, 2015).

Por otro lado, un estudio correlacional de Sánchez Bravo et al. (2010) se reporta que en un grupo de mujeres con vaginismo se presentaron mayores índices de: disminución en la autoestima, incremento en las características de sumisión, relación con temores a la sexualidad, escasa información sexual y problemas conyugales, este último factor es bidireccional ya que puede contribuir al desarrollo del vaginismo, pero también el vaginismo puede ocasionar o contribuir en su aparición.

Finalmente, la autora Hoing-nga Ng (2010), siguiendo el mismo hilo que siguen Bancroft et al., enfatiza la importancia de abordar el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una expresión sexual vinculada a la cultura en lugar de clasificarlo como un problema médico, sexual o psicológico. Propone enfocarse en los escenarios culturales y narrativas sociales prescritas sobre la sexualidad, donde incentivan a las mujeres a retrasar o negar el sexo por temor al embarazo, o las juzgan como mujeres “baratas” o donde el sexo es inaceptable antes del matrimonio en su religión (Ng, 2010 citado en Cisternas, 2015).

Después de saber todo esto, podemos concluir que se deben tomar en cuenta múltiples factores que contribuyen al desarrollo del vaginismo y los principales son los socioculturales, donde se ve reflejado el machismo y la misoginia arraigada que engloba muchas áreas de la interacción humana.

Comenzar a plantear el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una respuesta social normal o adaptativa en culturas más tradicionales y conservadoras es adecuado y pertinente para el abordaje de esta condición que afecta a miles de mujeres en todo el mundo.

Referencias:

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5. APA 5a edición. Editorial Médica Panamericana.

Cisternas, M. (2015). Sexualidad y Cuerpo en Relatos de Mujeres con Vaginismo [Tesis de maestría, Universidad de Chile]. Repositorio institucional – Universidad de Chile.

Moynihan R. (2005). The marketing of a disease: female sexual dysfunction. BMJ (Clinical research ed.), 330(7484), 192–194. https://doi.org/10.1136/bmj.330.7484.192

Rabinowitz D, Lowenstein L, Gruenwald I. (2017). Fear of Vaginal Penetration in the Absence of Pain as a Separate Category of Female Sexual Dysfunction: A Conceptual Overview. Rambam Maimonides Med J. 8(2). Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5415362/

Sánchez Bravo, C., Carreño Meléndez, J., Corres Ayala, N., & Henales Almaraz, C. (2010). Perfiles e indicadores psicológicos relacionados con la dispareunia y el vaginismo. Estudio cuantitativo. Primera parte. Salud mental, 33(4), 347-353. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252010000400007& lng=es&tlng=es

Spengler González, L. M., de Dios Blanco, E., Roque Ortega, L., & Maurisset Moraguez, D. (2020). Dispareunia y vaginismo, trastornos sexuales por dolor. Revista Cubana de Medicina Militar, 49(3), 1–22.

Sexualidad y Discapacidad

Por Clarisa Ursúa

El derecho a ejercer una vida sexual plena en las personas con discapacidad ha sido un tema poco abierto a discusión, y en la actualidad los temas relacionados con la sexualidad de esta población siguen siendo controversiales. Por ejemplo, siguen existiendo cuestiones de esterilización y el derecho a tener relaciones sexuales y a tener hijos que están, generalmente, influidas por una fuerte carga emocional debido a las implicaciones sociales y afectivas que han sido impuestas tanto a las personas con discapacidad como a las familias de las mismas. Algunos de los factores que pueden llegar a influir en las actitudes hacia la sexualidad en personas con discapacidad son: grado de discapacidad, edad, nivel de educación, religión y género (Wolfe, 1997). 

Las personas con discapacidad han permanecido en una de las minorías a las cuales se les ha negado toda posibilidad de satisfacer sus necesidades afectivas y sexuales. Por ello, es esencial que se tenga una mirada de integración y normalización de la educación al trabajar con temas de sexualidad y de relaciones interpersonales. Esto con el fin de respetar el derecho que toda persona tiene y que nadie debe privar (Mayoral, 2006). 

La sexualidad es un impulso vital y esencial para el desarrollo y ajuste de la personalidad. Todos los seres vivos la poseen y cada uno tiene la posibilidad de vivirla a su manera. Debemos de incorporar actitudes, información objetiva y desmitificar mitos sobre las necesidades sexuales de las personas con discapacidad (Gil, 2003). También, la sexualidad es un aspecto fundamental en la vida de todas las personas desde una temprana edad y hasta los últimos años de vida; nos permite ser, reconocernos con el otro y con nosotros mismos (ASDRA, 2021). 

A lo largo del tiempo, a las personas con discapacidad no se les reconoce como personas con identidad sexual propia, negando la posibilidad de resolver sus necesidades afectivas y sexuales (Sarramona, 1992). La mayoría de los programas que se han desarrollado sobre este tema están enfocados en informar y evitar peligros, más que a educar para vivir su sexualidad. Lo anterior nos habla sobre las resistencias que surgen por aceptar un enfoque positivo en la educación sexual por miedos irracionales alrededor de que las personas con discapacidad ejerzan libremente su sexualidad.  (Sarramona, 1992). (Amor, 1997)

Los mitos impactan negativamente sobre la sexualidad de una persona con discapacidad porque se invisibiliza y se silencia la diversidad, al igual que se considera peligrosa e innecesaria la educación sexual, lo que causa que se reprima, se evite y se limite el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. A pesar de que actualmente cada vez más se habla con naturalidad se la sexualidad en las personas con discapacidad, es esencial que se vea a todas las personas como dignas de deseos, sueños propios y fantasías; la realidad es que las personas con discapacidad no tienen un mundo diferente, los besos y las caricias son los mismos para todos. La sexualidad de las personas con discapacidad no es mejor ni peor que la de las demás personas, simplemente su propia sexualidad y se expresa en la manera en la cual cada quien la viva y la experimente. (ASDRA, 2021). 

La asistencia sexual es un tipo de trabajo sexual el cual presta apoyo para pdoer acceder sexualmente al propio cuerpo o al de una pareja. La persona con el rol de asistente no es alguien con quien se tiene sexo, sino que apoya a otras personas a tener sexo con otras personas o a autoexplorarse eróticamente a unas mismas. La persona que recibe la asistencia decide en qué y cómo recibe el apoyo, con el fin de propiciar la autonomía y la autoexploración. La asistencia sexual puede llegar a ser un apoyo para las personas con discapacidad con el fin de ayudarlos en tareas que no puedan hacer por sí mismos como explorar su cuerpo, explorar movimientos y/o posiciones en prácticas sexuales con otra persona o consigo misma. Es indispensable comentar que la persona que otorgue la asistencia sexual no accede sexualmente al cuerpo de la persona asistida, no tiene entre sus tareas a producir la excitación, su intervención solo es instrumental (Asistencia Sexual, 2021)

Es importante cambiar la mirada y mirar a las personas con discapacidad con derecho a: 

  • Tener información integral y objetiva.
  • Contar con una educación sexual integral.
  • Expresar su sexualidad
  • Elegir libremente a su pareja
  • Derecho a una vida sexual independiente
  • Derechos sexuales y reproductivos – esterilización 

Para lograr respetarlos debemos de poder ver más allá de su discapacidad y tomarlos en cuenta con base en la etapa del desarrollo por la cual estén pasando: ya sea niñez, adolescencia, adultez o vejez; no son niños en cuerpos de adulto. Por ello, es importante facilitarles un espacio para reflexionar, pensar acerca de ellos mismos, sobre sus sentimientos, a la par de propiciar un desarrollo cognitivo y autónomo; con el fin de que la sexualidad forme parte de su vida autónoma. La autonomía conlleva otorgarles a todas las personas con discapacidad su derecho de decidir qué hacer con su cuerpo, con quién quieren estar, cuándo, cómo y dónde. 

(ASDRA, 2021). 

¿Has escuchado alguno de estos mitos? ¡Aquí te contamos la realidad!

  1. Las personas con discapacidad no tienen sexualidad, no les interesa, son asexuados, “son niños eternos” “son niños en cuerpos de adultos”

Realidad: Tienen intereses, deseos, ilusiones, fantasías y necesidad de vínculos afectivos. Al igual que una capacidad de enamorarse, de sentirse atraídos como todos.

  1. La educación sexual y afectiva integral incita e incrementa las conductas sexuales. 

Realidad: La educación sexual y reproductiva es un derecho que, en muchos casos, se les niega a las personas con discapacidad. Lo que en realidad podría causar el incremento en embarazos no deseados, las infecciones de transmisión sexual, los conflictos y hasta los abusos es la falta de oportunidades que tienen las personas con discapacidad para aprender a relacionarse afectivamente de una manera saludable. 

  1. No tienen capacidad para captar el abuso o acoso sexual.

Realidad: Debido a la visión pasiva que se tiene sobre las personas con discapacidad y al “infantilismo” y “falta de interés” que se les atribuye, se cree que son particularmente vulnerables al abuso. Sin embargo, esto se puede llegar a deber a la falta de educación sexual, afectiva y a la sumisión y dependencia que en muchas ocasiones tienen con terceros. Las personas con discapacidad sí son capaces de evitar relaciones sexuales no deseadas, al igual que de tenerlas de manera consensuada, deseada y satisfactoria. 

¿Qué podemos hacer como padres, profesionales o acompañantes?

  • Mostrarnos abiertos y con disposición a hablar sobre el tema. 
  • Informar sobre qué prácticas sexuales o expresiones de afecto se pueden realizar en público y cuáles en el ámbito privado.
  • Enseñar la diferencia entre un contacto consensuado y uno abusivo. 
  • Motivarlos a expresar sus gustos y preferencias. 
  • Hablar con ellos sobre las posibilidades y no solamente desde la prevención de riesgos; trabajando desde prácticas de higiene, saludables y seguras en torno de la educación sexual y reproductiva. 

(ASDRA, 2021). 

Bibliografía 

Mayoral, R., López, F & Morentin, R. (2006). Afectividad y sexualidad en personas con discapacidad intelectual. Una propuesta de trabajo. Siglo Cero: Revista Española sobre Discapacidad Intelectual, 37, pp. 23-40.

Amor, J.R. (1997). Afectividad y Sexualidad en la Persona con Deficiencia Mental. Madrid: Universidad Pontificia Comillas. 

Sarramona, J.D. (1992). Cómo educar la sexualidad en la escuela. Barcelona: CEAC. 

Rodríguez Mayoral, J. M.  Morentin, Ricardo  Arias, B.  López Sánchez, Félix

Siglo Cero. Revista Española sobre Discapacidad Intelectual Vol. 37 Núm. 217 Pág. 23-40

Morales, G. et al. (2011). Actitudes hacia la sexualidad de las personas con discapacidad intelectual. Ciencia UANL, 4, pp. 436-444.

Asistencia Sexual. (2021). Asistencia Sexual: tus manos mis manos. de Asistencia Sexual Sitio web: https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual/

Reproducción asistida

por Regina Rojas Díaz

¿Algunas vez has escuchado hablar sobre la fecundación in vitro?

Antes de adentrarnos en el tema es importante definir qué es la infertilidad. Se denomina infertilidad a la incapacidad de procrear después de 12 meses de intentarlo. Según Dávalos (2010), esta es una situación que afecta alrededor del 15% de las parejas a nivel global, debido a esto se ha fomentado la investigación de nuevos métodos para procrear, siendo uno de ellos la fecundación in vitro.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la fecundación in vitro se define como la técnica de reproducción asistida que involucra la fecundación extracorpórea. Esta técnica “consiste en la estimulación ovárica controlada mediante medicamentos aplicados a la mujer con la intención de obtener múltiples folículos; los cuales contienen los ovocitos que posteriormente serán aspirados vía vaginal” (Bagnarello González, s.f.).

Cabe destacar que estos ovocitos serán fertilizados en el laboratorio para después seleccionarlos e introducirlos en la cavidad uterina de la paciente.

Sin embargo, para poder llevar a cabo la fecundación in vitro (FIV) es necesario realizar una evaluación previa para determinar si la pareja es candidata a dicho procedimiento. En esta evaluación se incluyen: estudios de semen, evaluación del tracto reproductivo femenino, ecografía transvaginal y pruebas para determinar la reserva ovárica (Dávalos, 2010).

Es importante mencionar que los resultados de estas pruebas ayudarán a brindar un mejor pronóstico para decidir cuál es el tratamiento en el que la pareja tendrá mayores posibilidades de embarazo.

De acuerdo con Zárate, A. et al (2012), la fecundación in vitro ha conseguido cerca de cinco millones de nacimientos hasta la actualidad. Siendo Louise Brown el primer caso exitoso en julio de 1978, con los doctores Patrick Steptoe, Robert Edwards y Jean Purdy, obteniendo por ello el premio Nobel de Fisiología/Medicina a Robert Edwards en el 2010.

Al igual que cualquier procedimiento médico, la FIV tiene ventajas y desventajas. Algunas ventajas son: las tasas de éxito para mujeres menores de 35 años son altas, se puede observar la evolución día a día (garantiza una mejor calidad embrionaria) y al realizarse el diagnóstico genético preimplantacional permite la transferencia de embriones genéticamente sanos.

Las desventajas son: el costo es elevado. La hiperestimulación ovárica puede ocasionar embarazos múltiples y el parto puede ser pretérmino (Zárate et al, 2012).

Ahora bien, la fecundación in vitro ha sido tema de varios debates, pues existen personas con posturas conservadoras y liberales. Conforme a lo estipulado por Trevizo (2014), la postura conservadora se centra en los riesgos para la gestante y el nacido; “argumentando en contra de la posible manipulación genética de los embriones a implantar y la ausencia de confidencialidad”. Además de considerar este tipo de técnica deshumanizante, pues “se juega a ser Dios”.

En contraparte, la postura liberal se enfoca en la decisión de cada individuo, en la libertad reproductiva y el proyecto tanto individual como de pareja. Para esto, “es necesaria la tolerancia a la innovación y el respeto a la decisión individual en el uso de las tecnologías de reproducción”, sostiene Trevizo (2014). En otras palabras, cada individuo tiene el derecho de ejercer su libertad reproductiva.

El Instituto Valenciano de Infertilidad (2021) propone los siguientes pasos para llevar a cabo la fecundación in vitro. En la primera consulta los médicos evalúan a la paciente, analizan su historial médico y realizan estudios ginecológicos y del semen de la pareja con el objetivo de obtener un diagnóstico personalizado.

Posteriormente, se realiza la estimulación ovárica, la cual consiste en administrar inyecciones diarias a la paciente durante 15 a 25 días para conseguir un crecimiento multifolicular. A lo largo de este proceso, también se tomarán ecografías y estudios de sangre para ver el avance e inducir la maduración de los óvulos.

El tercer paso es la punción. Un procedimiento que se realiza en el quirófano (con sedación) y en el cual, el doctor accede a los ovarios desde la cavidad vaginal para punzar todos los folículos. El líquido de cada uno es el que contiene los óvulos que más adelante se pondrán a fecundar en el laboratorio. Aquí la paciente requiere de un corto periodo de reposo.

Después, se realiza la fecundación in vitro de los óvulos (con el semen de la pareja o el donante). En este paso se depositan los óvulos en las gotas de semen en una placa de cultivo.

En el quinto paso se lleva a cabo el cultivo embrionario, que dura entre 5 y 6 días. Aquí se observa y analiza el desarrollo del embrión en cada una de sus fases para evaluar su calidad; y así determinar cuáles son los adecuados para lograr un embarazo.

A continuación, se realiza la transferencia del “mejor embrión”. Este paso se realiza en el quirófano con la preparación previa del útero para recibir al embrión (el cual es introducido por medio de una cánula). El procedimiento es ambulatorio, por lo que no requiere de anestesia.

Posteriormente, se lleva a cabo la vitrificación de los embriones restantes. Lo que hace referencia a la preservación del resto de los embriones “buenos” para poder utilizarlos en un futuro.

El último paso, consiste en la prueba de embarazo en sangre. La cual suele realizarse 15 días después de la transferencia, para verificar que el resultado sea positivo.

De acuerdo con Grande (2018), el precio de la FIV oscila entre los 70 mil y 75 mil pesos en promedio. Pero este puede duplicarse en caso de requerir otro tipo de diagnósticos y procedimientos, como la donación de óvulos o espermatozoides.

Para concluir, Mata Miranda & Vázquez Zapién (2018) explican: “podremos emitir opiniones desde múltiples contextos, pero no entenderemos la situación completamente mientras no comprendamos el problema integral, como es el deseo de la maternidad-paternidad. Por lo que es importante orientar a la sociedad en cuanto a los avances científicos y tecnológicos, quitando los estigmas innecesarios, pero manteniendo la ética y el humanismo”.

Referencias:

Bagnarello González, F. (s.f). Fertilización in vitro: conceptualización. Corte Interamericana de Derechos Humanos. 205-247. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://www.corteidh.or.cr/tablas/r34626.pdf.

Grande, G. (2018). Fertilización in vitro, el precio de ser mamá. Milenio. Recuperado en 14 de junio de 2021, de https://www.milenio.com/negocios/finanzas-personales/fertilizacion-in-vitro-el-precio-de-ser-mama

Instituto Valenciano de Infertilidad . (2021). Fecundación In Vitro (FIV). 16/06/2021, de Instituto Valenciano de Infertilidad Sitio web: https://ivi.es/tratamientos-reproduccion-asistida/fecundacion-in-vitro/

Dávalos, L. (2010). In vitro fertilization: benefits, risks, and future. Revista Científica Ciencia Médica. 13(2), 77-80. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1817-74332010000200006&lng=es&tlng=en.

Mata Miranda, M., & Vázquez-Zapién, G. (2018). La fecundación in vitro: Louise Brown, a cuatro décadas de su nacimiento. Revista de Sanidad Militar. 72(5-6), 363-365. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0301-696X2018000400363&lng=es&tlng=es.

Trevizo, A. (2014). Dilemas bioéticos en torno a la fertilización in vitro (FIV) y la mujer gestante: hacia la figura de un consejero reproductivo. Acta Bioética. 20(2), 181-187. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://dx.doi.org/10.4067/S1726-569X2014000200005.

Zárate, A., Manuel, L., Hernández-Valencia, M. et al. (2012). Análisis de las implicaciones médicas de la fertilización in vitro. Acta Médica Grupo Ángeles. 10(4), 176-180.

Reproducción asistida

Por Regina Rojas Díaz

¿Algunas vez has escuchado hablar sobre la fecundación in vitro?

Antes de adentrarnos en el tema es importante definir qué es la infertilidad. Se denomina infertilidad a la incapacidad de procrear después de 12 meses de intentarlo. Según Dávalos (2010), esta es una situación que afecta alrededor del 15% de las parejas a nivel global, debido a esto se ha fomentado la investigación de nuevos métodos para procrear, siendo uno de ellos la fecundación in vitro.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la fecundación in vitro se define como la técnica de reproducción asistida que involucra la fecundación extracorpórea. Esta técnica “consiste en la estimulación ovárica controlada mediante medicamentos aplicados a la mujer con la intención de obtener múltiples folículos; los cuales contienen los ovocitos que posteriormente serán aspirados vía vaginal” (Bagnarello González, s.f.).

Cabe destacar que estos ovocitos serán fertilizados en el laboratorio para después seleccionarlos e introducirlos en la cavidad uterina de la paciente. Sin embargo, para poder llevar a cabo la fecundación in vitro (FIV) es necesario realizar una evaluación previa para determinar si la pareja es candidata a dicho procedimiento. En esta evaluación se incluyen: estudios de semen, evaluación del tracto reproductivo femenino, ecografía transvaginal y pruebas para determinar la reserva ovárica (Dávalos, 2010).

Es importante mencionar que los resultados de estas pruebas ayudarán a brindar un mejor pronóstico para decidir cuál es el tratamiento en el que la pareja tendrá mayores posibilidades de embarazo.

De acuerdo con Zárate, A. et al (2012), la fecundación in vitro ha conseguido cerca de cinco millones de nacimientos hasta la actualidad. Siendo Louise Brown el primer caso exitoso en julio de 1978, con los doctores Patrick Steptoe, Robert Edwards y Jean Purdy, obteniendo por ello el premio Nobel de Fisiología/Medicina a Robert Edwards en el 2010.

Al igual que cualquier procedimiento médico, la FIV tiene ventajas y desventajas. Algunas ventajas son: las tasas de éxito para mujeres menores de 35 años son altas, se puede observar la evolución día a día (garantiza una mejor calidad embrionaria) y al realizarse el diagnóstico genético preimplantacional permite la transferencia de embriones genéticamente sanos.

Las desventajas son: el costo es elevado. La hiperestimulación ovárica puede ocasionar embarazos múltiples y el parto puede ser pretérmino (Zárate et al, 2012).

Ahora bien, la fecundación in vitro ha sido tema de varios debates, pues existen personas con posturas conservadoras y liberales. Conforme a lo estipulado por Trevizo (2014), la postura conservadora se centra en los riesgos para la gestante y el nacido; “argumentando en contra de la posible manipulación genética de los embriones a implantar y la ausencia de confidencialidad”. Además de considerar este tipo de técnica deshumanizante, pues “se juega a ser Dios”.

En contraparte, la postura liberal se enfoca en la decisión de cada individuo, en la libertad reproductiva y el proyecto tanto individual como de pareja. Para esto, “es necesaria la tolerancia a la innovación y el respeto a la decisión individual en el uso de las tecnologías de reproducción”, sostiene Trevizo (2014). En otras palabras, cada individuo tiene el derecho de ejercer su libertad reproductiva.

El Instituto Valenciano de Infertilidad (2021) propone los siguientes pasos para llevar a cabo la fecundación in vitro. En la primera consulta los médicos evalúan a la paciente, analizan su historial médico y realizan estudios ginecológicos y del semen de la pareja con el objetivo de obtener un diagnóstico personalizado.

Posteriormente, se realiza la estimulación ovárica, la cual consiste en administrar inyecciones diarias a la paciente durante 15 a 25 días para conseguir un crecimiento multifolicular. A lo largo de este proceso, también se tomarán ecografías y estudios de sangre para ver el avance e inducir la maduración de los óvulos.

El tercer paso es la punción. Un procedimiento que se realiza en el quirófano (con sedación) y en el cual, el doctor accede a los ovarios desde la cavidad vaginal para punzar todos los folículos. El líquido de cada uno es el que contiene los óvulos que más adelante se pondrán a fecundar en el laboratorio. Aquí la paciente requiere de un corto periodo de reposo.

Después, se realiza la fecundación in vitro de los óvulos (con el semen de la pareja o el donante). En este paso se depositan los óvulos en las gotas de semen en una placa de cultivo.

En el quinto paso se lleva a cabo el cultivo embrionario, que dura entre 5 y 6 días. Aquí se observa y analiza el desarrollo del embrión en cada una de sus fases para evaluar su calidad; y así determinar cuáles son los adecuados para lograr un embarazo.

A continuación, se realiza la transferencia del “mejor embrión”. Este paso se realiza en el quirófano con la preparación previa del útero para recibir al embrión (el cual es introducido por medio de una cánula). El procedimiento es ambulatorio, por lo que no requiere de anestesia.

Posteriormente, se lleva a cabo la vitrificación de los embriones restantes. Lo que hace referencia a la preservación del resto de los embriones “buenos” para poder utilizarlos en un futuro.

El último paso, consiste en la prueba de embarazo en sangre. La cual suele realizarse 15 días después de la transferencia, para verificar que el resultado sea positivo.

De acuerdo con Grande (2018), el precio de la FIV oscila entre los 70 mil y 75 mil pesos en promedio. Pero este puede duplicarse en caso de requerir otro tipo de diagnósticos y procedimientos, como la donación de óvulos o espermatozoides.

Para concluir, Mata Miranda & Vázquez Zapién (2018) explican: “podremos emitir opiniones desde múltiples contextos, pero no entenderemos la situación completamente mientras no comprendamos el problema integral, como es el deseo de la maternidad-paternidad. Por lo que es importante orientar a la sociedad en cuanto a los avances científicos y tecnológicos, quitando los estigmas innecesarios, pero manteniendo la ética y el humanismo”.

Referencias:

Bagnarello González, F. (s.f). Fertilización in vitro: conceptualización. Corte Interamericana de Derechos Humanos. 205-247. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://www.corteidh.or.cr/tablas/r34626.pdf.

Grande, G. (2018). Fertilización in vitro, el precio de ser mamá. Milenio. Recuperado en 14 de junio de 2021, de https://www.milenio.com/negocios/finanzas-personales/fertilizacion-in-vitro-el-precio-de-ser-mama

Instituto Valenciano de Infertilidad . (2021). Fecundación In Vitro (FIV). 16/06/2021, de Instituto Valenciano de Infertilidad Sitio web: https://ivi.es/tratamientos-reproduccion-asistida/fecundacion-in-vitro/

Dávalos, L. (2010). In vitro fertilization: benefits, risks, and future. Revista Científica Ciencia Médica. 13(2), 77-80. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1817-74332010000200006&lng=es&tlng=en.

Mata Miranda, M., & Vázquez-Zapién, G. (2018). La fecundación in vitro: Louise Brown, a cuatro décadas de su nacimiento. Revista de Sanidad Militar. 72(5-6), 363-365. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0301-696X2018000400363&lng=es&tlng=es.

Trevizo, A. (2014). Dilemas bioéticos en torno a la fertilización in vitro (FIV) y la mujer gestante: hacia la figura de un consejero reproductivo. Acta Bioética. 20(2), 181-187. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://dx.doi.org/10.4067/S1726-569X2014000200005.

Zárate, A., Manuel, L., Hernández-Valencia, M. et al. (2012). Análisis de las implicaciones médicas de la fertilización in vitro. Acta Médica Grupo Ángeles. 10(4), 176-180.