Empecemos a desintoxicar nuestras relaciones

Por: Isaac Guzmán Vázquez.

Todos hemos escuchado alguna vez a un amigo o a un familiar hablar de relaciones tóxicas, pero es igual de importante hablar de relaciones sanas. Éstas últimas se confunden a menudo con relaciones perfectas, es decir, en las que no existen defectos o debilidades en ambas partes. Como sabemos, estas relaciones ideales no existen por el simple hecho de que las personas no somos perfectas. Sin embargo, si la pareja está interesada en dedicarle tiempo a atender sus dificultades, la relación podría llegar a clasificarse como saludable. 

¿Qué es una relación tóxica?

Se trata de una relación en donde una o ambas partes sufren en vez de disfrutar del hecho de estar juntos. La pareja se ve sumergida en un gran desgaste emocional por tratar de salvar la relación constantemente.

¿De dónde surgen las relaciones tóxicas?

Son diversas las causas por las que podemos mantener una relación tóxica a pesar de saber que nos está haciendo daño. Las siguientes son las más comunes: baja autoestima, creer que somos la solución a los problemas de nuestra pareja, pensarnos a nosotros mismos como las víctimas de la relación, dependencia emocional, miedo a la soledad y miedo al futuro.

Las relaciones familiares también juegan un papel fundamental en el desarrollo del individuo. En este sentido, los padres han sido reconocidos como los principales protagonistas y la familia como el escenario primario de socialización del niño. Distintos modelos teóricos, como el aprendizaje social, el modelo cognitivo conductual, la teoría de los sistemas de familia o los modelos bio-conductuales, les conceden un gran poder explicativo a las variables familiares en la predicción del desarrollo cognitivo, físico y social de los hijos, así como a su bienestar. Distintas teorías sobre la socialización del niño defienden la existencia de una fuerte asociación entre el tipo de relaciones padres-hijos existente en la familia y el desarrollo de problemas en los hijos. Aunque hay pruebas de que las interacciones coercitivas entre padres e hijos pueden dar lugar al desarrollo de conductas agresivas y antisociales en otros contextos, especialmente en el caso de los varones, fue a partir de la década de los noventa cuando los investigadores comenzaron a interesarse por los mecanismos a través de los cuales las experiencias de los niños dentro de sus familias impactan en su conducta y estatus entre los iguales a corto y largo plazo (Dishion, 1990).

Dado que el matrimonio forma parte del sistema familiar en el que se encuentra el niño, le puede influir directamente y suministra un contexto que facilita o perjudica su crianza, ejerciendo también de este modo una influencia indirecta (Grych, Raynor y Fosco, 2004). Los investigadores coinciden en señalar que existe una relación entre disfunción matrimonial y mala adaptación de los hijos, siendo los conflictos matrimoniales, y sobre todo la percepción del niño de estos, los que presentan una relación más fuerte y consistente con su adaptación (Cortés, 2007).

Las agresiones entre los padres también aumentan el riesgo de que los hijos desarrollen posteriormente unas relaciones de pareja inadecuadas o tóxicas. Por ejemplo, los resultados de Maker, Kemmelmeir y Peterson (1998) indicaban que las universitarias que habían estado expuestas a las agresiones presentaban una peor adaptación a largo plazo, experimentando más violencia en las relaciones de pareja y unos niveles superiores de comportamiento antisocial y más síntomas depresivos y traumáticos. Los adolescentes que presencian en su hogar los conflictos hostiles o la violencia familiar pueden estar aprendiendo formas de expresar la cólera que supongan un mayor riesgo de utilizar la violencia con sus parejas, actuando de forma controladora, hostil y abusiva.

¿Qué es una relación sana?

Una relación sana o de mantenimiento no es aquella en la cual no existen problemas ni desencuentros. Incluso, en una relación sana puede haber las mismas o más dificultades que en una relación tóxica. Lo que las diferencia es que, en la sana, la pareja promueve de manera activa conductas designadas para continuar la relación, para prevenir su declive o para repararla y restablecerse (Stafford, 1994).

Canary y Dainton (2009) concuerdan en que existen al menos cinco formas de definir el mantenimiento dentro de una relación:

• La primera definición hace referencia a que el mantenimiento implica la estabilidad y cuidado de la relación, es decir, el mantenimiento se refiere a las conductas que ayudan a que una relación se mantenga a través del tiempo.

• La segunda definición envuelve el deseo de las características que debe tener una relación. Esta definición implica que no es suficiente tener una relación estable sino que implica mantener una alta calidad en la relación, por ejemplo, el hecho de que la relación está caracterizada por la satisfacción, el compromiso, la confianza, el amor y el apoyo.

• La tercera visión implica no sólo las conductas sino cómo las personas reparan la relación cuando se presenta algún daño. Esta visualización implica que no se dan conductas de mantenimiento en la relación hasta que son necesarias las reparaciones.

• La cuarta definición implica mantener la relación en una condición específica. Es decir, bajo un tipo de relación e intimidad específica, por ejemplo, los amigos platónicos que desarrollan conductas de mantenimiento en una interacción no sexual.

• Finalmente, se da una perspectiva dialéctica, donde las conductas de mantenimiento son vistas como una adaptación al cambio inherente a cada relación.

¿De dónde provienen las relaciones sanas?

De acuerdo con Fromm (2007), para que una relación sea satisfactoria y benéfica para ambas partes, debe implicar ciertos elementos básicos interrelacionados que se adquieren desde la infancia. Éstos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

El cuidado se entiende como una preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, se concluye que no hay amor en la pareja.

El cuidado y la preocupación implican otro elemento de las relaciones sanas: el de la responsabilidad. Hoy en día se suele usar ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye la respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser “responsable” significa estar listo y dispuesto a “responder”.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente de las relaciones sanas, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia, denota la capacidad de ver a una persona tal cual es y tener conciencia de su individualidad única. Respetar a alguien es querer que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme.

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento estaría vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento, el que constituye un aspecto del amor sano no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta lo más profundo.

El antídoto

El antídoto de las relaciones tóxicas es resultado de ver al amor no sólo como una relación personal, sino como un rasgo de madurez que se manifiesta en diversas formas: amor erótico, amor fraternal, amor filial, amor a uno mismo, etcétera. El amor no es algo pasajero y mecánico, como a veces nos induce a creer la sociedad de hoy. Muy al contrario, el amor es un arte, el fruto de un aprendizaje construido a lo largo de la vida. Por ello, si queremos aprender a amar, debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte (con su parte teórica y práctica), ya sea música, pintura, carpintería o el arte de la medicina (Fromm, 2007).  

Referencias

  • Canary, D. y Dainton, M. (2009). Maintaining Relationships. Los Angeles: SAGE.
  • Cortés Arboleda, M.R. (2007). Adaptación de la pareja, conflictos matrimoniales y problemas de conducta de los hijos. Madrid: Pirámide.
  • Dishion, T. (1990). The peer context of troublesome child and adolescent behavior. Newbury Park, CA: Sage.
  • Fromm, E. (2007). El arte de amar. México: Paidós.
  • Grych, J., Raynor, S. y Fosco, G. (2004). Family processes that shape the impact of interparental conflict on adolescents. Development and Psychopathology, 16, 649–665.
  • Maker, A., Kemmelmeier, M. y Peterson, C. (1998). Long-term psychological consequences in women of witnessing parental physical conflict and experiencing abuse in childhood. Journal of Interpersonal Violence, 13, 574-589.
  • Oudererk, B., Blachman-Demner, D. y Mulford, C. (2014). Teen dating violence: How peers can affect risk & protective factors. Washington, DC: U.S. Department of Justice.
  • Stafford, L. (1994). Communication and relational maintenance. San Diego: Academic Press.

¿Viernes de qué?: Riesgos de la asfixia erótica

Por María Moreno

Existe un universo de prácticas sexuales, que son diversas para cualquier gusto; no obstante, pueden existir comportamientos sexuales de riesgo que están asociadas a consecuencias negativas sociales y de salud, como es el caso de la asfixia o hipoxia erótica. 

La asfixia erótica es la práctica sexual donde se impide la respiración propia o la de la pareja con el fin de incrementar placer durante el orgasmo. Se tienen registros de dicha práctica desde varios años atrás en culturas de esquimales y pueblos asiáticos; asimismo tiene influencias de otras prácticas sexuales como el BDSM y el masoquismo, incluso Marqués de Sade describió la asfixia erótica en su novela “Justine” y actualmente también es conocida como “breathplay”. 

Ya sea en pareja o individual existen muchas técnicas para disminuir la cantidad de oxígeno, va desde apretando el cuello con las manos, cuerdas, corbatas, cinturones o hasta la inhalación de gases asfixiantes. La idea principal es el goce y dolor que es provocado durante la actividad sexual, aunque realmente el aumento de placer se debe a la falta de oxígeno que eleva niveles de CO2 provocando que se multipliquen sensaciones. 

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría ha considerado la hipoxia erótica como una parafilia, e incluso las personas que la practican compulsivamente se le ha denomiado como asfixiofílicos. 

Es una práctica de riesgo puesto que algunas de sus consecuencias es el vértigo, mareo, daños irreversible, aumento de retención de dióxido de carbono que provoca fallas en mecanismo de escape que muchas veces termina con la vida de la persona. Se desconoce el número exacto de las muertes por la asfixia erótica, puesto que muchas veces se queda como algo “secreto” u “oculto”. 

Existen registros desde el año 2016 en donde los habitantes de la Ciudad de México practicaban la asfixia erótica, durante ese mismo año la PGJDF contabilizó 15 muertes debido a la práctica sexual. Actualmente para México es complicado tipificar los casos registrados, puesto que a pesar de que se espera un consenso mutuo muchas veces puede ser considerado como un homicidio culposo. 

Como se mencionó anteriormente, debido a la falta de oxígeno al cerebro se recibe información contradictoria donde el sufrimiento se siente placentero, y el principal problema es que es difícil diferenciar el placer y dolor. 

No existe algún manual o libro que ayude o facilite la asfixia erótica, por lo que no hay un nivel de fuerza/opresión, tiempo de asfixia, ni conocimiento de síntomas a los que debemos tomar en cuenta, además de reconocer las diferencias personales de umbral de dolor y resistencia. 

Como cualquier otra práctica sexual es muy importante conocer los riesgos de ella y saber cómo puedes disfrutar del placer de manera segura, también es sumamente importante la comunicación de tu pareja y conocer los límites de cada uno. Existen muchas otras prácticas y técnicas sexuales que intensifican el placer sin poner en riesgo nuestra vida, es tarea de cada uno de nosotros conocernos y saber qué nos gusta y ponerlo en práctica. 

Referencias: 

¿Y tú complaces a las normas o a tus deseos?

Escrito por: Ana Paula Villazón

¿Tener relaciones sexuales nos hace sentir mejor? ¿Por qué en ocasiones se percibe como algo negativo?

El bienestar de las personas se da cuando se cubren las necesidades más básicas, como lo son los vínculos afectivos y la satisfacción erótica. Mejor conocidos como el amor y el sexo. El deseo sexual es la motivación de buscar placer erótico en el encuentro con el otro, mientas que el amor impulsa al ser humano a buscar vínculos afectivos. A lo largo de la vida el ser humano crea representaciones mentales y es de ahí donde surgen los diferentes estilos de apego.

La teoría del apego se divide en 3 grupos, encuentra con cual te identificas:

  1. Ansioso ambivalente: Se sobre activa el sistema de apego y percibe mayor amenaza, rechazo, protección, celos y una mayor vulnerabilidad a la soledad
  2. Evitante: Se desactiva el sistema de apego, estas personas evitan la intimidad y dentro de sus relaciones hay falta de confianza.
  3. Seguro: Se muestran confiadas, disfrutan de la intimidad y aceptan la dependencia propia.

Sin importan en que grupo te hayas ubicado, es importante tomar en cuenta que La sexualidad está presente a lo largo de toda la vida y va variando a lo largo de las diferentes etapas vitales, en donde debe de existir educación sexual dependiendo la época en la que se encuentre la persona. La sexualidad es englobada por el sexo, el erotismo, el pacer, la identidad de género, la orientación sexual, la intimidad, los vínculos afectivos, el amor y la reproducción. Entendiendo esto, nos damos cuenta que durante el acto sexual se involucran diferentes aspectos y se muestra una parte de la personalidad.

¿Las relaciones sexuales únicamente existen para la reproducción? Si tu respuesta es “no”, te interesará la siguiente información;

Desde hace ya siglos, en las sociedades la sexualidad se ha convertido en una herramienta de control de las personas y sus cuerpos (Weeks, 1998), ya que denominan a los placeres como inmorales. El significado que se le da a la virginidad en la cultura mexicana tiene una a carga excesiva y por lo tanto el placer es controlado por instituciones sociales como: la religión, la ciencia, los pares, etc. y no por un criterio autónomo.

La terapia sexual ha tratado de establecer interacciones que respondan a los deseos y no a las normas. Existe y siempre ha existido un significado social hacia la sexualidad, pero en este Blog nos enfocaremos en hablar sobre la cultura mexicana. La actividad prematrimonial en cuanto al hombre es mencionada como una confirmación de identidad y del estatus social, mientras que en las mujeres es considerado como una enorme falta. Ana Amuchástegui (2005), menciona que mientras la sexualidad esté tan cargada de significados morales o de género, las parejas estarán más preocupadas por las consecuencias sociales de sus actos, que por disfrutar su sexualidad con plenitud.

Lagarde (2003) señala que la sexualidad femenina clasifica a las mujeres en dos grupos “madres” y “golfas” y esto provoca que las mujeres crean estrategias de auto-protección. El apego a estas construcciones varía de acuerdo al origen social y sus antecedentes educativos. Es decir, las personas obedecen, desobedecen o cuestionan estas percepciones, cada una en diferente grado. Pero es importante resaltar como a la mujer la mayoría de las ocasiones no puede mencionar el “placer” y esto las convierte en agentes pasivos durante el acto sexual.

Para Erich Fromm, en ‘Ética y Psicoanálisis’ explica que existen dos tipos de éticas las humanistas y las autoritarias, en donde solo el hombre por sí mismo puede determinar su criterio de virtud y de pecado y no una autoridad. Siendo lo “bueno” aquello que es bueno para el hombre y siendo “malo” lo que es nocivo para el hombre.

Partiendo desde el origen de la biología, Las relaciones sexuales son una necesidad básica para el Ser Humano, las cuales bridan distintos beneficios como la liberación de distintas hormonas como; oxitocina, endorfinas, estrógenos, testosterona, serotonina, prolactina, dopamina, norepinefrina, entre otras. De aquí parte la idea de los sentimientos de euforia durante el acto sexual. Partiendo desde el origen de la biología.

Poniéndolo más claro los beneficios del sexo son los siguientes: baja los niveles de estrés y de ansiedad, disminuye la segregación de cortisol, disminuye la presión arterial, previene el cáncer, mejora el control de la vejiga femenina, entre otras. Como ya revisamos existen diversos beneficios físicos para la salud.

¿Resumimos y concluimos?

Primer punto (y si el más importante) se debe de tener educación sexual desde la niñez, ya que es algo que está presente desde que nacemos, la información debe de ir cambiando de acuerdo a la etapa y las inquietudes que se tengan en determinado momento. Teniendo una educación sexual con la Información correcta y dejar el tabú social y cultural permitirá quitar la visión negativa que se tiene hacia la sexualidad y se abrirá la visión y la decisión será una elección individual y no cultural y/o moral.

Referencias:

  • Gómez Zapiain, J., Ortiz, M. J., & Gómez Lope, J. (1). Sexual experience, attachment styles and types of care in couple relationships. Anales De Psicología / Annals of Psychology, 27(2), 447-456. Retrieved from https://revistas.um.es/analesps/article/view/123081
  • Zapiain, J. (2000). Educación afectivo sexual. Anuario de sexología, 6, 41-56.
  • Fromm, E., Morck, H. F., & de la Fuente, R. (1953). Ética y psicoanálisis. Fondo de Cultura Económica.
  • Montoya Montoya, G. J. (2007). La ética del cuidado en el contexto de la salud sexual y reproductiva. Acta bioethica13(2), 168-175.