Educación sexual: la mejor herramienta para la prevención del abuso sexual

Por: Elizabeth Lozano Rodríguez

¿Qué es el abuso sexual infantil? Mendes y Rojas (2012), explican que es violar, tener contacto genital, acariciar, obligar a ver actividades sexuales de otros, o hacer peticiones de índole sexual, a cualquier niño/a o adolescente. Esta conducta la puede hacer un mayor de edad o un mismo menor de edad, ya que puede ser cinco años más grande o encontrarse en una posición de poder, para considerarse abuso. 

El abuso sexual infantil, es una problemática que ha ido incrementando en los últimos años. Según las estadísticas, México es el país número uno, con alrededor de 4.5 millones de víctimas al año. Cabe mencionar, que no se sabe realmente cuantos infantes han vivido esta situación, únicamente se reporta 1 de 10 casos. 

▲ El abuso sexual se manifiesta en los dibujos elaborados por la víctima.

En nuestro país, existe el Protocolo para la Prevención del Abuso Sexual a Niñas, Niños y Adolescentes. Este explica a los lectores:  la forma de detectar si algún niño/a o adolescente está siendo abusado sexualmente, cómo abordar el tema, etapas del abuso dentro de la familia, consecuencias, y cómo denunciar los hechos. 

Así son la mayoría de los programas de prevención alrededor del mundo. ¿No es extraño querer enseñarles a los niños cómo evitar el abuso sexual, sin hablarles de sexualidad?. Se debe de conocer qué es la sexualidad para entender cuando sufrimos un abuso. 

Algunos factores de protección para evitar el abuso sexual infantil según Deza (2005), son: Reconocer partes del cuerpo, identificar los genitales, reconocer caricias y qué sentimientos les provoca, conocer cómo se manifiesta la sexualidad según la edad, aclarar dudas del funcionamiento sexual (embarazos, menstruación, erección), etc. Si prestamos atención, estos factores hacen referencia al conocimiento de la sexualidad, ya que la desinformación nos hace más vulnerables. 

Como adultos pensamos que la sexualidad es un tema para “mayores”, y esto sucede ya que asociamos la palabra únicamente con el coito pero va mucho más allá. Está se presenta desde el nacimiento hasta la muerte, se expresa mediante el género, el cuerpo, actitudes, pensamientos, y conductas.

Por lo tanto, debemos de abordar la prevención del abuso sexual no solo infantil sino en todos los niveles desde otro punto. Es decir, los programas actuales de nuestro país únicamente se encuentran enfocados en formas aisladas como “dí que no” o “qué es un contacto desagradable”. Hay que implementar otras medidas como (Couwenhoven, 2013): 

Aprender de nuestro cuerpo: 

El cuerpo es de uno mismo y tenemos derecho a decidir con quien compartirlo, deben de comunicar reglas que tienen sobre el mismo, conocer que los genitales son partes privadas y que habrá personas que puedan verlas y tocarlas por salud o más adelante en edad si ellos lo desean. 

Conocer las partes del cuerpo: 

Todas las partes del cuerpo tienen un nombre y una función que los niños deben de saber, incluidos los genitales (deben de conocer los nombres correctos de estos mismos). Muchas veces tendemos a ponerles sobrenombres a estos, y lo único que provocamos es confundir más a los pequeños; además ¿por qué hacerlo? si llamamos a las otras partes u órganos con su nombre formal. 

Reglas de los genitales: 

Deben de saber que estas partes del cuerpo tienen varias funciones, desde biológicas como orinar hasta placenteras. Sin embargo, hay que explicarles que son privadas y que deben de permanecer tapadas cuando hay personas alrededor. Así mismo, conforme se desarrollen se les deberá de explicar la parte placentera de estos y como ellos eligen con quien compartirlo. 

Entender las relaciones con otros: 

Enseñarles qué tipo de relaciones existen, quienes pueden ser sus amigos y quienes no, quienes son sus familiares, o que personas pueden ser otra forma de amor (parejas). Así como, existen ciertas limitaciones según la relación.

Sentimientos sexuales: 

Explicar que se puede tener sentimientos hacia otras personas, dar a conocer que es sano y normal, y cómo expresarlos de la manera correcta. Deben de entender que hay personas con las que no se puede tener relaciones sentimentales (familiares, profesionales o mayores al ser menor de edad). También que ellos deciden cuándo terminar una relación y que permiten dentro de estas. 

Por último, no hay que descartar que dentro de la sexualidad y en la educación de la misma se incluye el placer. Así mismo, es un factor de protección ante el abuso sexual ya que el contacto físico con otro/a es disfrutable. Sin embargo, si el otro está incomodando, lastimando, o causando cualquier otro sentimiento displacentero y se niega a parar lo que está haciendo, se podría considerar una agresión.

En conclusión, debemos de hablar con los niños/as y adolescente acerca de la sexualidad para que ellos al encontrarse en una situación de esta índole puedan identificarlo y actuar. Así mismo, la educación sexual abre las puertas a que se desarrolle confianza con los padres y los menores puedan hablar respecto a las experiencias vividas, creando un entorno de fácil detección ante el abuso sexual. 

Hay que dejar de lado el tabú cultural acerca de la sexualidad, y comenzar a educar a nuestros niños en cuanto a la misma. Esto como un método de prevención efectivo ante cualquier agresión sexual, ya que el estar informados nos brinda herramientas para comprender las experiencias y delimitar qué permitimos y que no. 

Referencias

Martinez, J. (2019). México, primer lugar en abuso sexual infantil, según la OCDE. La Jornada. Recuperado de: https://www.jornada.com.mx/2019/01/06/politica/008n1pol#texto

Martínez, J. Prevención del abuso sexual infantil: Análisis crítico de los programas escolares. Escuela de psicología pontificia Universidad Católica de Chile. Recuperado de: http://www.buentrato.cl/pdf/est_inv/conviv/ce_martinez.pdf

Arredondo, V. (2002). Guía Básica de Prevención del Abuso Sexual Infantil. Corporación ONG Paicabí. Recuperado de: http://www.codajic.org/sites/www.codajic.org/files/Guia_basica_prevencion_del_abuso_sexual_1.pdf

Gil, R. A. (2017). Protocolo de Prevención del Abuso Sexual Infantil a Niñas, Niños y Adolescentes. Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia. Recuperado de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/306450/Protocolo_Prevenci_n_Abuso_Sexual_2017.pdf

Méndez, R. (2012). Abuso sexual infantil: la potencia de los enfoques preventivos. Tend Ret, 1(17), 49-58. 

Deza Villanueva, Sabina (2005). Factores protectores en la prevención del abuso sexual infantil. Liberabit. Revista Peruana de Psicología, 11( ),19-24.[fecha de Consulta 9 de Marzo de 2020]. ISSN: 1729-4827. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=686/68601103

Couwenhoven, T. (2013). La educación sexual es la prevención del abuso sexual. Buenas prácticas, (30), 9-14. Recuperado de: http://riberdis.cedd.net/bitstream/handle/11181/3705/La%20educaci%c3%b3n%20sexual.pdf?sequence=1&rd=0031226359922899

Empecemos a desintoxicar nuestras relaciones

Por: Isaac Guzmán Vázquez.

Todos hemos escuchado alguna vez a un amigo o a un familiar hablar de relaciones tóxicas, pero es igual de importante hablar de relaciones sanas. Éstas últimas se confunden a menudo con relaciones perfectas, es decir, en las que no existen defectos o debilidades en ambas partes. Como sabemos, estas relaciones ideales no existen por el simple hecho de que las personas no somos perfectas. Sin embargo, si la pareja está interesada en dedicarle tiempo a atender sus dificultades, la relación podría llegar a clasificarse como saludable. 

¿Qué es una relación tóxica?

Se trata de una relación en donde una o ambas partes sufren en vez de disfrutar del hecho de estar juntos. La pareja se ve sumergida en un gran desgaste emocional por tratar de salvar la relación constantemente.

¿De dónde surgen las relaciones tóxicas?

Son diversas las causas por las que podemos mantener una relación tóxica a pesar de saber que nos está haciendo daño. Las siguientes son las más comunes: baja autoestima, creer que somos la solución a los problemas de nuestra pareja, pensarnos a nosotros mismos como las víctimas de la relación, dependencia emocional, miedo a la soledad y miedo al futuro.

Las relaciones familiares también juegan un papel fundamental en el desarrollo del individuo. En este sentido, los padres han sido reconocidos como los principales protagonistas y la familia como el escenario primario de socialización del niño. Distintos modelos teóricos, como el aprendizaje social, el modelo cognitivo conductual, la teoría de los sistemas de familia o los modelos bio-conductuales, les conceden un gran poder explicativo a las variables familiares en la predicción del desarrollo cognitivo, físico y social de los hijos, así como a su bienestar. Distintas teorías sobre la socialización del niño defienden la existencia de una fuerte asociación entre el tipo de relaciones padres-hijos existente en la familia y el desarrollo de problemas en los hijos. Aunque hay pruebas de que las interacciones coercitivas entre padres e hijos pueden dar lugar al desarrollo de conductas agresivas y antisociales en otros contextos, especialmente en el caso de los varones, fue a partir de la década de los noventa cuando los investigadores comenzaron a interesarse por los mecanismos a través de los cuales las experiencias de los niños dentro de sus familias impactan en su conducta y estatus entre los iguales a corto y largo plazo (Dishion, 1990).

Dado que el matrimonio forma parte del sistema familiar en el que se encuentra el niño, le puede influir directamente y suministra un contexto que facilita o perjudica su crianza, ejerciendo también de este modo una influencia indirecta (Grych, Raynor y Fosco, 2004). Los investigadores coinciden en señalar que existe una relación entre disfunción matrimonial y mala adaptación de los hijos, siendo los conflictos matrimoniales, y sobre todo la percepción del niño de estos, los que presentan una relación más fuerte y consistente con su adaptación (Cortés, 2007).

Las agresiones entre los padres también aumentan el riesgo de que los hijos desarrollen posteriormente unas relaciones de pareja inadecuadas o tóxicas. Por ejemplo, los resultados de Maker, Kemmelmeir y Peterson (1998) indicaban que las universitarias que habían estado expuestas a las agresiones presentaban una peor adaptación a largo plazo, experimentando más violencia en las relaciones de pareja y unos niveles superiores de comportamiento antisocial y más síntomas depresivos y traumáticos. Los adolescentes que presencian en su hogar los conflictos hostiles o la violencia familiar pueden estar aprendiendo formas de expresar la cólera que supongan un mayor riesgo de utilizar la violencia con sus parejas, actuando de forma controladora, hostil y abusiva.

¿Qué es una relación sana?

Una relación sana o de mantenimiento no es aquella en la cual no existen problemas ni desencuentros. Incluso, en una relación sana puede haber las mismas o más dificultades que en una relación tóxica. Lo que las diferencia es que, en la sana, la pareja promueve de manera activa conductas designadas para continuar la relación, para prevenir su declive o para repararla y restablecerse (Stafford, 1994).

Canary y Dainton (2009) concuerdan en que existen al menos cinco formas de definir el mantenimiento dentro de una relación:

• La primera definición hace referencia a que el mantenimiento implica la estabilidad y cuidado de la relación, es decir, el mantenimiento se refiere a las conductas que ayudan a que una relación se mantenga a través del tiempo.

• La segunda definición envuelve el deseo de las características que debe tener una relación. Esta definición implica que no es suficiente tener una relación estable sino que implica mantener una alta calidad en la relación, por ejemplo, el hecho de que la relación está caracterizada por la satisfacción, el compromiso, la confianza, el amor y el apoyo.

• La tercera visión implica no sólo las conductas sino cómo las personas reparan la relación cuando se presenta algún daño. Esta visualización implica que no se dan conductas de mantenimiento en la relación hasta que son necesarias las reparaciones.

• La cuarta definición implica mantener la relación en una condición específica. Es decir, bajo un tipo de relación e intimidad específica, por ejemplo, los amigos platónicos que desarrollan conductas de mantenimiento en una interacción no sexual.

• Finalmente, se da una perspectiva dialéctica, donde las conductas de mantenimiento son vistas como una adaptación al cambio inherente a cada relación.

¿De dónde provienen las relaciones sanas?

De acuerdo con Fromm (2007), para que una relación sea satisfactoria y benéfica para ambas partes, debe implicar ciertos elementos básicos interrelacionados que se adquieren desde la infancia. Éstos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

El cuidado se entiende como una preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, se concluye que no hay amor en la pareja.

El cuidado y la preocupación implican otro elemento de las relaciones sanas: el de la responsabilidad. Hoy en día se suele usar ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye la respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser “responsable” significa estar listo y dispuesto a “responder”.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente de las relaciones sanas, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia, denota la capacidad de ver a una persona tal cual es y tener conciencia de su individualidad única. Respetar a alguien es querer que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme.

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento estaría vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento, el que constituye un aspecto del amor sano no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta lo más profundo.

El antídoto

El antídoto de las relaciones tóxicas es resultado de ver al amor no sólo como una relación personal, sino como un rasgo de madurez que se manifiesta en diversas formas: amor erótico, amor fraternal, amor filial, amor a uno mismo, etcétera. El amor no es algo pasajero y mecánico, como a veces nos induce a creer la sociedad de hoy. Muy al contrario, el amor es un arte, el fruto de un aprendizaje construido a lo largo de la vida. Por ello, si queremos aprender a amar, debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte (con su parte teórica y práctica), ya sea música, pintura, carpintería o el arte de la medicina (Fromm, 2007).  

Referencias

  • Canary, D. y Dainton, M. (2009). Maintaining Relationships. Los Angeles: SAGE.
  • Cortés Arboleda, M.R. (2007). Adaptación de la pareja, conflictos matrimoniales y problemas de conducta de los hijos. Madrid: Pirámide.
  • Dishion, T. (1990). The peer context of troublesome child and adolescent behavior. Newbury Park, CA: Sage.
  • Fromm, E. (2007). El arte de amar. México: Paidós.
  • Grych, J., Raynor, S. y Fosco, G. (2004). Family processes that shape the impact of interparental conflict on adolescents. Development and Psychopathology, 16, 649–665.
  • Maker, A., Kemmelmeier, M. y Peterson, C. (1998). Long-term psychological consequences in women of witnessing parental physical conflict and experiencing abuse in childhood. Journal of Interpersonal Violence, 13, 574-589.
  • Oudererk, B., Blachman-Demner, D. y Mulford, C. (2014). Teen dating violence: How peers can affect risk & protective factors. Washington, DC: U.S. Department of Justice.
  • Stafford, L. (1994). Communication and relational maintenance. San Diego: Academic Press.

Transmisión Vertical, VIH de la madre al hijo, ¿cómo podría suceder eso?, ¿es posible?

Por Xenia Castillo Rodríguez

La transmisión del VIH de una madre seropositiva a su hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia es lo que se conoce como transmisión materno-infantil o transmisión vertical. El virus puede transmitirse de una madre con VIH a su hijo durante los periodos antes mecionados a través de la placenta, la sangre o la leche materna.

Antes de la aparición de la terapia antirretroviral, los hijos de mujeres con VIH tenían muchas probabilidades de nacer con el virus. Hoy en día puede prevenirse este tipo de transmisión, por lo que la infección por VIH no debe representar un obstáculo para ser madre.

¿Se pueden usar medicamentos contra el VIH durante el embarazo sin peligro?

La mayoría de los medicamentos contra el VIH pueden usarse sin peligro durante el embarazo. Por lo general, no aumentan el riesgo de defectos congénitos. Los proveedores de atención médica pueden explicar los riesgos y beneficios de los medicamentos contra el VIH específicos para ayudar a la mujer con este virus a decidir cuáles medicamentos usar durante el embarazo o mientras está tratando de quedar embarazada.

Pero, ¿cómo es posible que mi bebé no se infecte?

Los medicamentos contra el VIH obran al evitar la multiplicación del virus, lo cual reduce la concentración de este último en el cuerpo (también llamada carga viral). El tener menos VIH en el cuerpo protege la salud de la mujer y reduce el riesgo de la transmisión materno-infantil del VIH durante el embarazo y el parto. Algunos  medicamentos contra el VIH pasan de la mujer embarazada al bebé neonato a través de la placenta. Esta transferencia de medicamentos protege al bebé de la infección por el VIH, especialmente durante el parto vaginal cuando el bebé pasa a través del canal del parto y se expone a la sangre u otro líquido corporal de la madre. En algunos casos, a una mujer seropositiva se le puede practicar una cesárea para reducir el riesgo de transmisión materno-infantil del virus durante el parto.

Los bebés de madres seropositivas reciben medicamentos contra el VIH durante las primeras 4 a 6 semanas de vida. Esos medicamentos reducen el riesgo de infección por cualquier virus que puede haber entrado al cuerpo del bebé durante el parto.

Asimismo, conviene saber que los recién nacidos suelen tener anticuerpos del VIH procedentes de la madre, lo que no significa que tengan el virus. Por este motivo, las pruebas de laboratorio habituales para diagnosticar la infección por VIH a partir de la presencia de anticuerpos no son útiles en estos casos. Para saber si el niño tiene el virus, es preciso realizar un test virológico específico.

¿Qué sucede, después, que cuidados deberíamos tener?

Como se lee al principio el virus puede transmitirse de una madre con VIH a su hijo a través de la leche materna, por lo que las mujeres seropositivas no deben amamantar a sus bebés. En cuanto a la alimentación del bebé en cualquier periodo de la lactancia, se recomienda sustituir completamente la leche materna por una leche en polvo (fórmula) adaptada para el bebé, la cual es una alternativa segura y saludable a la leche materna, y se consigue fácilmente.

¿Se puede prevenir la transmisión materno- infantil del VIH?

 El riesgo de transmisión es poco cuando:

  • El VIH se detecta lo más temprano posible durante el embarazo (o antes de que la mujer quede embarazada).
  • Las mujeres seropositivas reciben medicamentos contra el VIH durante el embarazo y el parto y, en determinadas circunstancias, se someten a una cesárea programada.
  • Los bebés de madres seropositivas reciben medicamentos contra el VIH en las primeras 4 a 6 semanas de vida y no son amamantados.

Bibliografía

Gorbea Robles, M. (2008). Transmisión materno-infantil del VIH/SIDA. La otra cara de la pandemia. Revista Mexicana De Pediatría, 75(5), 241-246. Retrieved from https://www.medigraphic.com/pdfs/pediat/sp-2008/sp085h.pdf

Peña, A., Cerón, I., Budnik, I., Barttlet, D., Cataldo, K., & Fernández, A. et al. (2013). Prevención de la transmisión vertical y efectos secundarios de la terapia anti-retroviral en hijos nacidos de madres seropositivas para VIH en el área Sur-Oriente de Santiago, Chile: perspectiva de 15 años. Revista Chilena Infectol, 30(6), 644-652. Retrieved from https://scielo.conicyt.cl/pdf/rci/v30n6/art12.pdf

Prevención de la transmisión maternoinfantil del VIH El VIH/SIDA. (2019). Retrieved 2 November 2019, from https://infosida.nih.gov/understanding-hiv-aids/fact-sheets/20/50/prevencion-de-la-transmision-maternoinfantil-del-vih

Stamboulian, D. (2018). Transmisión vertical: las infecciones que se pueden transmitir de madre a hijo y cómo prevenirlas. Retrieved 1 November 2019, from https://www.infobae.com/salud/2018/01/08/transmision-vertical-las-infecciones-que-se-pueden-transmitir-de-madre-a-hijo-y-como-prevenirlas/

Arikan Y, Burdge DR. Human immunodeficiency virus infection in pregnancy. Can J Infect Dis 1998; 9: 301-309. British HIV Association guidelines for the management of HIV infection in pregnant women 2012 (2014 interim review). HIV Medicine (2014), 15 (Suppl. 4), 1–77. DOI: 10.1111/hiv.12185

Transmisión del VIH de la madre al niño. (2019). Retrieved 26 October 2019, from https://www.who.int/hiv/topics/mtct/es/

¿Aún se necesita educación sexual en México?


Por: Isaac Torres

Muchos dirán: “¡NO! Ya todos sabemos lo que necesitamos saber.

Sin embargo, se puede responder esta pregunta desde otro lado, y para eso es pertinente señalar 3 datos. El primero es, que de acuerdo a datos del gobierno (Inmujeres, 2019) México ocupa el primer lugar en tasa de embarazo adolescente de los países miembros de la OCDE. El segundo dato, también proporcionado por el gobierno, es un aumento en las tasas de transmisión de ITS (sífilis, VIH, hepatitis C) en la última década, especialmente en población adolescente y adultos jóvenes; por ejemplo, con un promedio de 30 casos nuevos de VIH por día (Gayet, 2015; Secretaría de salud, 2018). El tercer dato (Censida, 2017) es una estimación que en varios estados del país, 6 de cada 10 mexicanos no usan condón por falta de información o violencia en la pareja.

¿Qué nos dice esta información?

Lo anterior es el reflejo de la poca educación sexual en nuestro país. De acuerdo a expertos (Tapia Fonllem, 2018) implementar una educación sexual integral en México podría evitar la tasa de embarazo adolescente, aumento en casos de ITS, prevenir la violencia de pareja, incluso la violencia de género.

Por otro lado, se entiende por educación integral que no es solo otorgar información, sino generar conocimientos en las personas que y que puedan aplicarlo y hasta replicarlo, abordando distintas áreas de la sexualidad. Asimismo, implica educar no solo desde lo biológico, también desde lo psicológico y lo social (Olivera, 2015; Tapia Fonllem, 2018). Cabe mencionar que México obtuvo una evaluación eficiente en el tema de educación sexual integral (Inmujeres, 2019).

¿Por qué o qué?

En primer lugar, la educación sexual integral se aborda desde la infancia. A través de la educación sexual en niños, se lograría, como primer objetivo, disminuir el riesgo de abuso sexual infantil. Al mismo tiempo, implicaría abordar también temas de género para que desde la niñez se construya un concepto de equidad. (Olivera, 2015; Tapia Fonllem, 2018)

¿Entonces la educación sexual en niños no implica enseñar solo posiciones sexuales y “cosas para adultos”?

¡NO! Implica enseñar autocuidado, higiene, informarlos sobre los cambios que tendrán en la pubertad y generar un sentimiento de responsabilidad que más adelante les será muy útil. (Olivera, 2015)

Es segundo lugar, la educación sexual también se aborda en la adolescencia. Cobra especial importancia en esta etapa pues se dan en la persona cambios físicos importantes que no necesariamente los adolescentes entienden por sí mismos. (Olivera, 2015)

¡Pero hablarles de sexualidad solo les va a despertar la curiosidad y las ganas!

MITO. Se ha comprobado que hablar de sexualidad no necesariamente hace que el adolescente quiera ejercer su sexualidad, al contrario, lo vuelve más responsable sobre cómo ejercerla y como cuidarse cuando decida hacerlo, incluso aumenta su autoestima y sentimiento de autoeficacia, así como baja el sexismo. Lo anterior también implica que de forma integral los hombres y mujeres reciben la misma información, lo que ayuda a entender al sexo opuesto y generar empatía. (Olivera, 2015; Pichardo, García, Justicia & Llanos, 2008)

Si los jóvenes recibieran educación sexual integral, la tasa de embarazos adolescentes no sería tan alta en México y los casos de ITS serían menores.

¡Bueno, pues que les enseñen en la escuela!

En el programa educativo de la SEP del 2017, no hay abordaje del tema de la sexualidad de forma directa a nivel básico o superior a pesar de que está establecido en la ley que se integre el tema. Además, el abordaje que se logró en algunas materias de primaria y secundaria era solo de carácter biológico y enfocado a la heteronorma. Desgraciadamente, esto se ha dado porque grupos conservadores de la sociedad civil aún se oponen a que se implemente una educación sexual eficiente, en especial la iglesia católica y los mismos padres de familia, a tal grado que la presión obliga a las autoridades escolares a no abordar el tema. (Tapia Fonllem, 2018)

Cabe mencionar 2 cosas: que educación sexual integral es un derecho humano, así como que otorgar ayuda al tema de justicia social, pues es información útil que influyen en la vida de cada persona y en su toma de decisiones. (Menkes & Suárez, 2003)

Por otro lado, se ha observado también que cuando los padres abordan el tema con sus hijos adolescentes la confianza entre ambas parte aumenta (Sweeney, A. et. al., 2009), sin embargo el tabú impide que se el diálogo. El reto actual sería coordinar la cooperación tanto de las escuelas, los padres de familia y echar mano de las organizaciones dedicadas al tema para hacer frente.

Ok, pero yo ya sé, soy adulto, ¿ya para qué?

¡Para mucho! La educación sexual también es para adultos. Se ha encontrado que también en rangos de edad altos, sin importar el sexo, aún persisten mitos y dudas sobre temas de sexualidad (Olivera, 2015). De igual forma, ayudaría a romper con la violencia de género que se da en las parejas, pues recordemos, no se educa solo desde lo físico, también lo social y psicológico.

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Relacionado a esto, compartimos la noticia: 90% de mujeres con VIH lo adquirieron por una pareja estable:

https://www.eluniversal.com.mx/nacion/politica/el-90-de-mujeres-con-vih-lo-adquirieron-por-una-pareja-estable?fbclid=IwAR32L1WASw97cZtI4S39t0o1PH7e7S2E7HXHdVEyEIZ2j78Kk5ohvMNDxyc

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Asimismo, la educación sexual integral se aborda desde el placer y no desde el castigo, por lo cual, se ha llegado a sugerir que con la educación adecuada, se podrían prevenir disfunciones sexuales y aumentar la vida sexual placentera. (Olivera, 2015)

Ok, creo que me convences…

¡Ojalá y sí! Todo lo anterior señala la necesidad de hoy en día de seguir promoviendo la educación sexual, asimismo, señala los beneficios tan grandes y el poder que la educación puede tener en el país.

Hoy en día podemos apostar a eso, en equipo y promoviendo el tema.

Referencias

Gayet, C. (2015). Infecciones de transmisión sexual en México: una mirada desde la historia y el género. México: Secretaría de Salud.

Menkes, Catherine, & Suárez, Leticia. (2003). Sexualidad y embarazo adolescente en México. Papeles de población, 9(35), 233-262. Recuperado en 10 de abril de 2019, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-74252003000100011&lng=es&tlng=es.

Olivera, D. A. (2015). Educación sexual integral para formadores. Retrieved from https://ebookcentral.proquest.com

Pichardo, M. C., García, T., Justicia, F., & Llanos, C. (2008). Efectos de un programa de intervención para la mejora de la competencia social en niños de educación primaria en Bolivia. International Journal of Psychology & Psychological Therapy, 8(3), 441–452. Retrieved from http://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=36633620&site=ehost-live

Secretaria de salud. (2018). Programa de Acción Específico. Respuesta al VIH, Sida e ITS 2013-2018. Recuperado 9 de abril, 2019 de http://www.censida.salud.gob.mx/descargas/acerca/PAE_2013_2018_AUTORIZADA.pdf

Sweeney, A., Dennis B., Luz, B., Elizabeth B., Judy F. M., Sandra G. C., Yvette H., Wanda L., Rosa, O., Crystal P., Patricia R., Justina R., Diane S., Bernice S., Randa D., Amanda, P., Lori M. & Jennifer, T. (2009). ¿Y entonces, qué digo? Una Guía escrita por padres y madres para ayudar a otros padres y madres a hablar con sus hijos(as) sobre sexualidad. Plannet Parenthood of New York City. Recuperado 8 abril, 2019 de https://www.plannedparenthood.org/files/1214/0001/2327/ParentGuideSp.pdf

Tapia Fonllem, M. E. (2018). Educación sexual para todas y todos: la asignatura urgente para el logro de la igualdad en México. Cotidiano – Revista de La Realidad Mexicana, (212), 23–28. Retrieved from http://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=a9h&AN=133224201&site=ehost-live