¿Sabes por qué ocurre el vaginismo?

Por Daniela Viveros Tinoco

¿Has escuchado hablar sobre el vaginismo? ¿Lo has presenciado o lo has vivido alguna vez? Si conoces esta alteración sexual, probablemente hayas escuchado algún prejuicio o crítica hacia la persona que lo padece, si no, continúa leyendo porque así comenzarás a identificar los factores que propician el desarrollo de esta alteración sexual. Hey, identificar, tratar y prevenir es necesario… ¿No lo crees?   

Entonces, antes de entrar a fondo en el tema de los factores socioculturales que lo propician, comencemos por la definición y algunos datos importantes…

¿Qué es el vaginismo?

El vaginismo se define como una dificultad recurrente y persistente para permitir la penetración del pene, dedos u otros objetos –como juguetes sexuales– en la vagina, ocasionada por una contracción involuntaria de los músculos que rodean el tercio externo de la misma. Puede presentarse sin alteración de la excitación, del deseo o del orgasmo (Spengler et al., 2020). Siguiendo algunos datos, se estima que el rango de prevalencia del vaginismo es de 1% a 6% y suele clasificarse como una disfunción sexual femenina (Van Lakveld et al., 2017 citado en Rabinowitz et al., 2017). 

En el DSM-5 (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, por sus siglas en inglés) se le denomina como “Trastorno de dolor génito-pélvico/penetración” e indica que se deben cumplir dos de las siguientes cuatro condiciones para que se pueda diagnosticar: 1) dificultad persistente o recurrente en la penetración vaginal; 2) dolor genital o pélvico antes, durante o como resultado de los intentos de penetración vaginal; 3) temor o ansiedad de la penetración o del posible dolor de la penetración vaginal; y 4) tensión o contracción de los músculos del suelo pélvico durante los intentos de penetración vaginal (American Psychiatric Association, 2014). Sin embargo, podemos ver cómo aquí toman la dispareunia –otra disfunción sexual femenina– como parte del mismo diagnóstico, esto puede ocasionar la invisibilización del vaginismo ya que establecen como un concepto central el dolor y en muchas ocasiones llega a presentarse sin dolor (Rabinowitz et al., 2017).

Pero antes de llegar a este punto de conocimiento, hicieron pasar a las mujeres por procedimientos dolorosos, como laceraciones y ejercitaciones con moldes de vidrio para lograr mantener la apertura o dilatación de la vagina (porque lo importante era que la mujer pudiera reproducirse), lo cual funcionaba para ensanchar el orificio y permitía la penetración pero agravaba más el trauma de la mujer, afectando su respuesta sexual a largo plazo (Kaplan, 2005 citado en Cisternas, 2015). Además cuando una mujer presentaba esta condición se le solía criticar con insultos como “frígida” y suele haber mitos alrededor, como que se debe a falta de experiencia o al tamaño del pene, o que el sexo es doloroso para la mujer entonces “es normal”.

Ahora sí, adentrémonos en los factores socioculturales… 

A lo largo de la historia se han patologizado –o planteado como enfermedad– ciertas condiciones relacionadas a la sexualidad femenina tomando en cuenta únicamente a la mujer que las presenta y sin considerar la importancia de los factores relacionales y culturales.

John Bancroft descarta la clasificación de una denominada “disfunción sexual femenina” que afecta a 43% de una población –como dato estadístico en los Estados Unidos– argumentando que estas reducciones en el interés sexual y otras condiciones, como anorgasmia y vaginismo, suelen ser respuestas adaptativas y reacciones comprensibles ante condiciones adversas como relaciones violentas de pareja o o cansancio y estrés en la vida en general de estas personas (Bancroft, Loftus & Long, 2003 citado en Moynihan, 2005). Si nos ponemos a pensarlo, lo que plantean Bancroft et al. tiene mucho sentido… si esto le ocurre a 43% de la población –y seguramente a más personas, tomando en cuenta los casos que no se reportan–, entonces no podemos atribuir esta condición únicamente al individuo que la presenta, tiene que ver con algo más cultural o social. Siendo así… ¿Cuáles serán esos factores sociales o culturales que se promueven para que esta alteración sexual se desarrolle?

Por una parte, Cisternas (2015) informa que el vaginismo se manifiesta como una reacción psicosomática ante la penetración, estimulada a partir de aprendizajes negativos respecto a la sexualidad y reporta que vari@s terapeutxs y psicólogxs han reconocido ciertos factores culturales que inciden en la prevalencia de la reacción. Entre estos factores se encuentran: la inadecuada información y educación sexual – sobre todo en contextos que mantienen una doble moral respecto al tema–, la mantención de mitos y creencias erróneas sobre el sexo o situaciones traumáticas relacionadas con la vivencia sexual, considerando la influencia de mensajes intrusivos, inadecuados y negativos sobre el coito como el factor más relevante y el abuso sexual como el menos relevante; asimismo, estos traumas de vivencia sexual pueden asociarse a contextos culturales que colocan a las mujeres en posiciones de inferioridad social y vulnerabilizándolas ante violencias psicológicas, físicas y sexuales. A partir de esto se ha llegado a concluir que las mujeres afectadas con vaginismo suelen provenir de contextos familiares y culturales con fuertes perspectivas negativas sobre la sexualidad y donde se restringe la libertad sexual femenina (Crowley et al., 2009 citado en Cisternas, 2015).

Por otro lado, un estudio correlacional de Sánchez Bravo et al. (2010) se reporta que en un grupo de mujeres con vaginismo se presentaron mayores índices de: disminución en la autoestima, incremento en las características de sumisión, relación con temores a la sexualidad, escasa información sexual y problemas conyugales, este último factor es bidireccional ya que puede contribuir al desarrollo del vaginismo, pero también el vaginismo puede ocasionar o contribuir en su aparición.

Finalmente, la autora Hoing-nga Ng (2010), siguiendo el mismo hilo que siguen Bancroft et al., enfatiza la importancia de abordar el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una expresión sexual vinculada a la cultura en lugar de clasificarlo como un problema médico, sexual o psicológico. Propone enfocarse en los escenarios culturales y narrativas sociales prescritas sobre la sexualidad, donde incentivan a las mujeres a retrasar o negar el sexo por temor al embarazo, o las juzgan como mujeres “baratas” o donde el sexo es inaceptable antes del matrimonio en su religión (Ng, 2010 citado en Cisternas, 2015).

Después de saber todo esto, podemos concluir que se deben tomar en cuenta múltiples factores que contribuyen al desarrollo del vaginismo y los principales son los socioculturales, donde se ve reflejado el machismo y la misoginia arraigada que engloba muchas áreas de la interacción humana.

Comenzar a plantear el vaginismo como un fenómeno sociocultural o como una respuesta social normal o adaptativa en culturas más tradicionales y conservadoras es adecuado y pertinente para el abordaje de esta condición que afecta a miles de mujeres en todo el mundo.

Referencias:

American Psychiatric Association. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5. APA 5a edición. Editorial Médica Panamericana.

Cisternas, M. (2015). Sexualidad y Cuerpo en Relatos de Mujeres con Vaginismo [Tesis de maestría, Universidad de Chile]. Repositorio institucional – Universidad de Chile.

Moynihan R. (2005). The marketing of a disease: female sexual dysfunction. BMJ (Clinical research ed.), 330(7484), 192–194. https://doi.org/10.1136/bmj.330.7484.192

Rabinowitz D, Lowenstein L, Gruenwald I. (2017). Fear of Vaginal Penetration in the Absence of Pain as a Separate Category of Female Sexual Dysfunction: A Conceptual Overview. Rambam Maimonides Med J. 8(2). Recuperado de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5415362/

Sánchez Bravo, C., Carreño Meléndez, J., Corres Ayala, N., & Henales Almaraz, C. (2010). Perfiles e indicadores psicológicos relacionados con la dispareunia y el vaginismo. Estudio cuantitativo. Primera parte. Salud mental, 33(4), 347-353. Recuperado de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252010000400007& lng=es&tlng=es

Spengler González, L. M., de Dios Blanco, E., Roque Ortega, L., & Maurisset Moraguez, D. (2020). Dispareunia y vaginismo, trastornos sexuales por dolor. Revista Cubana de Medicina Militar, 49(3), 1–22.

Reproducción asistida

Por Regina Rojas Díaz

¿Algunas vez has escuchado hablar sobre la fecundación in vitro?

Antes de adentrarnos en el tema es importante definir qué es la infertilidad. Se denomina infertilidad a la incapacidad de procrear después de 12 meses de intentarlo. Según Dávalos (2010), esta es una situación que afecta alrededor del 15% de las parejas a nivel global, debido a esto se ha fomentado la investigación de nuevos métodos para procrear, siendo uno de ellos la fecundación in vitro.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la fecundación in vitro se define como la técnica de reproducción asistida que involucra la fecundación extracorpórea. Esta técnica “consiste en la estimulación ovárica controlada mediante medicamentos aplicados a la mujer con la intención de obtener múltiples folículos; los cuales contienen los ovocitos que posteriormente serán aspirados vía vaginal” (Bagnarello González, s.f.).

Cabe destacar que estos ovocitos serán fertilizados en el laboratorio para después seleccionarlos e introducirlos en la cavidad uterina de la paciente. Sin embargo, para poder llevar a cabo la fecundación in vitro (FIV) es necesario realizar una evaluación previa para determinar si la pareja es candidata a dicho procedimiento. En esta evaluación se incluyen: estudios de semen, evaluación del tracto reproductivo femenino, ecografía transvaginal y pruebas para determinar la reserva ovárica (Dávalos, 2010).

Es importante mencionar que los resultados de estas pruebas ayudarán a brindar un mejor pronóstico para decidir cuál es el tratamiento en el que la pareja tendrá mayores posibilidades de embarazo.

De acuerdo con Zárate, A. et al (2012), la fecundación in vitro ha conseguido cerca de cinco millones de nacimientos hasta la actualidad. Siendo Louise Brown el primer caso exitoso en julio de 1978, con los doctores Patrick Steptoe, Robert Edwards y Jean Purdy, obteniendo por ello el premio Nobel de Fisiología/Medicina a Robert Edwards en el 2010.

Al igual que cualquier procedimiento médico, la FIV tiene ventajas y desventajas. Algunas ventajas son: las tasas de éxito para mujeres menores de 35 años son altas, se puede observar la evolución día a día (garantiza una mejor calidad embrionaria) y al realizarse el diagnóstico genético preimplantacional permite la transferencia de embriones genéticamente sanos.

Las desventajas son: el costo es elevado. La hiperestimulación ovárica puede ocasionar embarazos múltiples y el parto puede ser pretérmino (Zárate et al, 2012).

Ahora bien, la fecundación in vitro ha sido tema de varios debates, pues existen personas con posturas conservadoras y liberales. Conforme a lo estipulado por Trevizo (2014), la postura conservadora se centra en los riesgos para la gestante y el nacido; “argumentando en contra de la posible manipulación genética de los embriones a implantar y la ausencia de confidencialidad”. Además de considerar este tipo de técnica deshumanizante, pues “se juega a ser Dios”.

En contraparte, la postura liberal se enfoca en la decisión de cada individuo, en la libertad reproductiva y el proyecto tanto individual como de pareja. Para esto, “es necesaria la tolerancia a la innovación y el respeto a la decisión individual en el uso de las tecnologías de reproducción”, sostiene Trevizo (2014). En otras palabras, cada individuo tiene el derecho de ejercer su libertad reproductiva.

El Instituto Valenciano de Infertilidad (2021) propone los siguientes pasos para llevar a cabo la fecundación in vitro. En la primera consulta los médicos evalúan a la paciente, analizan su historial médico y realizan estudios ginecológicos y del semen de la pareja con el objetivo de obtener un diagnóstico personalizado.

Posteriormente, se realiza la estimulación ovárica, la cual consiste en administrar inyecciones diarias a la paciente durante 15 a 25 días para conseguir un crecimiento multifolicular. A lo largo de este proceso, también se tomarán ecografías y estudios de sangre para ver el avance e inducir la maduración de los óvulos.

El tercer paso es la punción. Un procedimiento que se realiza en el quirófano (con sedación) y en el cual, el doctor accede a los ovarios desde la cavidad vaginal para punzar todos los folículos. El líquido de cada uno es el que contiene los óvulos que más adelante se pondrán a fecundar en el laboratorio. Aquí la paciente requiere de un corto periodo de reposo.

Después, se realiza la fecundación in vitro de los óvulos (con el semen de la pareja o el donante). En este paso se depositan los óvulos en las gotas de semen en una placa de cultivo.

En el quinto paso se lleva a cabo el cultivo embrionario, que dura entre 5 y 6 días. Aquí se observa y analiza el desarrollo del embrión en cada una de sus fases para evaluar su calidad; y así determinar cuáles son los adecuados para lograr un embarazo.

A continuación, se realiza la transferencia del “mejor embrión”. Este paso se realiza en el quirófano con la preparación previa del útero para recibir al embrión (el cual es introducido por medio de una cánula). El procedimiento es ambulatorio, por lo que no requiere de anestesia.

Posteriormente, se lleva a cabo la vitrificación de los embriones restantes. Lo que hace referencia a la preservación del resto de los embriones “buenos” para poder utilizarlos en un futuro.

El último paso, consiste en la prueba de embarazo en sangre. La cual suele realizarse 15 días después de la transferencia, para verificar que el resultado sea positivo.

De acuerdo con Grande (2018), el precio de la FIV oscila entre los 70 mil y 75 mil pesos en promedio. Pero este puede duplicarse en caso de requerir otro tipo de diagnósticos y procedimientos, como la donación de óvulos o espermatozoides.

Para concluir, Mata Miranda & Vázquez Zapién (2018) explican: “podremos emitir opiniones desde múltiples contextos, pero no entenderemos la situación completamente mientras no comprendamos el problema integral, como es el deseo de la maternidad-paternidad. Por lo que es importante orientar a la sociedad en cuanto a los avances científicos y tecnológicos, quitando los estigmas innecesarios, pero manteniendo la ética y el humanismo”.

Referencias:

Bagnarello González, F. (s.f). Fertilización in vitro: conceptualización. Corte Interamericana de Derechos Humanos. 205-247. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://www.corteidh.or.cr/tablas/r34626.pdf.

Grande, G. (2018). Fertilización in vitro, el precio de ser mamá. Milenio. Recuperado en 14 de junio de 2021, de https://www.milenio.com/negocios/finanzas-personales/fertilizacion-in-vitro-el-precio-de-ser-mama

Instituto Valenciano de Infertilidad . (2021). Fecundación In Vitro (FIV). 16/06/2021, de Instituto Valenciano de Infertilidad Sitio web: https://ivi.es/tratamientos-reproduccion-asistida/fecundacion-in-vitro/

Dávalos, L. (2010). In vitro fertilization: benefits, risks, and future. Revista Científica Ciencia Médica. 13(2), 77-80. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1817-74332010000200006&lng=es&tlng=en.

Mata Miranda, M., & Vázquez-Zapién, G. (2018). La fecundación in vitro: Louise Brown, a cuatro décadas de su nacimiento. Revista de Sanidad Militar. 72(5-6), 363-365. Recuperado en 07 de junio de 2021, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0301-696X2018000400363&lng=es&tlng=es.

Trevizo, A. (2014). Dilemas bioéticos en torno a la fertilización in vitro (FIV) y la mujer gestante: hacia la figura de un consejero reproductivo. Acta Bioética. 20(2), 181-187. Recuperado en 07 de junio de 2021, de https://dx.doi.org/10.4067/S1726-569X2014000200005.

Zárate, A., Manuel, L., Hernández-Valencia, M. et al. (2012). Análisis de las implicaciones médicas de la fertilización in vitro. Acta Médica Grupo Ángeles. 10(4), 176-180.

Orgasmo Femenino ¿Cómo alcanzarlo?

Por: Alejandra Cervantes

Orgasmo femenino, ¿Cómo sé si ya tuve uno? Empecemos definiendo que es un orgasmo, según Arcila, Tobón y Gómez (2015) El orgasmo (del griego  «escalera» o «subida») es la descarga repentina de la tensión sexual acumulada, durante el ciclo de respuesta sexual, resultando en contracciones musculares rítmicas en la región pélvica caracterizadas por el placer sexual». Existen varias definiciones de un orgasmo, sin embargo, es posible que ninguna de ellas tenga el alcance suficiente para describir el fenómeno en algunas mujeres y, por tanto, aun teniendo orgasmos genuinos, no sean capaces de identificarlos como tales, o que identifiquen fenómenos de otro origen como si fueran orgasmos.

También es cierto que hay muchos mitos alrededor de este, por ejemplo, Vega (2020) habla sobre alguno de estos:

  1. El orgasmo femenino se produce gracias al coito: Falso. La vagina no tiene casi terminaciones nerviosas, en cambio el clítoris tiene alrededor de unas 8.500.
  2. Hay mujeres que pueden ser multiorgásmicas y otras no: Falso. Todas las mujeres pueden ser multiorgásmicas en cuanto se lo permitan. Para ello, hace falta conocer bien su cuerpo y dejarse llevar.
  3.  Con la edad, es más difícil para las mujeres sentir un orgasmo: Falso. Siempre se ha intentado dar una ‘fecha de caducidad’ a la sexualidad de la mujer, sobre todo cuando vive esta nueva etapa de su vida marcada por la menopausia.
  4. El orgasmo por squirting es más placentero: Falso. No es más placentero, sencillamente es más espectacular, y por este hecho suele llamar mucho más la atención. Las grandes consecuencias de este mito es que muchas mujeres se suelen sentir frustradas si no consiguen este tipo de orgasmo.

Profundicemos un poco más en este último, ¿Qué es el squirting? Y ¿Todas las mujeres pueden hacerlo?

El squirt es un término sexual que se define como la “eyaculación femenina”, sin embargo, se ha visto que son dos cosas completamente diferentes. La culpable del auge del squirt es la pornografía, esta industria lo ha generalizado y lo ha exagerado, por lo que confunde a las personas y no aporta a su educación sexual. La pornografía ha vendido la idea de que lo único que importa es el orgasmo y las parejas descuidan la importancia de cada una de las etapas de la relación sexual. Pero entonces, ¿Cuál es la diferencia de la eyaculación femenina y el squirt? La eyaculación femenina ocurre por la contracción de las glándulas de Skene que se encuentran en la uretra. Así como se presenta durante el orgasmo, en algunos casos también aparece antes del mismo. Se secretan “unos pocos milímetros de líquido lechoso y espeso producido por unas células que remedan lo que en el hombre sería la próstata” Esta eyaculación femenina tiene el mismo contenido de componentes proteínicos que el semen (El país, 2020). El squirting, en cambio, hace referencia a la expulsión de una cantidad variable de orina diluida, que sale por la uretra, pero a diferencia de esta, no huele y es transparente, como el agua. Es una respuesta natural que genera nuestro cuerpo a la estimulación del clítoris o del área clítoris-vagina-uretra de forma conjunta. (Dexeus Mujer, 2021). Solamente el 10% de las mujeres producen este fluido de manera regular y frecuente, pero todas lo pueden producir con el estímulo adecuado.

Ahora bien, hablemos de los distintos tipos de orgasmos, según Boutot (2019) son los siguientes:

  • Orgasmo clitoriano: Se alcanza por la estimulación del clítoris.
  • Orgasmo vaginal: Aunque no se sabe con exactitud, puede ser causado por la estimulación del punto G o una estimulación indirecta del clítoris o algo en medio de estos dos.
  • Orgasmo inducido por el ejercicio: El ejercicio físico, en particular el levantamiento de pesas y el ejercicio abdominal, pueden estimular esta parte.
  • Orgasmo durante el sueño: Este puede ser provocado por sueños eróticos, estimulación con la ropa de cama u otros distintos estímulos.
  • Otro: Se puede llegar a un orgasmo por medio de la estimulación de los pezones, el ano o diferentes zonas sensibles del cuerpo.

Pero entonces, ¿Cómo puedo alcanzar uno? No necesariamente se necesita tener relaciones sexuales, o estar con otra persona para alcanzarlo. Ya sea sola o acompañada, según Moreno (2020) es importante:

  • Darle prioridad al clítoris: Al ser una de las zonas con más terminaciones nerviosas, al estimularlo es mucho más fácil poder llegar al orgasmo.
  • Darle importancia a las caricias: Las caricias nos brindan una fuente de oxitocina (mejor conocida como la hormona del amor). Los altos niveles de oxitocina nos llevan a tener orgasmos más intensos, así lo afirma un estudio del diario Hormones and Behavior.
  • Aprovechar el ciclo menstrual: Durante la etapa de ovulación, los niveles de líbido aumentan en las mujeres. Por lo tanto, las probabilidades de alcanzar un orgasmo son mayores.
  • Tomar un descanso: Pasar uno o varios días sin estimularte te da la oportunidad de renovar tus energías. Esto se traduce en obtener orgasmos más fuertes.
  • Usa lubricantes: Aunque muchos lo relacionan con el acto sexual acompañada, también los puedes usar sola. Los lubricantes son excelentes herramientas para estimular mejor esta zona tan delicada.
  • Juega con tu imaginación: Existe un órgano esencial para llegar al orgasmo y ese es el cerebro: recurrir a tus fantasías sexuales te hace obtener orgasmos más fuertes. Ocurre una explosión de actividad en cerca de 30 áreas del cerebro, incluyendo la corteza orbitofrontal, donde se recrean estos pensamientos.

Recuerda que lo más importante de esto es explorar y conocer tu cuerpo, no te abrumes si no logras conseguirlo, al final el proceso debe ser placentero, y cuando menos lo esperes llegará. Intenta experimentar nuevas sensaciones, posiciones y si es necesario un poco de ayuda extra como los juguetes también son un buen aliado.

Referencias:

Arcila, J. F. U., Tobón, M. T. Q., & Gómez, M. G. (2015). Orgasmo femenino: definición y fingimiento. Urología Colombiana24(1), 19-27.

Boutot, M. (2019) ¿Cuántos tipos de orgasmos femeninos hay? Clue. Recuperado el 15/06/2021. Disponible en: https://helloclue.com/es/articulos/sexo/cuantos-tipos-de-orgasmos-femeninos-hay

Dexeus Mujer (2021) ¿Qué sabes del squirting? Actualidad, sexualidad y pareja. Recuperado el 15/06/2021. Disponible en: https://www.dexeus.com/blog/sexualidad-y-pareja/que-es-el-squirting/

El País (2020). ¿Qué es el squirt y en que se diferencia de la eyaculación femenina? Intimidad. Recuperado el 15/06/2021 Disponible en: https://www.elpais.com.uy/eme/intimidad/squirt-diferencia-eyaculacion-femenina.html

Moreno, M. (2020) El gran O: 10 Formas de alcanzar y mejorar el orgasmo femenino. Guddi. Recuperado el 15/06/2021. Disponible en: https://guddi.com/como-llegar-al-orgasmo/

Vega, P. (2020). ¿Depende de un buen amante? La experta resuelve este y otros cinco mitos sobre el orgasmo femenino.  El economista. Madrid. Recuperado el 15/06/2021 Disponible en: https://www.eleconomista.es/status/noticias/10699279/07/20/Depende-de-un-buen-amante-La-experta-resuelve-este-y-otros-cinco-mitos-sobre-el-orgasmo-femenino-.html

¿Sabes identificar tu fertilidad?

Conoce el funcionamiento y etapas de tu ciclo menstrual con el Modelo Creighton.

La mayoría de las mujeres no conocen el funcionamiento de sus ciclos de fertilidad e infertilidad. Muchas mujeres están mal informadas sobre su fertilidad, específicamente sobre cuándo en un ciclo son fértiles (Seidman, en Barron y Diane Daly, 2001). A pesar de los beneficios reconocidos, pocos programas de planificación familiar ofrecen métodos naturales de planificación familiar (PFN), y pocos brindan educación sobre la conciencia de la fertilidad (Arevalo, en Barron y Diane Daly, 2001). Toda mujer tiene derecho a saber cómo funciona su ciclo para comprender cómo funciona su cuerpo, y usar esta información para su salud; y las parejas pueden usar este conocimiento para planificar su familia y construir su futuro como pareja (Creighton Model, 2020).

En 1976, la Universidad de Creighton, de Omaha Nebraska, EUA comenzó una investigación para evaluar la eficacia real de algunos modelos de planificación familiar natural. La investigación no sólo constató la alta eficacia de los modelos que evaluaron; sino que añadió a estos modelos el conocimiento ginecológico para monitorear la salud de la mujer. Para 1980 definieron su propio sistema que permite, a diferencia de los otros modelos, no sólo detectar la fertilidad de un ciclo, sino también patrones de salud y enfermedad ginecológicos, y así surgió el Modelo Creighton (FertilitCare). La investigación sobre este sistema ha continuado hasta el día de hoy y tiene un alto grado de comprensión y validez científica (Creighton Model, 2020).

El Modelo Creighton (CrM) es un método natural de planificación familiar moderno y efectivo. (FACTS, 2013). Es una modificación estandarizada del modelo Billings, basado en las observaciones, interpretaciones y graficación de signos llamados biomarcadores que diferencian las diferentes fases de fertilidad e infertilidad en el ciclo menstrual de la mujer (Barron y Diane Daly, 2001). Está fundamentado en una sólida investigación científica, en un sistema integrado de educación, diseñado para asegurar la más alta calidad de enseñanza para las parejas (Creighton Model, 2020).

Es un método basado en el conocimiento de la fertilidad. Durante el ciclo reproductivo de la mujer, su cuerpo experimenta muchos cambios hormonales que producen signos visibles de la fertilidad (FACTS, 2013). Estos signos debidamente graficados, muestran patrones tanto de salud como patológicos que nos permiten monitorear la salud de la mujer. Estos signos, son marcadores biológicos esenciales a la salud y la fertilidad de la mujer, le indican a la pareja cuando son fértiles o infértiles de manera natural, permitiéndole el uso a la pareja ya sea para buscar o para evitar un embarazo; también permiten monitorear las anormalidades en la salud femenina a lo largo de toda su vida reproductiva (FertilitCare).

¿Cómo funciona?

Al observar el flujo cervical, cada mujer puede identificar los días fértiles e infértiles de su ciclo. Los especialistas del Modelo Creighton enseñan a las parejas a observar y registrar la calidad del flujo cervical de manera estandarizada y sistemática. (FACTS, 2013). Estas observaciones se realizan a partir de la vulva, cada vez que una mujer usa el baño, se limpia la vulva y hace una observación. Esto se documenta en una tabla de NaPro Tracking, utilizando el sistema de registro de flujo vaginal (VDRS). El NaPro Tracking es un cuadro utilizado por la mujer/pareja y su especialista para monitorear sus ciclos menstruales para el diagnóstico, tratamiento y decisiones de planificación familiar. (Barron y Diane Daly, 2001).

Durante los días fértiles, el flujo cervical se torna transparente, elástico y lubricante. Cuando este flujo cervical fértil está presente, los espermatozoides pueden sobrevivir en el tracto reproductivo de la mujer y ella puede concebir durante un máximo de 6 días.  Luego de la ovulación, el flujo cervical fértil deja de fluir y la mujer suele sentirse seca. Si no quedó embarazada, usualmente la menstruación comienza dos semanas más tarde y su ciclo empieza otra vez (FACTS, 2013).

El uso preciso de este modelo requiere instrucciones detalladas específicas y monitoreo supervisado durante un período de tiempo prolongado. (Trent y Clark, en Barron y Diane Daly, 2001). Los materiales para comenzar a usar el método se les da a la pareja o mujer una vez programada la primera cita y  la enseñanza real del método ocurre durante las sesiones individualizadas. La mujer/pareja que decide usar este método tiene seguimiento con el especialista cada 2 semanas durante los primeros 2 meses, y posteriormente sesiones en intervalos regulares durante el primer año de uso o el tiempo que sea necesario (Barron y Diane Daly, 2001).

Beneficios

Dado que el CrM está estandarizado, un médico especialista en CrM puede analizar la información en cada cartilla para evaluar y potencialmente corregir muchos problemas de la salud reproductiva. Los médicos especialistas en CrM están entrenados en la Tecnología Procreativa Natural o NaProTec. Esta ciencia evalúa y aborda los problemas ginecológicos y reproductivos de una manera que colabora con los procesos biológicos naturales de la mujer, sin suprimir ni perjudicar la fertilidad, o tapar los síntomas de un ciclo anormal con hormonas artificiales, por lo tanto no hay efectos secundarios (FACTS, 2013).

Como el CrM no requiere medir la temperatura basal del cuerpo, la mujer cuyo horario de sueño es irregular puede usar este método. Las mujeres que lactan y las que acaban de descontinuar el uso de los anticonceptivos hormonales también pueden usar este método con éxito. Todas las mujeres pueden monitorear su salud reproductiva con el Modelo Creighton y usar esta información para aplicar la NaProTecnología (FACTS, 2013).

Las anomalías que pueden identificarse a través de la tabla incluyen infertilidad, vaginitis, cervicitis, ovario poliquístico, insuficiencia en la fase lútea, fibromas, y posiblemente patología del endometrio y el cuello uterino (Barron y Diane Daly, 2001).

Efectividad

Este método de planificación familiar es natural, seguro y eficaz. Investigaciones llevadas a cabo en 5 instituciones, demostraron una eficacia teórica de 99.5% y una eficacia de uso de 96.8% para evitar el embarazo. (Hilgers y Stanford en Barron y Diane Daly, 2001). El método es tan eficaz como los anticonceptivos hormonales (DIU, la píldora, etc.) y mejor que los métodos anticonceptivos de barrera (Hilgers, Howard y Trussel en FACTS, 2013).

En un estudio prospectivo de 50 embarazos de parejas que usaron el CrM, el 76% logró concebir en el primer mes luego de cambiar su uso para concebir en vez de evitar el embarazo. El 90% de las parejas logró concebir en 3 meses y el 100% logró concebir luego de 7 meses (Hilgers en FACTS, 2013).

El modelo de Creighton es un enfoque holístico de la salud reproductiva, por lo que la enseñanza del método no se limita sólo a enseñar los síntomas físicos de la fertilidad e infertilidad. Aunque algunas mujeres trazan sus ciclos sólo por los beneficios para la salud ginecológica, el modelo está centrado en la pareja. Las encuestas de parejas que usan PFN indican que la comunicación con su pareja aumenta, lo que genera intimidad y fortalece la relación. Los períodos de abstinencia del contacto genital crean oportunidades para que una pareja explore los aspectos emocionales, intelectuales y espirituales de la sexualidad (Geerling, en Barron y Diane Daly, 2001).

Debemos tener en cuenta que el ciclo de la mujer se puede ver afectado por muchos factores psicoemocionales, por lo tanto, a pesar de la efectividad del CrM, cada caso es singular. También, como ya se mencionó, la efectividad de este modelo depende mucho del monitoreo de un especialista, por esto es importante que no se use este método sin los conocimientos e instrucciones precisas, y el acompañamiento profesional necesario.

A pesar de ser tan efectivo como los métodos anticonceptivos de barrera, este modelo obviamente no protege contra Infecciones de transmisión sexual (ITS), por esto es importante aplicarlo cuando se tiene en una relación estable y de confianza, y sin riesgos de ITS.

Es importante que estos métodos naturales se den a conocer más a las mujeres y parejas, sobre todo porque los anticonceptivos hormonales generalmente tiene muchos efectos secundarios, el tener esta información también es parte de una educación sexual integral. Usar este método de PFN no sólo te ayuda a prevenir o conseguir un embarazo, sino te empodera pues te permite conocer tu cuerpo, tu ciclos, tu funcionamiento, y con esto apreciar y maravillarte de tu fertilidad, y actuar en armonía con tu cuerpo, cuidando de tu salud sexual y reproductiva.

Referencias

Barron, M. L., & Diane Daly, K. (2001). Expert in Fertility Appreciation: The Creighton Model Practitioner. Journal of Obstetric, Gynecologic & Neonatal Nursing, 30(4), 386–391. doi:10.1111/j.1552-6909.2001.tb01557.x  Consultado el 12 de junio en https://sci-hub.se/10.1111/j.1552-6909.2001.tb01557.x

CREIGHTON MODEL. (2020) Creighton model FertilityCare™ System. Consultado el 11 de junio en https://creightonmodel.com/

Fertility Appreciation Collaborative to Teach the Science. (2013). El Modelo Creighton.  Consultado el 11 de junio en https://www.factsaboutfertility.org/wp-content/uploads/2013/07/Sp_CM-ModeloCreighton_FINAL.pdf

FertilityCare™. (s.f.). Modelo Creighton. Consultado el 11 de junio en https://fertilitycare.com.mx/metodo-creighton/

Anticonceptivos: ¿Una liberación o un control de sus cuerpos?

Escrito por: Valeria G. Buitrón

La píldora anticonceptiva es uno de los diversos métodos que existen en la actualidad para el control de la natalidad. Hasta el día de hoy, las mujeres pueden utilizar métodos hormonales, como la píldora, el implante subdérmico y el parche; métodos intrauterinos, como el DIU y métodos clásicos como los de barrera y los permanentes. Por otro lado, los hombres solo pueden acudir a métodos permanentes como la vasectomía y métodos de barrera como el condón masculino y los espermicidas. Evidentemente, la brecha de la diferencia de opciones es muy grande, por lo que resulta interesante analizar los posibles motivos por los cuales hay más alternativas para mujeres y en esta línea, cuál es el papel social de la anticoncepción dedicada e inclinada a los cuerpos de las mujeres. Por este motivo, se debe hacer un análisis social y filosófico sobre cómo los métodos anticonceptivos pueden por un lado, representar una “liberación” de las mujeres (o de los cuerpos reproductores como tal) o por otro lado, el control de sus cuerpos. 

La comercialización de la píldora y la evolución de tantos anticonceptivos para mujeres posicionaron una controversia ideológica muy interesante. Por un lado, las alternativas anticonceptivas pueden ser concebidas como una posible “emancipación” y  “liberación” de las mujeres en el ejercicio de su sexualidad. Sin embargo, tomando en cuenta que el ejercicio de la sexualidad incluye todos los sexos y géneros, el hecho de que no haya las mismas posibilidades para otros cuerpos (los cuerpos de los hombres, o en estricto sentido, los que no se embarazan) supone una cuestión fundamental; si la planificación familiar y los controles de natalidad están dirigidos directamente a los cuerpos de las mujeres, ¿puede esto representar una injusticia y/o un control de sus cuerpos? 

Entonces, ¿cómo deberíamos concebir estos métodos? ¿una liberación de las mujeres o un control de sus cuerpos? En virtud de estas cuestiones, podemos hacer un análisis muy interesante desde la perspectiva de Michael Foucault. La teorización sobre la biopolítica y el biopoder que realiza Focualt puede verse ampliamente reflejada en el análisis referente al control de los cuerpos de las mujeres. De acuerdo con Foucault, la biopolítica tiene que ver con la consideración de la población como un problema científico y político, asunto de biológico y del poder. Esto, responde a una nueva forma de organización de lo social y por ende, de las organizaciones del poder. 

Esta nueva forma de organización, establece los medios para ordenar, controlar y apropiarse de la vida a través de la disciplina y el biopoder. La disciplina, representa una forma de dominar al individuo y a su cuerpo, a través del adiestramiento del mismo despersonificándolo y transformándolo en una máquina de la vida capitalista contemporánea. En adición a la disciplina, la biopolítica incorpora un componente más: un control que no solo va sobre el individuo y su cuerpo, sino sobre la población y su especie. A través de ello, surgen las teorías de control poblacional en donde la anticoncepción y el control de la natalidad son nuestros ejemplos clave. 

Ahora bien, es importante recalcar que cuando estamos hablando sobre la anticoncepción, la teorización sobre el control de los cuerpos esta encaminada al control de los cuerpos con capacidad reproductiva, comúnmente, los de las mujeres. Reiterando, este control responde a un sistema sociopolítico heteropatriarcal el cual busca la sumisión de las mujeres ante un orden social machista, capitalista y hegemónico.

Por otro lado, el control de los cuerpos puede verse fundamentado en a “medicalización indefinida” que nos propone Focault en su texto La crisis de la medicina o la crisis de la antimedicina. Él nos plantea a la medicina como una imposición ante el individuo a través de un acto de autoridad. Es así cómo podemos ver a la medicina anticonceptiva como una intervención del poder con funciones normalizadoras, que imponen a las mujeres como las únicas sujetas de la responsabilidad de la planificación familiar y el control de la natalidad.

Otra perspectiva interesante para hablar sobre la liberación o el control de los cuerpos, es la de la antropóloga Gayle Rubin. A través de su teoría sobre el sistema de sexo-parentesco podemos analizar elementos esenciales en relación a los cuerpos de las mujeres. Este sistema se refiere al conjunto de disposiciones por el que una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de la actividad humana. Los sistemas de parentesco están formados por y reproducen formas concretas de sexualidad socialmente organizada. Es decir qué, son formas empíricas y observables de sistemas de sexo/género y por ende, de reproducción.

En este sentido, podemos ver los sistemas de parentesco como una imposición de organización cultural sobre los hechos de la procreación biológica que asume a un sujeto, en este caso a las mujeres, como un sujeto que debe procrear cuando y como el sistema heteropatriarcal lo establezca. En consecuencia, el parentesco es una organización que otorga poder, lo cual me lleva a cuestionarme lo siguiente; ¿quienes organizan el parentesco y a quienes organizan? Sí respondemos que el objeto de organización y control son las mujeres, mientras que son los hombres quienes lo organizan, entonces, el control de la natalidad y los métodos anticonceptivos como parte del sistema de sexo-parentesco responden a una subordinación de las mujeres como producto de las relaciones de organización del sexo y el género. 

Un ejemplo bastante contundente y esclarecedor del control de los cuerpos hacia las mujeres es el de las esterilizaciones forzadas en Perú. De acuerdo con la BBC Mundo, la Comisión del Congreso peruano investigó en 2002 casos de anticoncepción quirúrgica en donde 314.605 mujeres fueron esterilizadas a través del Programa Nacional de Planificación Familiar del gobierno de Fujimori. En este contexto, el Comité Latinoamericano y del Cribe de los Derechos de la Mujer (Caldem) concluyó que solo el 10% de las 314.605 mujeres dieron su consentimiento. En la noticia de la BBC, resalta el relato de Esperanza Huayama, una mujer que describe como enfermeras y un doctor la esterilizaron sin su consentimiento después de varios chantajes y hostigamiento. 

“No me van a sacar mi hijito, les dije. Prefiero morir sí me sacan a mi hijito. Me desperté con mucho dolor. No podía enderezarme. Mi hijito nació flaquito y hasta se enfermó” mencionó Esperanza, víctima de esterilización forzada en Perú en el año de 1996.

Es verdaderamente triste como los cuerpos de las mujeres están orillados y regulados bajo una idea de “bienestar” hegemónica de los sectores sociales  patriarcales con el poder de organizar a la población y su especie. En ese sentido, me parece importante reflexionar lo siguiente: es fundamental repensar cómo concebimos los productos de la medicina, como lo es la anticoncepción y el control de la natalidad. Estos elementos influyen de manera directa en los constructos de la sociedad, los cuales son prejudiciales para el desarrollo, libertad e igualdad de ciertos sectores de ella. Profundizando en el tema sobre los cuerpos de las mujeres, creo que, la forma en la que se comercializan y distribuyen los métodos anticonceptivos han creado un concepto de “Mujer” que universaliza una cierta “liberación” y “emancipación” de las mujeres en el ejercicio de su sexualidad.

Ahora bien, más allá de la critica que pueda realizar. Creo que la creación y evolución de los métodos anticonceptivos son benéficos para la sociedad, sin embargo, el hecho de que las alterativas de métodos anticonceptivos sean tan desproporcionadas entre las mujeres y los hombres, refleja el organismo de poder patriarcal que ejemplifica el ensayo. Creo que hay que incitar a la esfera pública y sobre todo a las administraciones gubernamentales a impulsar nuevas investigaciones para conseguir una mayor igualdad y responsabilidad en los medicamentos encargados del control de la natalidad. Así, podremos encaminarnos a un espacio en donde la vida “política” y la vida “biológica” concilien una verdadera igualdad entre los seres sociales.

Referencias: