Empecemos a desintoxicar nuestras relaciones

Por: Isaac Guzmán Vázquez.

Todos hemos escuchado alguna vez a un amigo o a un familiar hablar de relaciones tóxicas, pero es igual de importante hablar de relaciones sanas. Éstas últimas se confunden a menudo con relaciones perfectas, es decir, en las que no existen defectos o debilidades en ambas partes. Como sabemos, estas relaciones ideales no existen por el simple hecho de que las personas no somos perfectas. Sin embargo, si la pareja está interesada en dedicarle tiempo a atender sus dificultades, la relación podría llegar a clasificarse como saludable. 

¿Qué es una relación tóxica?

Se trata de una relación en donde una o ambas partes sufren en vez de disfrutar del hecho de estar juntos. La pareja se ve sumergida en un gran desgaste emocional por tratar de salvar la relación constantemente.

¿De dónde surgen las relaciones tóxicas?

Son diversas las causas por las que podemos mantener una relación tóxica a pesar de saber que nos está haciendo daño. Las siguientes son las más comunes: baja autoestima, creer que somos la solución a los problemas de nuestra pareja, pensarnos a nosotros mismos como las víctimas de la relación, dependencia emocional, miedo a la soledad y miedo al futuro.

Las relaciones familiares también juegan un papel fundamental en el desarrollo del individuo. En este sentido, los padres han sido reconocidos como los principales protagonistas y la familia como el escenario primario de socialización del niño. Distintos modelos teóricos, como el aprendizaje social, el modelo cognitivo conductual, la teoría de los sistemas de familia o los modelos bio-conductuales, les conceden un gran poder explicativo a las variables familiares en la predicción del desarrollo cognitivo, físico y social de los hijos, así como a su bienestar. Distintas teorías sobre la socialización del niño defienden la existencia de una fuerte asociación entre el tipo de relaciones padres-hijos existente en la familia y el desarrollo de problemas en los hijos. Aunque hay pruebas de que las interacciones coercitivas entre padres e hijos pueden dar lugar al desarrollo de conductas agresivas y antisociales en otros contextos, especialmente en el caso de los varones, fue a partir de la década de los noventa cuando los investigadores comenzaron a interesarse por los mecanismos a través de los cuales las experiencias de los niños dentro de sus familias impactan en su conducta y estatus entre los iguales a corto y largo plazo (Dishion, 1990).

Dado que el matrimonio forma parte del sistema familiar en el que se encuentra el niño, le puede influir directamente y suministra un contexto que facilita o perjudica su crianza, ejerciendo también de este modo una influencia indirecta (Grych, Raynor y Fosco, 2004). Los investigadores coinciden en señalar que existe una relación entre disfunción matrimonial y mala adaptación de los hijos, siendo los conflictos matrimoniales, y sobre todo la percepción del niño de estos, los que presentan una relación más fuerte y consistente con su adaptación (Cortés, 2007).

Las agresiones entre los padres también aumentan el riesgo de que los hijos desarrollen posteriormente unas relaciones de pareja inadecuadas o tóxicas. Por ejemplo, los resultados de Maker, Kemmelmeir y Peterson (1998) indicaban que las universitarias que habían estado expuestas a las agresiones presentaban una peor adaptación a largo plazo, experimentando más violencia en las relaciones de pareja y unos niveles superiores de comportamiento antisocial y más síntomas depresivos y traumáticos. Los adolescentes que presencian en su hogar los conflictos hostiles o la violencia familiar pueden estar aprendiendo formas de expresar la cólera que supongan un mayor riesgo de utilizar la violencia con sus parejas, actuando de forma controladora, hostil y abusiva.

¿Qué es una relación sana?

Una relación sana o de mantenimiento no es aquella en la cual no existen problemas ni desencuentros. Incluso, en una relación sana puede haber las mismas o más dificultades que en una relación tóxica. Lo que las diferencia es que, en la sana, la pareja promueve de manera activa conductas designadas para continuar la relación, para prevenir su declive o para repararla y restablecerse (Stafford, 1994).

Canary y Dainton (2009) concuerdan en que existen al menos cinco formas de definir el mantenimiento dentro de una relación:

• La primera definición hace referencia a que el mantenimiento implica la estabilidad y cuidado de la relación, es decir, el mantenimiento se refiere a las conductas que ayudan a que una relación se mantenga a través del tiempo.

• La segunda definición envuelve el deseo de las características que debe tener una relación. Esta definición implica que no es suficiente tener una relación estable sino que implica mantener una alta calidad en la relación, por ejemplo, el hecho de que la relación está caracterizada por la satisfacción, el compromiso, la confianza, el amor y el apoyo.

• La tercera visión implica no sólo las conductas sino cómo las personas reparan la relación cuando se presenta algún daño. Esta visualización implica que no se dan conductas de mantenimiento en la relación hasta que son necesarias las reparaciones.

• La cuarta definición implica mantener la relación en una condición específica. Es decir, bajo un tipo de relación e intimidad específica, por ejemplo, los amigos platónicos que desarrollan conductas de mantenimiento en una interacción no sexual.

• Finalmente, se da una perspectiva dialéctica, donde las conductas de mantenimiento son vistas como una adaptación al cambio inherente a cada relación.

¿De dónde provienen las relaciones sanas?

De acuerdo con Fromm (2007), para que una relación sea satisfactoria y benéfica para ambas partes, debe implicar ciertos elementos básicos interrelacionados que se adquieren desde la infancia. Éstos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.

El cuidado se entiende como una preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Cuando falta tal preocupación activa, se concluye que no hay amor en la pareja.

El cuidado y la preocupación implican otro elemento de las relaciones sanas: el de la responsabilidad. Hoy en día se suele usar ese término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior. Pero la responsabilidad, en su verdadero sentido, es un acto enteramente voluntario, constituye la respuesta a las necesidades, expresadas o no, de otro ser humano. Ser “responsable” significa estar listo y dispuesto a “responder”.

La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer componente de las relaciones sanas, el respeto. Respeto no significa temor y sumisa reverencia, denota la capacidad de ver a una persona tal cual es y tener conciencia de su individualidad única. Respetar a alguien es querer que la persona amada crezca y se desarrolle por sí misma, en la forma que le es propia, y no para servirme.

Respetar a una persona sin conocerla, no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento. El conocimiento estaría vacío si no lo motivara la preocupación. Hay muchos niveles de conocimiento, el que constituye un aspecto del amor sano no se detiene en la periferia, sino que penetra hasta lo más profundo.

El antídoto

El antídoto de las relaciones tóxicas es resultado de ver al amor no sólo como una relación personal, sino como un rasgo de madurez que se manifiesta en diversas formas: amor erótico, amor fraternal, amor filial, amor a uno mismo, etcétera. El amor no es algo pasajero y mecánico, como a veces nos induce a creer la sociedad de hoy. Muy al contrario, el amor es un arte, el fruto de un aprendizaje construido a lo largo de la vida. Por ello, si queremos aprender a amar, debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte (con su parte teórica y práctica), ya sea música, pintura, carpintería o el arte de la medicina (Fromm, 2007).  

Referencias

  • Canary, D. y Dainton, M. (2009). Maintaining Relationships. Los Angeles: SAGE.
  • Cortés Arboleda, M.R. (2007). Adaptación de la pareja, conflictos matrimoniales y problemas de conducta de los hijos. Madrid: Pirámide.
  • Dishion, T. (1990). The peer context of troublesome child and adolescent behavior. Newbury Park, CA: Sage.
  • Fromm, E. (2007). El arte de amar. México: Paidós.
  • Grych, J., Raynor, S. y Fosco, G. (2004). Family processes that shape the impact of interparental conflict on adolescents. Development and Psychopathology, 16, 649–665.
  • Maker, A., Kemmelmeier, M. y Peterson, C. (1998). Long-term psychological consequences in women of witnessing parental physical conflict and experiencing abuse in childhood. Journal of Interpersonal Violence, 13, 574-589.
  • Oudererk, B., Blachman-Demner, D. y Mulford, C. (2014). Teen dating violence: How peers can affect risk & protective factors. Washington, DC: U.S. Department of Justice.
  • Stafford, L. (1994). Communication and relational maintenance. San Diego: Academic Press.

¿Qué dice la aplicación que uso para ligar de mí?

Por Ana Lorena Gómez Cepeda

Hoy en día el internet es parte elemental de la vida de las personas. Las redes sociales son el método principal por el que las personas se comunican y se vinculan hoy en día es a través de las redes sociales. Una de las maneras más populares hoy en día para conocer a posibles parejas románticas es a través de las aplicaciones para ligar y las citas en línea. Actualmente, millones de personas alrededor del mundo buscan crear una conexión con otra persona a través de una aplicaciones. 

Hace muchos años se empezó a través de páginas de internet las citas en línea, estas páginas a través de un análisis de las características y los gustos de los perfiles hacían recomendaciones de posibles personas que les podría interesar. Sin embargo, desde el 2012, la forma de ligar cambió drásticamente cuando se empezaron a usar las aplicaciones donde de manera anónima puedes decidir si una persona te interesa o no. Cuando se empezaron a hacer investigaciones sobre los usuarios que usan actualmente las citas en línea y los que usan las aplicaciones para ligar, descubrieron que la mayoría de estos primeros tenían más de 25 años, mientras que los que usan más las aplicaciones están entre los 16 y los 24, aún cuando el objetivo de esta es para mayores de edad (Gatter & Hodkinson, 2016). 

En cuanto a las aplicaciones hay dos que son las que están liderando el mercado, estas son Tinder y Bumble. De modo que, este primero nace en 2012 dándoles la opción de elegir si uno le interesa o no con solo un movimiento. De igual forma, esta abrió la venta a permitir rechazar a personas de manera anónima (Gatter & Hodkinson, 2016). Dos años después, nace la aplicación de Bumble, la cual se categorizó como una aplicación feminista, dado que le da el poder a las mujeres de iniciar la conversación (Bivens & Shah, 2018). Estas aplicaciones revolucionaron la forma en las que las parejas se conocen hoy en día e hicieron que las conexiones estén a un click de distancia. 

Sin embargo, el hecho de que la mujer le hable primero al hombre no es la única diferencia que tienen estas dos aplicaciones. La principal diferencias de estas dos, es que Tinder es usada mucho más para relaciones casuales que muchas veces solo buscan tener relaciones sexuales una noche. Mientras que, Bumble lo utilizan las personas que normalmente buscan tener relaciones más formales de pareja. Asimismo, en cuanto a usuarios Tinder tiene dos veces más hombres que mujeres, mientras que Bumble tiene un 50/50 de usuarios (Shabsove, 2019). 

Por lo mismo, se han creado la fama ambas aplicaciones donde una es más casual y busca cosas para una noche, mientras que los usuarios de la otra buscan relaciones más estables. Cada día surgen más aplicaciones de este estilo y hay que entender su objetivo, el mensaje que transmiten y cómo funcionan. Es importante tener en mente porque cada día este método para conocer personas es mucho más común. 

Referencias:

Bivens, R, & Hoque, A.S. (Anna Shah). (2018). Programming sex, gender, and sexuality: Infrastructural failures in the “feminist” dating app Bumble. Canadian Journal of Communication, 43(3), 441–459. doi:10.22230/cjc.2019v44n3a3375

Gatter, K., & Hodkinson, K. (2016). On the differences between Tinder™ versus online dating agencies: Questioning a myth. An exploratory study. Cogent Psychology, 3(1). Recuperado de https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/23311908.2016.1162414?scroll=top&needAccess=true 
Shabsove, M. (2019). 10 Brutal Differences Between Bumble And Tinder. Recuperado 24 febrero, 2020, de https://www.narcity.com/dating/10-brutal-differences-between-bumble-and-tinder

Lo que nadie te dice sobre las pastillas anticonceptivas…

Por: Alejandra Danel

Casi todas las mujeres alguna vez hemos escuchado sobre los anticonceptivos hormonales. Sabemos que existen las pastillas, el parche, el implante, la inyección… En fin, sabemos que tenemos mucho de dónde escoger.

7 efectos secundarios de dejar las pastillas anticonceptivas - Imagen 1

Hace cinco años decidí junto con mi pareja intentar alguno de estos métodos, y el más sencillo supusimos que eran las pastillas: son fáciles de conseguir, no son muy caras y te las tomas todos los días (lo cual para mí es más fácil que estar cambiando, por ejemplo, un parche o un anillo). Ambos quisimos empezar a cuidarnos de esta forma y fue por eso que comencé a ir con una ginecóloga, muy recomendada por cierto. Al momento de la consulta me evaluó, y me dijo que sin ningún problema podía tomar anticonceptivos hormonales, y me prescribió unas pastillas en específico: dijo que esas eran las mejores para mí. Cuando abrí el paquete me llamó mucho la atención que prácticamente cada pastilla era de un color diferente: unas amarillas, otras azules, otras blancas, etc., y nadie (ni mi ginecóloga) me explicó para qué era cada una o simplemente por qué eran de diferentes colores. Con todo y las dudas, empecé a tomarlas y continué el tratamiento por un año. Después mi ginecóloga decidió que mejor las cambiara por otra marca (tampoco explicó por qué). Evidentemente debido a su expertiz le hice caso y seguí el tratamiento aproximadamente por dos años y medio más.

En todo este tiempo empecé a ver cambios en mi cuerpo: subí de peso, mi periodo era igual o más abundante que antes de comenzar el tratamiento (supuestamente las pastillas ayudan a reducir la cantidad de flujo), había meses en los que me bajaba 4 días y otros en que me bajaba hasta 8 o 9, tenía ganas de comer todo el tiempo (no era hambre, eran ganas de comer), estaba sin energía 24/7, y los cólicos seguían igual (también supuestamente las pastillas ayudan a que los cólicos no sean tan fuertes). En el momento que me di cuenta de todo esto decidí cambiar de ginecóloga, sentía que me estaba viendo la cara y rara vez contestaba mis dudas cuando se las hacía. Esta nueva doctora me volvió a cambiar la marca de pastillas (también sin explicarme la razón) y con estas nuevas me bajó 30 días seguidos. No era normal. 

Cada vez que le preguntaba a mi doctora ella contestaba que “mi cuerpo se está acostumbrando, no pasa nada”. Después de unos meses me recetó otras nuevas porque “mi cuerpo ya no estaba reaccionando bien a las anteriores”, por lo que nuevamente le hice caso a su experiencia y las cambié. 

¿Tienes idea de la cantidad de hormonas que estaban dando vueltas por todo mi cuerpo? ¿Tienes idea de los efectos que esto tuvo en mi estado de ánimo? ¿Por qué nunca obtuve respuesta para todas mis dudas?

Con todo esto, solamente he hablado de cambios físicos que mi cuerpo tuvo durante el proceso, pero eso no fue lo peor… Mi estado de ánimo durante el tratamiento (tres años y medio) estuvo MUY grave. Todo el tiempo estaba sensible, de mal humor, lloraba por todo y literalmente me peleaba con mi pareja un día sí y un día no. Además, mi deseo sexual estaba por los suelos. Ya nunca tenía ganas ni de darle un beso, y cada vez que él intentaba algo yo le decía que no quería y ponía cualquier pretexto: no quería ni tocarlo, lo cual evidentemente empezó a verse reflejado en nuestra relación. Queríamos buscar la solución a nuestras diferencias y nada funcionaba por más que intentáramos. Para los dos estaba siendo un proceso mucho más complicado de lo que habíamos imaginado, y fue muy desgastante. Ah, pero eso sí, teníamos sexo sin condón porque “#SeSienteMejor”. 

¿Realmente valía la pena estar el 90% del tiempo enojada con él (y obvio él conmigo) y el otro 10% teniendo sexo sin condón porque “#SeSienteMejor”? DEFINITIVAMENTE NO. 

En un momento dado tuve una pelea fuerte con mi pareja, y él mencionó que tal vez estos malos humores, arranques y sensibilidad excesiva podrían ser resultado de las pastillas y me preguntó si no prefería dejar de tomarlas. Sin pensarlo dos veces le dije que sí, que ya no quería tomarlas. Tuvimos toda una conversación al respecto y como pareja decidimos que tal vez deberíamos darle un descanso a tanta hormona, y las dejé de tomar… ¿Y qué crees? SANTO REMEDIO.

Y con todo este rollo… ¿Cuál es el punto? Te lo cuento para que te informes sobre lo que te estás metiendo al cuerpo, y decidas cuál es la mejor opción para ti. Pregunta y exige una respuesta. Definitivamente tomar hormonas es desgastante porque el cuerpo tiene que recibirlas y asimilarlas como propias, entonces es todo un proceso. Hay personas que tienen que tomar anticonceptivos hormonales por cuestiones médicas, por ejemplo como tratamiento para el acné u ovarios poliquísticos, lo cual es completamente normal y válido pero eso no le quita los efectos secundarios, y no dejan de ser hormonas ajenas a las que produce el cuerpo. Ningún tratamiento vale la pena si no estás siendo tú misma. Es DE FLOJERA no sentirte tú, estar enojada TODO el tiempo, y que no te caliente ni el sol (en todos los sentidos…). Yo ni siquiera podía verme en el espejo, me odiaba a mí misma por ser tan enojona y creía que era un problema totalmente mío y no lo era.

Disfrutar de tu vida sexual con tu pareja no implica que tengan sexo sin condón. El placer va mucho más allá: empieza por siquiera tener el deseo, cosa que yo perdí por completo en el transcurso del tratamiento. Ahora llevo ya un año y medio sin tomar pastillas, y con toda seguridad puedo decir que es la mejor decisión que he tomado, y mi relación con mi pareja y conmigo misma está mejor que nunca.

Por favor infórmate y la decisión que tomes hazla por ti, porque es lo que a ti te conviene. Si no te sientes segura de tomar anticonceptivos hormonales no lo hagas, y si notas algún efecto que no consideres normal, SIEMPRE consúltalo con tu médico.

¿Poliamor?

POR SILVANA MENDOZA

Últimamente estamos escuchando distintas formas de tener una relación amorosa y sexual. Tal vez has escuchado del poliamor y te preguntes: ¿de dónde salió o por qué está de moda? Existen distintos tipos de relaciones no monogámicas, dentro de las cuales se encuentra el poliamor, el cual tiene distintas modalidades. Te dejo una imagen del educador sexual y activista, Franklin Veaux, para que te quede más claro.

Por qué se habla tanto de poliamor

Giazú Enciso fue de las primeras en hablar del tema. Ella nos cuenta que hay registros de esta práctica desde la prehistoria, así que realmente no es nada nuevo. Sin embargo, fue en 1990 cuando se le dio el nombre de “poliamor”.

Entonces, ¿qué es el poliamor?

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Para comenzar, hablemos de “la utopía colectiva”. De acuerdo con Coral Herrera, es esta idea dentro de nuestra sociedad de lo que una persona en la pareja debe aportar a la relación: estabilidad, novedad, seguridad, misterio, confianza, diversión, ser el/la mejor amante, etc. Todo esto, va ligado al sueño del “amor romántico” que a todos nos han enseñado que debemos encontrar y nunca dejarlo ir. Hay quienes piensan que el amor no tiene que estar restringido a una sola persona, sino que se puede amar a varias personas. Las personas que se consideran poliamorosas, no quieren “atrapar” a su pareja, sino estar en libertad.

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El poliamor consiste en tener relaciones románticas y/o sexuales con otras personas siempre y cuando exista un acuerdo entre la pareja. Existen distintos tipos:

  • Poliamor jerárquico: una pareja tiene prioridad sobre las demás.
  • Poliamor no jerárquico: no hay una relación principal.
  • Polifidelidad: un grupo poliamoroso que no permite la admisión de otra persona sin el consentimiento de todos.
  • Polisoltería: evitan cumplir con el modelo convencional de las relaciones.
  • Poliamor abierto: se tiene la posibilidad de añadir relaciones.
  • Relaciones poli-mono: uno en la pareja es monógamo y el otro poliamoroso.
  • Relaciones con unicornios: una pareja heterosexual que busca una relación con una persona poliamorosa.

¿Cuáles son las reglas?

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Como siempre, las reglas en las relaciones amorosas y sexuales van a depender de cada pareja, trío, o cualquier número de personas dentro de la relación. Sin embargo, se tienen algunas normas generales para el poliamor. Algunas de ellas son la honestidad y que no existan relaciones secretas. (Poliamor Madrid)

Sé que saltan muchas dudas al respecto como ¿qué pasa con los celos? ¿cómo es el sexo? Poliamor Madrid refiere que una forma de trabajar los celos en este tipo de relaciones es el conocer al amante o pareja de tu pareja, actualizar y establecer nuevas reglas, y siempre mantener una comunicación abierta y honesta. En cuanto al sexo, se ve en un segundo plano, lo importante y el centro de las relaciones poliamorosas, es el amor y la intimidad emocional.

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Entonces, ¿esta práctica es para todos? Primero debes pensar si una relación no monógama es lo que realmente quieres. Tienes que conocer tus límites, ser honesto, establecer acuerdos y normas, y respetar a tus parejas y su privacidad.

Referencias

Aldana, A.L. (2018). Del poliamor y otros demonios. Maguaré, 32(2), pp. 185-198

Redacción El Heraldo SLP. (15 mayo 2017). Poliamor: ¿qué es y qué tipos de relaciones poliamorosas hay? El Heraldo de San Luis Potosí. Recuperado de: http://elheraldoslp.com.mx/2017/05/15/poliamor-que-es-y-que-tipos-de-relaciones-poliamorosas-hay/

Poliamor Madrid. (sf) Pero… ¿qué es eso del poliamor? Dudas y preguntas frecuentes. Poliamor Madrid. Recuperado de: https://poliamormadrid.org/pero-que-es-eso-del-poliamor-dudas-y-preguntas-frecuentes/

Seco, R. (27 enero 2019). Por qué se habla tanto de poliamor. El País. Recuperado de: https://elpais.com/elpais/2019/01/22/ideas/1548152386_924628.html

@animalmx. (7 octubre 2019). 12 cosas que me hubiera gustado saber antes de entrarle al poliamor. Grupo Animal Mx. Recuperado de: https://animal.mx/2019/10/poliamor-que-es-cdmx-relaciones/

El amor en la palma de tu mano: redes sociales, una nueva concepción de relación.

Por: Mariana Beddoe, 2019.

Todos conocemos a algún amigo o amiga que ha descargado Tinder, Meetic, Grindr, Badoo, o alguna otra de estas aplicaciones que se han hecho famosas por permitir que la gente ligue y consiga encuentros sexuales con otra persona de manera casi instantánea. 

En algunos círculos sociales es bien visto y apoyado que la gente busque una relación o interacción por medio de redes sociales, pero en muchos otros es desaprobado; mucho de esto tiene que ver con el bagaje cultural que tenemos y con la diferencia de edades y de ideas que nos sitúan en un contexto y época diferente, donde predominaban ciertos valores y cierta forma de educación, por lo que platicarle a nuestro padre o a nuestra abuela que tendremos una cita con alguien que jamás hemos visto cara a cara y que no conocemos más que por medio de una descripción de 120 caracteres y una foto que puede o no ser real, la respuesta que obtendremos puede no ser de aprobación. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de relaciones a través de redes sociales?, es decir, ¿qué se pierde o que se adhiere a esta nueva forma de interactuar?. 

Las redes sociales han abierto un mundo nuevo para la comunicación que permite el intercambio instantáneo de todo tipo de contenido como información personal, fotos, mensajes, vídeos, contactos, etcétera. Han creado una nueva perspectiva para sobrellevar las relaciones de todo tipo, tanto laborales, como amistosas, románticas, familiares o sexuales (Guerrero, 2017). 

En el tema de las relaciones amorosas y sexuales, siguiendo a Liébana (2015), el uso de nuevas plataformas como Facebook, Whatsapp, Instagram, Tinder y muchas otras, han modificado la manera en que la gente se conoce, interactúa y también el encuentro cara a cara y todo lo que viene después de esto, ejerciendo una clara transformación en cómo se viven las relaciones hoy en día en comparación con como habíamos sido educados a vivirlas de acuerdo a los recursos y el contexto de otras épocas; sin embargo, también han marcado una línea importante en la forma de pensar acerca de los sentimientos, las relaciones románticas y la sexualidad.

De acuerdo a Mc. Luhan (1964) citado en Laborda (2005), el hombre siempre ha tenido la necesidad de comunicarse con los demás y de expresar sus ideas y sentimientos; de manera que cuando aparece un nuevo medio de comunicación se crea una extensión de nuestros sentidos que promueve un cambio en la forma de percibir la realidad y por ende de relacionarnos con otros. Siguiendo a Laborda (2005), la comunicación digital ha creado cambios formales en la comunicación en las relaciones interpersonales. 

Uno de los cambios que implican las redes sociales, de acuerdo a Caldevilla (2010) citado en Laborda (2005), tiene que ver con la suplantación de la identidad que permite aislarte de la realidad y mostrarle a ese nuevo mundo lo que te gustaría ser, de manera que podría pensarse que las plataformas ofrecen una oportunidad de vivir en una fantasía. Es por esto que es mucho más sencillo encontrar en Facebook o en Twitter opiniones crudas que parecen no tener ningún filtro o censura, y esto es porque la fantasía permite que la gente no tenga miedo a expresarse y demostrar quién es porque no existe un concepto de castigo o consecuencia concreto, ya que para cada quien esto es subjetivo. Esto puede llegar a poner en peligro a las personas ya que se puede perder la noción del “bien y el mal” y de lo peligroso que puede ser interactuar de manera tan abierta o libre con alguien que puede ser quien dice ser o puede no serlo en realidad. 

Según Moscato (2014), la popularidad de aplicaciones como Tinder y LovePalz o Frebble, entre otras, se debe a que permiten conocer gente sin la presión o el juicio de estar en una cita como tal. Muchas de estas aplicaciones buscan también resolver el problema de las relaciones a distancia e incluso se han creado aplicaciones específicas para parejas homosexuales que buscan satisfacer necesidades específicas de cada “tipo de relación”, según se sabe de acuerdo a la cultura. 

Las redes sociales han facilitado mucho el contacto e interacción, porque permiten mostrarse con más libertad ante otros, expresarse sin temor al juicio, explorar una interacción sin compromiso y con la idea de que no es “tan formal” o de que “puede terminar cuando sea sin implicaciones reales”, obtener placer o satisfacción de una manera inmediata si es lo que se busca, la liberación en la forma de vivir la sexualidad y proteger la intimidad individual resguardando las emociones. Sin embargo, debajo de todas estas características que marcan gran parte de nuestra cultura en las que buscamos obtener todo con inmediatez, se esconden elementos de los que poco se habla y mucho se fomenta mantenerlos ocultos (Liébana, 2015). 

La inseguridad, por ejemplo, de acuerdo a Espinoza (2015), es un aspecto que se esconde debajo de esta nueva interacción por medio de las plataformas que permiten alterar nuestras fotos con filtros y herramientas que nos quitan “imperfecciones” según nuestro punto de vista o nos recortan de alguna forma específica que da un buen ángulo en la foto o incluso adelgazan o modifican de alguna forma que buscamos nuestra cara o nuestro cuerpo. Esto, deja que mostremos en este mundo de fantasía quienes queremos ser y cómo nos gustaría vernos. Todos en algún momento hemos escuchado una anécdota de alguien que tuvo una cita “a ciegas” y cuando se encontraba cara a cara con la persona esta no era como parecía en sus fotos, de manera que existe un engaño que lastima al otro, quien probablemente no buscaba una relación basada en mentiras y tenía otra idea de la interacción que estaba teniendo por medio de las redes sociales. 

https://gph.is/g/ZxWXvNa

Si bien, todo parte de la inseguridad de cómo conformamos nuestra imagen y nuestra identidad y todos los juicios que hemos formado de nosotros mismos con base en la cultura que nos dice lo que está bien y lo que está mal, tal y como: ser gordita, ser bajita, ser morena y tener el cabello pintado de color rubio, tener cejas muy anchas o muy delgadas, manos grandes o manos pequeñas, lunares en la cara o verrugas en el cuello, orejas grandes o pequeñas, etcétera. Nuestro contexto nos guía a buscar cómo mostrarnos ante el mundo según lo que este parece esperar de nosotros, pero las redes sociales siguen siendo un elemento que nos pone en contacto con todas las tendencias de moda y todas las tendencias que son rechazadas. 

Un estudio de la Universidad de Michigan demostró que mientras más tiempo pasaban las personas en Facebook peor se sentían después. Psicólogos de la Universidad de Guelph en Canadá sugieren que el uso de Facebook no solo contribuye a la comunicación de la pareja, sino que también estimula el comportamiento celoso a un nivel obsesivo (Infobae, 2011). Así mismo, un estudio de CyberPsychology and Behavioral Journal menciona que se han contabilizado 28 millones de rupturas, las cuales le adjudican la culpa a plataformas como WhatsApp o Facebook (Laborda, 2005). 

Definitivamente, las redes sociales implican una nueva concepción de las relaciones porque permiten expresar gustos, experiencias, opiniones e identidades según los límites con los que cada quien se identifique, de manera que para unas personas es válido y sencillo compartir información de su vida personal y familiar y para otros puede que las redes sociales sean únicamente para estar en contacto con amigos que ya se conocía de tiempo atrás o para compartir información superficial de su vida sin dar cuenta de la parte íntima y profunda. 

Las nuevas plataformas digitales facilitan la comunicación con personas cercanas, grupos, desconocidos o conocidos de nuestros conocidos. Permiten estar en contacto con los demás de manera permanente, con tan solo apretar un botón. Resulta sencillo saber si alguien está en línea, si ha visto tu mensaje, si cambió su foto de perfil, si ha agregado a nuevas personas como amigos, si ha dado un like o ha publicado algo, si se fue de viaje, si ya ha leído tu mensaje, entre muchas otras modalidades, según la aplicación que se descargue. 

Poder conocer tanto acerca del otro, según Estébanez (2012), favorece estar sobreinformado de la vida de la otra persona, tanto como él decida compartir, pero también abre la posibilidad de ejercer cierto tipo de vigilancia y control. De este punto es que los celos emergen y son un aspecto que va a mediar la interacción a partir del uso que hagamos de las plataformas digitales y de qué tanto queramos buscar sobre la actividad que tenga nuestra pareja y de qué tanto el otro acepte que hagamos esto.

Existen parejas que están de acuerdo con poder revisar el celular del otro e indagar en todas las aplicaciones, otras que concuerdan con que su pareja entable conversaciones con personas que no conoce pero que ha conocido por medio de las redes sociales, algunas que sí se molestan si el otro o la otra le da likes a publicaciones de personas del sexo opuesto, entre muchos otros acuerdos que se van generando a partir de que la interacción progresa y la relación se va estableciendo. 

Aún cuando la relación no se ha generado por las redes sociales, ambas personas se encuentran inmersas en la cultura que nos impone hacer uso de estas para mantenernos en contacto con el mundo, de manera que de una u otra forma, las plataformas digitales se introducen en la vida de la pareja y en todo tipo de relaciones generando cambios ante una nueva forma de vivir esta relación donde habrá muchos acuerdos que establecer, ya sea de forma explícita e implícita (Laborda, 2005). 

Sin embargo, una relación que se ha generado por medio de una aplicación deja muchos aspectos románticos de lado que se generan de una forma distinta a través de las redes sociales, es decir quizá la persona ya no le lleve rosas pero le mande emoticones de rosas que suplen este gesto romántico y que lo transforman en un gesto que genera satisfacción inmediata pero que, así como aparece de forma rápida desaparece también. Siguiendo a Espinoza (2015), el compromiso que se le imprime a una relación por medio de una plataforma es diferente al que se genera cuando conoces a alguien en un café y sientes que es el amor de tu vida, quizá la etapa de coqueteo dure más o menos tiempo pero probablemente mientras te escribe a ti puede escribirle también a otra persona, de forma que es difícil tener idea de las reglas con las que se juega, aunque a la larga puede que esa persona termine siendo tu pareja y establezcas acuerdos con los que ambos estén cómodos. Las plataformas digitales ofrecen el acceso a un catálogo de personas con las que podemos experimentar y aprender aspectos que nos gustan o disgustan en una relación de pareja, algo que antes, no se tenía puesto que el cortejo y coqueteo se resumía a las personas con las que estuvieras en contacto día a día. 

El sociólogo Zygmunt Bauman habló del concepto de “modernidad líquida” haciendo referencia a una etapa de la vida donde “el ritmo del cambio tiene a ser demasiado rápido y la velocidad con la que los nuevos fenómenos aparecen en la conciencia y desaparecen de la vista, impidiendo que la experiencia se solidifique en actitudes y pautas vitales,  en valores y visiones del mundo duraderas de una generación” (Bauman, 2009, p. 80). 

Bajo este esquema de pensamiento podemos intentar comprender cómo digitalizar las interacciones nos hace pensar y vivir rápidamente el romance, los sentimientos e incluso la sexualidad, promoviendo la idea de que hoy pases la noche con alguien de Tinder, pero mañana quizá con alguien de Bumble o cómo puedes iniciar una relación hoy con alguien que conociste en Facebook pero cómo mañana puede terminar esta por una ruptura del acuerdo de no hablar con otros hombres por WhatsApp. 

El amor se encuentra disponible en la palma de nuestra mano, ya que con solo un par de botones podemos encontrar a una persona dispuesta a buscar una relación, una cita o un encuentro sexual. 

Desgraciadamente, es difícil que podamos conocer lo que el otro quiere piensa o busca en tan solo unas horas de interacción y esto se complica cuando decidimos involucrarnos en algún tipo de relación (formal o informal) con esa persona a quien conocimos por Facebook o Instagram sin saber nada de su vida; los problemas aparecen cuando comenzamos a ver que cada quien tiene una idea diferente de cómo llevar una relación y de qué tanto se vale o permite que las redes sociales se inmiscuyen en esta. 

La tecnología hace más fluida la interacción aunque con el riesgo de que sea menos estable o duradera. La información y la comunicación se genera de forma casi instantánea y, según Chong (2012), el mundo de hoy está enfocado a la movilidad y la individualidad y en la dicotomía de la modernidad líquida que postula que aún cuando millones de personas se hallan conectadas a una gran plataforma virtual, siguen siendo extraños unos respecto a otros. 

Pueden ver más sobre este tema en este Ted Talk de Sherry Turkle, quien  habla de  cómo nuestros dispositivos y personas en línea están redefiniendo la conexión y la comunicación humana, haciendo una reflexión sobre los nuevos tipos de conexión que queremos tener.

Referencias:

  • Bauman, Z. (2009). Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. 
  • Chong, J. (2012) Urban Mobility & The Future City. Tesis de Seminario de Proyecto. Tomado el 01 de mayo de 2014, de http://jeanettechong.com/urbanMobility.html
  • Espinoza, J. (2015). Reconfigurando el amor: Mediación tecnológica y relaciones afectivas. Reviesta Question Académica. Vol. 1, Nº 45
  • Estébanez, I. (2012). Del amor al control a golpe de click! La violencia de género en las redes sociales. Ponencia presentada en Jornadas Violencia en género de dudas.
  • Guerrero, M. (2017). Tinder y la toma de decisiones: entre las relaciones, contextos e imaginarios de belleza. Santiago de Cali: Universidad ICESI. 
  • Giddens, A. (1999). Experimentos cotidianos, relaciones, sexualidad en la transformación de la intimidad. Madrid, Cátedra. 
  • Giddens. A. (1998). La transformacion de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid, España: Ediciones Cátedra. 
  • Laborda, G. (2005). Tecnologías, Redes y Comunicación Interpersonal. Efectos en las formas de la comunicación digital. pp. 101-116.
  • Liébana, C. (2015). El Appmor: El fin del cara a cara en las relaciones personales. 
  • Moscato, L. (2004). Tinder, la aplicación de moda para conocer gente a un clic de distancia (en línea). Disponible en: <http://www.lanacion.com.ar/1654653-tinder-la-aplicación-de-moda-para-conocer-gente-a-exual un clic-de-distancia>.